Bloom sobre Poe

Edgar Allan Poe es un best-seller de todos los tiempos, aún más popular internacionalmente que en el mundo de habla inglesa. A mi juicio, Poe fue, casi siempre, un poeta muy malo, un crítico incompetente y un estilista en prosa tan espantoso que sus relatos se leen muchísimo mejor traducidos. Un juicio así es, qué duda cabe, impopular, porque Poe es una referencia ineludible. Siempre estará ahí, y siempre ejercerá una influencia enorme en escritores muy superiores a él, incluidos Dostoievski, Borges y todos los poetas franceses, de Baudelaire a Valéry. No deja de ser una ironía que Poe sea el autor americano más leído en el extranjero, donde supera incluso a Mark Twain, Walt Whitman y William Faulkner.

En 1984 publiqué, en The New York Review of Books, una reseña sobre la edición de la obra de Poe, en dos volúmenes, en The Library of America. Ese ensayo puede encontrarse como introducción a mi primer volumen en Chelsea House, Edgar Allan Poe: Modern Critical Views(1985). Si lo señalo es por la avalancha de reacciones airadas que provoqué, entre otras las denuncias de la Poe Society lanzadas por la emisora National Public Radio. Poe es, en cierto modo, una vaca sagrada, y tal vez debamos permitirle que muja en paz.

HAROLD BLOOM, El futuro de la imaginación, Anagrama, Barcelona, 2002, traducción de Daniel Najmías, págs. 63 y 64.