No me gusta demasiado Stendhal. Como ustedes saben, o se es flaubertiano o se es stendhaliano, y yo me sitúo sin ninguna duda entre los primeros. Stendhal es como Proust, tiene un ego tan hinchado que no me interesa. Hubiera sido incapaz de hablar de una pobre y mezquina mujer infeliz, como hizo Flaubert. Sobre todo sentía la necesidad de hablar de sí mismo, de Henri Beyle; basta ver la prosopopeya con la que trata del amor para darse cuenta. Se aprecia claramente la diferencia entre los dos autores comparando ese insoportable tratado que es Del amor con esa otra sublime disquisición sobre la bétise que es Bouvard y Pécuchet.
ANTONIO TABUCCHI, recogido por Carlos Gumpert en Conversaciones con Antonio Tabucchi, Anagrama, Barcelona, 1995, pág. 70