Este resumen de las que juzgo mejores interpretaciones de su obra, no estaría completo sin las críticas negativas de dos importantes novelistas: André Malraux y Albert Camus. El primero, en un artículo de 1920, piensa que Maldoror posee un “sadismo infantil, un baudelerismo de empleado de ferrocarriles”. Y Albert Camus en 1951: “El conformismo es una de las tentaciones nihilistas de la rebelión que domina una gran parte de nuestra historia intelectual. Muestra en todo caso cómo el rebelde que pasa a la acción, si olvida sus orígenes, es tentado por el mayor conformismo. Esto explica que en el siglo XX, Lautréamont, saludado habitualmente como el cantor de la rebelión pura, anuncia, por el contrario, el gusto por la servidumbre intelectual que florece en nuestro mundo”.
ÁNGEL PARIENTE, fragmento del prólogo a Los cantos de Maldoror, de Lautréamont, Pre-Textos, Valencia, 2000, págs. 17 y 18.