Este año no sólo la nueva adjudicación de ese premio ha estado teñida de polémica, sino también la del "mejor dotado". En el primero, el presidente del jurado, Caballero Bonald, hizo expreso su voto contrario a la novela ganadora, a la que tildó de "ideológicamente detestable". Desde mi punto de vista literario, eso no sería por fuerza un factor que invalidara la calidad del libro. Leo, sin embargo, en el diario El Mundo, ideológicamente próximo al autor premiado (un locutor de la radio episcopal), que éste, "según el registro editorial legal, ha publicado, entre 2004 y 2005, la insólita cantidad de veintisiete obras (algunas de considerable volumen)". Veintisiete. Más de una al mes, se darán cuenta. Como yo llevo publicando desde los diecinueve años de edad, y sé lo que cuesta escribir un solo libro que uno juzgue aceptable -y uno es su juez más benévolo-; y como sé asimismo el tiempo que lleva teclear páginas, aunque se esté sólo copiando -pasando a limpio-, sólo me cabe pensar en tres opciones: o el nuevo Premio Torrevieja tenía los cajones abarrotados de textos viejos, redactados a lo largo de una no corta vida, que los editores del país han decidido publicarle al unísono tras decenios de rechazárselos; o bien es un prodigioso caso de dedos rápidos y hay que llevárselos sin tardanza a los laboratorios, así como convencerlo a él para que los done en su día al Museo de las Ciencias; o bien no escribe solo sus piezas, que a este paso dejarán pálido al Tostado. Sea como sea, lo que sé es que no perderé el tiempo con una novela quizá escrita a la vez que otros veintisiete libros, por muy dotada que esté, económicamente hablando.
JAVIER MARÍAS, fragmento de Vida y muerte literarias, artículo incluido en Demasiada nieve alrededor, Alfaguara, Madrid, 2007, págs. 120 y 121.