Unamuno sobre Zorrilla

Y vamos a lo de mis versos. Los sonetos son, en efecto, algo forzado. Me gusta poco la rima y por motivos acústicos, de oído. Pronto publicaré un nuevo tomo de poesías –además del Cristo de Velázquez– y en un prólogo defenderé mi técnica desde el punto de vista del ritmo. Que desafinen a muchos no lo dudo. También desafinaba hace cuarenta años música que hoy se oye. Y sostengo que musical o rítmicamente los versos de Zorrilla, v. gr. son tan ramplones, tan insignificantes, tan congoleses como la peor música de Donizetti. Responden a aquella detestable escuela de declamación que fomentaron el mismo Zorrilla –le oí leer y no resistía su canturreo melopeico– y Rafael Calvo. Son versos para ponerles música de Donizettti. En cambio, Wagner podía poner en música hasta prosa. ¡Prosa rítmica, claro está! Aquello de

La princesa está triste
que querrá la princesa, etc.

me parece acústicamente, de una simplicidad hórrida. Lo que tengo que hacer es irlos leyendo. Cuando me los oyen leer confiesan que suenan de otro modo. Y es que yo leo y recito muy bien, sin canturreo metronómico. No, la rima y el ritmo no son una bobada y no son lo mismo los versos cuando suenan bien o mal al oído. Lo que hay es que el oído castellano, por una larga mala educación está deseducado al ritmo complejo y rico. Los versos de Carducci, v.gr., los más de ellos libres, sus Odas bárbaras disonarían aquí. Obsérvese cómo se huye de encaballar los versos y como casi siempre corresponde la coma sintáctica con el final del verso, lo que añadido a su horrenda afición a las palabras agudas hace tan martilleante y pendular el verso congolés o senegambiano de Zorrilla. Nuestro verso es para cantar seguidillas y para bailarlo; verso de baile cuyo compás se lleva con los pies.

Y así en mi pueblo al ver la gente sencilla que no lograba bailar la overtura de Tannhaüser declaró que aquello no era música ni cosa que lo pareciese. En castellano apenas se ha hecho en versificación sino jotas, chotis, seguidillas, valses, polcas, aurrescus, etc., etc. Y juzgamos del ritmo más con los pies que con el oído. Pero sé que no le convenceré. Esto sólo se trata experimentalmente.

MIGUEL DE UNAMUNO, fragmento de una carta enviada a Francisco de Cossío el 14 de septiembre de 1914, recogida en Epistolario inédito I (1894-1914), Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1991, págs. 350 y 351