Brecht sobre Mann, Hesse y Rilke

Con su habitual cinismo, Brecht comenzó a hablar del padre de Klaus:

–Siempre fue morboso. Die vertauschten Köpfe, ¡qué mentalidad! Y Muerte en Venecia, ¡busca la inspiración en la podredumbre! Simboliza todo lo malo que hubo en la República de Weimar, aquel agónico simbolismo, aquel raffinementburgués… No olvidéis que, a fin de cuentas, Thomas Mann era un místico burgués. La montaña mágica es una orgía de abandono al misticismo.

–¿Y qué es el misticismo? –pregunté.
–Es el olvido de las realidades sociales. Es olvidar la carne y la sangre, es ignorar el hambre y la codicia, y todo ello se sacrifica en aras de un intelectualizado potaje.

De una forma instintiva siempre me había sentido repelido por los apóstoles, tanto los de derecha como los de izquierda, e incluso los de centro. Ya en Cambridge me desagradó la actitud de ciertos amigos que, a pesar de ser ponderados en otros aspectos, alzaban ostentosamente la antorcha de un marxismo que solo servía para ensalzarlos a ellos. Pero Brecht era un caso diferente. Parecía que, en parte, bromeara. Su actitud revolucionaria daba la impresión de ser un truco que proporcionaba a su talento nuevas y sorprendentes reacciones. Antes que teólogo era un vocinglero y burlón nihilista, y me causó la impresión de representar muy claramente las tradiciones de Weimar.

–Mi padre era amigo de Hesse –dijo Klaus en tono triste.
–¡Otro místico burgués! Perdonadme, ¿es acaso amigo vuestro? El lobo estepario no es más que un vómito de misticismo a medio digerir. Me recuerda el Jugendstil. Carece de contexto social. No hay en esta obra sentido del impetuoso avance histórico, no hay conciencia de lo inevitable.

Los ojos de Brecht lanzaron maliciosos destellos, como si en su habla hubiera claves implícitas que nosotros conociéramos.

–Y en cuanto a Rilke, sólo diré que le aborrezco –dijo–. Halagaba a opulentas baronesas, y exhibía sus aristocráticos gustos y exigencias. Rilke es peor que Thomas Mann. Éste, por lo menos, apesta a podredumbre. Pero Rilke es todo él panteras y hortensias de art nouveau.

FREDERIC PROKOSCH, Voces. Memorias, Planeta, Barcelona, 1984, traducción de A. B. V., págs. 112 y 113.