Unamuno sobre el gusto literario de Madrid y España

Salamanca, 23 de abril de 1908

Sr. D. Eduardo Marquina

Acabo de leer, mi buen amigo, su canción del momento a Ignacio Zuloaga, y no me resisto a comentarla. Pisar Madrid. Para qué? No, no, no. Zuloaga ha hecho bien en no intentar siquiera la conquista de Madrid, pues habría sido por Madrid conquistado y esto para un artista o un poeta es la última depravación. Afortunadamente mi paisano dispone de un lenguaje universal y aunque pinta en español no hay que traducirle. No, que no pise Madrid! Cuando los extranjeros saludan sus cuadros, esta España no los ve ni se conoce en ellos... Es muy cierto. Y la razón? No la sabe usted, amigo Marquina? Pues yo se la diré.

Zuloaga es paisano mío, es vasco y vasco genuino y representativo, por los treinta y dos costados, lento y terco, recio y fuerte. Y los vascos somos en España antipáticos; somos los irreductibles, los no blandos, los no cotarristas, los berberiscos, los últimos iberos. Se puede consentir que un vascongado como Zuloaga resucite la antigua y castiza pintura española? Se puede consentir que un vascongado como Baroja renueve la novela picaresca? Se puede consentir que un vascongado como yo, etc.? ¡Fuera con el alcaloide del castellano! Y es el castellano, influido por los otros, el que con recelo nos mira. No, no, no. Nuestra violencia de salud es desequilibrio para los que no entienden más reposo que el del enfermo. Somos íntimos y somos sanos.

No, el pintor es Sorolla. A este le entienden, desde luego. Es, dicen, luminoso. El otro es oscuro, es lúgubre.

Y en letras? La lepra literatesca gallega, la cochinería estilística de Da. Emilia o Valle Inclán; la grosera porquería extremeña de Trigo; toda la hojarasca de la otra banda, meridional.

Le extraña a usted que no se conozcan en Zuloaga? No, Zuloaga no! Antes los patios azules y los jardines abandonados del artificioso Rusiñol, mero artista y no más que artista, uf!

Para qué va a pisar Madrid mi paisano? Gloria? No la acrecentará en él. Provecho? Es mejor que se vaya a Buenos Aires, a donde tendremos que emigrar.

Yo, en la exaltación de mi vasconismo prediqué a mis paisanos la conquista del reino de España. Hoy creo que no, que debemos emprender la conquista no del resto de España, sino del resto del mundo, prescindiendo de España.

A Zuloaga se le ha hecho aquí durante años la peor conjuración, que no es la del silencio, sino la del semi-silencio. Se sacude algo del nombre de uno, pero se calla de sus obras.

Qué vamos a hacer con una España banal, ligera, frívola, indolente? Ahí está el mundo y cuando necesitemos recogernos ahí está nuestra Euskalerría, nuestra Vasconia, recia, recogida, íntima, austera, antipática, profundamente antipática, para los demás, para los de feria y plaza de mercado.

No, amigo Marquina, no, no, no, no. Zuloaga, mi paisano, Zuloaga el vasco, el archivasco no debe pisar Madrid. Perdería el pie en ese arenal movedizo.

MIGUEL DE UNAMUNO, Epistolario inédito I (1894-1914), Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1991, edición de Laureano Robles, págs. 242 y 243.