Pero las deficiencias originales no pueden ser solucionadas. La carencia de interés humano se percibe siempre. El Paraíso Perdido es uno de esos libros que el lector admira y deja de lado, olvidándose de volver a cogerlo. Nadie ha habido que quisiera que el libro hubiese sido más largo. Su lectura es un deber antes que un placer. Leemos a Milton a fin de instruirnos, nos retiramos preocupados y sobrecargados, y miramos hacia otro lado en busca de recreación; desertamos de nuestro maestro, y buscamos compañeros.
SAMUEL JOHNSON, Vidas de los poetas ingleses, Cátedra, Madrid, 1988, traducción de Bernd Dietz, pág. 211.