Borges y Bioy Casares sobre Juan Ramón Jiménez y Gabriela Mistral

Jueves, 25 de octubre [de 1956]. Borges me dice: "Le dieron el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez". BIOY: "Qué vergüenza...". BORGES: "...para Estocolmo. Primero a Gabriela, ahora a Juan Ramón. Son mejores para inventar la dinamita, que para dar premios". BIOY: "De cualquier modo, Juan Ramón es mucho mejor que Gabriela Mistral. Los malos poemas de Juan Ramón son malos; pero los mejores son bastante buenos. Gabriela Mistral no ha escrito ningún poema bastante bueno. ¿Te acordás del artículo que íbamos a escribir sobre Juan Ramón? Tendría unas erratas: en una línea el nombre aparecería como Juan Jabón, en otra como Juan Jamón, en otra como Juan Ratón. Al final se desenmascaraba la conspiración y, en la última línea, de desagravio, se lo llamaba Juan Jarrón".

Sábado, 27 de octubre. [...] Hablamos del Premio Nobel. Borges está hoy mejor inclinado hacia Juan Ramón Jiménez: "Qué bien lo que dijo: "El Premio Nobel me llena de tristeza. Mi mujer está muy enferma". Qué bien que dijera una frase llana: "me llena de tristeza". Todo se hubiera ido al diablo si hubiera procedido como escritor y si hubiera dicho "me puebla de tristezas" o algo así". Borges recuerda que hablaba mal de casi todos sus compatriotas: "Decía: "No se podía visitar a Pérez de Ayala. Tenía la casa adornada con jamones y chorizos", o: "No se podía visitar a Azorín. Tenía en la mesa de luz un cenicero con un Quijote de metal, de cincuenta centímetros de alto", o: "En casa de Antonio Machado no pude sentarme en la silla que éste me ofrecía porque en ella había quedado olvidado, de varios días probablemente, un huevo frito". Hoy murió Zenobia, la mujer de Jiménez.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 232 y 234.