Delibes sobre Lezama Lima

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS: En nuestro país, “el boom sudamericano” está produciendo un cierto complejo de inferioridad. ¿Te parece suficientemente justificado?
MIGUEL DELIBES: No creo que exista tal complejo; yo al menos no me siento acomplejado. Para mí importa la lengua en literatura, no los nacionalismos. Y que surjan unas brillantes figuras en literatura castellana en América del Sur constituye un motivo de satisfacción. De otra parte, el fenómeno no es nuevo. Dejando en paz a los muertos, creo que ni Borges, ni Carpentier, ni Mallea, ni Alegría son chicos ni eran ayer desconocidos. Se han alzado sobre una base.

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS: Tanto en tradición literaria como en mercado.
MIGUEL DELIBES: Naturalmente. Lo que ocurre es que la aceleración histórica afecta a todo por igual. La avidez de conocimientos es mayor hoy y de ahí que los talentos, las obras de los talentos, se difundan en la actualidad con mayor rapidez. En otro orden de cosas, entiendo que parte de la narrativa americana se está perdiendo en mera palabrería, eufónica tal vez, pero hueca y sin sentido. Procede, pues, distinguir. Rulfo, Vargas, Márquez, Cortázar en sus cuentos, y otros, poseen un talento indiscutible, pero hay otros que se creen originales y no lo son. El crítico venezolano Manuel Pedro González se está cansando de decírselo: “¡Ojo! Todo esto que estáis “inventando” ya estaba en Joyce”.

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS: Aparte la originalidad, ¿por qué otra razón no les encuentras válidos?
MIGUEL DELIBES: Algunos han creado una neorretórica asfixiante, en ocasiones de una pedantería insufrible. Hablo como lector. Paradiso, por ejemplo, Paradiso es una selva virgen. Leer Paradiso supone para mí un esfuerzo inmenso y en modo alguno compensador.

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS: ¿Te costó leer Ulises?
MIGUEL DELIBES: También me costó, pero Joyce fue el que puso el cascabel al gato.

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS: Lo cual prueba tu sinceridad. Hace poco un crítico y un novelista joven me reconocían confidencialmente que en sus lecturas de Paradiso no habían conseguido avanzar más que unas cuantas páginas.
MIGUEL DELIBES: Ayer te dije que la novela no puede ser ya un mero esparcimiento, y sigo en mis trece; pero ello no significa que debamos sustituirla por rompecabezas. A mí si una novela no me atrae, la dejo. Con Carpentier, con Vargas, con Márquez o con Rulfo no me ocurre esto. De manera que al hablar de literatura sudamericana vamos a hacer, si te parece, lo de siempre: poner a un lado el grano y, al otro, la paja.  

CESAR ALONSO DE LOS RÍOS, Soy un hombre fidelidades: conversaciones con Miguel Delibes, La Esfera de los Libros, Madrid, 2010, págs. 128 y 129.