Todo este homenaje a Góngora, por las circunstancias en que se ha rendido, por el estado actual de mi pobre patria, me parece un tácito homenaje de servidumbre a la tiranía, un acto servil y en algunos, no en todos, ¡claro!, un acto de pordiosería. Y toda esa poesía que celebran, no es más que mentira. ¡Mentira, mentira, mentira...! El mismo Góngora era un mentiroso. Oíd como empieza sus Soledades el que dijo que "la erudición engaña." Así:
Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa...
¡El mentido! ¿El mentido? ¿Por qué se creía obligado a decirnos que el robo de Europa por Júpiter convertido en toro es una mentira? ¿Por qué el erudito culterano se creía obligado a darnos a entender que eran mentiras sus ficciones? Mentiras y no ficciones. Y es que él, el artista culterano, que era clérigo, sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana, ¿creía en el Cristo a quien rendía culto público? ¿Es que al consagrar en la sagrada misa no ejercía de culterano también? Me quedo con la fantasía y la pasión del Dante.]
MIGUEL DE UNAMUNO, San Manuel Bueno, mártir. Cómo se hace una novela, Alianza Editorial, Madrid, 1978, págs. 164-166