Senabre sobre Javier Marías

Negra espalda del tiempo rehúye cualquier clasificación: no es una novela -a no ser que se tenga un concepto amplísimo del género- , pero contiene numerosos pasajes narrativos con acciones y personajes; no es un libro de memorias, si bien los recuerdos personales y hasta las alusiones ásperas e inclementes constituyen parte esencial de la obra; no es un ensayo, aunque encierra muchas disquisiciones, sobre todo literarias y bibliográficas. Hay que reconocer la audacia del autor al abordar un libro así y deplorar que los resultados no estén a la altura de los propósitos. Cuando Negra espalda del tiempo levanta el vuelo, cuando se eleva por encima de las innumerables y triviales informaciones acerca del interés ecuménico despertado por Todas las almas y aparecen algunas evocaciones hondas - la de la madre del autor, la de Juan Benet - o se aviva el relato, como sucede con la historia de Wilfrid Ewart, han desfilado ya numerosas páginas de comentarios y glosas a propósito de Todas las almas que, más que apostillar la obra, parecen turificarla con desmesura. Muchos lectores reaccionarán tal vez con un sentimiento mixto de tedio e irritación ante este viaje alrededor de sí mismo que Marías propone -con la inclusión de muchos fragmentos de obras anteriores reproducidos literalmente-, y acaso consideren irrisoria la noticia ofrecida por el autor según la cual en diversos departamentos de la universidad de Oxford "se desplegaban ciertos movimientos de envidia y hasta de represalia por no disponer sus miembros de una novela extranjera semejante, que presuntamente los retratara o reflejara" (pág. 96).

La búsqueda de la novedad desemboca a menudo en la desmesura y la autocomplacencia, y no deja de afectar al lenguaje. Aunque escrito con más pulcritud que otros libros del autor, Negra espalda del tiempo incurre demasiadas veces en construcciones confusas y desorientadoras como mensajes crípticos, que invitan a recordar la vieja y sapientísima recomendación cervantina acerca de la llaneza y la afectación: "[ Caminaban] con el respeto y el saludo amable de los transeúntes con que se cruzaran en el tiempo que se perdía nada más sucederse, o perdido ya cuando aun era presente, y se sucedía" (págs. 109 -110). O bien: " … la última vez que vi a Aliocha Coll, el amigo que se suicidó bastante tiempo después de esa vez y poco antes de la vez siguiente que no llegó a tiempo" (págs. 210-211). A veces hay impropiedades difíciles de justificar, como en la referencia a un hermano muerto a los tres años y medio: "un hijo recién nacido entonces, que de haber existido y no ser baldío contaría ahora -horror- siete u ocho años" (pág. 31). En "tamborileaba [ … ] sobre el brazo de la silla de lona hundida" (pág.53), no se sabe si lo que está hundido es la silla o la lona, y hay que pasar por alto el hecho, al parecer insignificante, de que una silla con brazos es un sillón. Cuando se afirma que Ewart, valiéndose de sus conocimientos avícolas, peroraba "sobre la diferentes clases de yemas y claras y tamaños y cáscaras, sus virtudes y vicios" (pág.231), el lector puede preguntarse con perplejidad cuáles son los vicios de las cáscaras o las yemas de huevo. Juan Benet "estaba mal enfermo" (pág. 216), lo que, al parecer, significa "grave", de igual modo que "mal soportable" (pág. 212) se utiliza por "insoportable" o quizá "difícilmente soportable", neologismos, en efecto, difícilmente soportables. El afán de novedad lleva a extrañas formulaciones elípticas, como "opinaba mucho, de literatura y no; no se perdía un partido de fútbol …" ( pág. 197). Y también a contorsiones sintácticas innecesarias: " … haber ignorado la gravedad de mi madre, Lolita su nombre" (pág. 212); "Qué habría sido de mi hermano muerto con tres años y medio, Julianín su nombre" (pág.264). La pugna con el lenguaje alcanza su culminación cuando el autor ironiza sobre la noticia de un periódico mexicano donde se afirma que el cadáver de Ewart "le sería entregado [ al cónsul inglés ] desde luego" (pág. 224), y Marías, sin entender que "desde luego" significa "inmediatamente", escribe: "Ese "desde luego" resulta conmovedor, como si desmintiera con vehemencia una insinuación ofensiva respecto a la honradez de los mexicanos, o de su policía, que jamás habrían escamoteado un cuerpo víctima de una balacera". Lo conmovedor es, en realidad, la apostilla del escritor y su postura de superioridad.

Los titubeos expresivos erosionan una historia bien planteada pero desigual y medianamente desarrollada, que interesará sólo a los defensores a ultranza del autor de Todas las almas, cuya sombra se prolonga desmedidamente en estas páginas.

JAVIER SENABRE, Negra espalda del tiempo, ABC Literario, 15 de mayo de 1998, recogido vía página web de Javier Marías. Toda la crítica AQUÍ