Sontag sobre Hesse

17/5/49

He terminado Demian [de Hermann Hesse] hoy y me ha producido, en general, una gran decepción. El libro tiene algunos pasajes muy sobresalientes, y los primeros capítulos que describen la incipiente adolescencia de Sinclair son muy buenos… Pero el impasible supernaturalismo de la última parte del libro supone una conmoción, considerando las pautas realistas implícitas en la primera parte. No me opongo al tono romántico (pues me encantó [Las cuitas del joven] Werther [de Goethe], por ejemplo), pero la puerilidad (no puedo expresarlo de otro modo) de la concepción de Hesse…

SUSAN SONTAG, Renacida. Diarios tempranos 1947-1964, Mondadori, Barcelona, 2011, traducción de Aurelio Major, pág. 22

Stendhal sobre Goethe


Los alemanes no tienen más que un hombre, Schiller, y dos volúmenes que escoger entre los veinte tomos de Goethe. Se leerá la vida de este último por lo extremadamente ridículo que resulta un hombre que se cree lo bastante importante como para contarnos, en cuatro volúmenes en octavo, de qué manera se hacía arreglar el cabello a los veinte años y que tenía una tía abuela llamada Anichen.

Pero esto demuestra que en Alemania no se tiene sentido del ridículo; y cuando se carece de ese sentido y se pretende a toda costa hacer gala de ingenio, se está muy cerca de caer en aquello que uno no conoce. Y cuando a uno se le ocurre juzgar el ingenio de los demás y decidir, desde lo alto de su tribunal germánico, que Molière no hizo más que sátiras triviales, se está muy cerca de hacer reír a Europa a su costa.

En literatura, los alemanes no tienen más que pretensiones. Tampoco ellos llegarán a ser algo hasta después de alcanzar la libertad; pero sucede lo contrario que con los italianos: quieren llegar a ello con tanta ciencia que serán los últimos en conseguirlo.


STENDHAL, fragmento de Rome, Naples et Florence en 1817, incluido en Voyages en Italie, Editions Gallimard, 1973, traducción de ChatGPT + Maricrónica, págs. 117 y 118.

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: El segundo párrafo no creo que se refiera a Goethe, que siempre consideró a Moliére uno de los mayores maestros, sino a August Wilhelm von Schlegel, que en "Lecciones sobre la poesía dramática", que impartió en Viena entre 1808 y 1811, tacha a Moliére de vulgar y de "robar" lo mejor de su obra a otros. 

Onfray sobre los estructuralistas

La fascinación que dominaba a la generación estructuralista, cegada por su ridículo rechazo del individuo, su repugnancia por el autor, su culto religioso del texto por sí mismo, su negación de la historia, y por tanto del contexto, la ha llevado a confluir en una religión del lenguaje, perjudicial para la inteligencia.

MICHEL ONFRAY, Los ultras de las Luces, Anagrama, Barcelona, 2010, traducción de Marco Aurelio Galmarini, pág. 277

Baroja sobre Azorín

En el vestir, Pío Baroja fue el hombre más desaliñado de su generación y lo era por desidia, no por carecer de recursos. Madrid no pudo quitarle el empaque aldeano que le infundieron los montes de Vasconia. Usaba corbata, pero debía anudársela mientras pensaba en otra cosa y la llevaba de cualquier modo, lo mismo que el sombrero o la boina. Detalles que unidos a su escasa inclinación a cepillarse, a la ninguna importancia que dedicaba a las rodilleras de sus pantalones, y a su caminar con los pies un tanto vueltos hacia dentro, acaso explican aquel cierto dejo de ancianidad que hubo en su juventud.

Ninguna figura más opuesta a la suya que la de Azorín: gentleman perfecto, alto, tieso, mudo, enigmático, recién planchado todo él de pies a cabeza. A esto y a su terminante desemejanza espiritual, atribuyo su estrecha amistad. Para los dos, juntarse era completarse. Porque si Azorín, hermético como Arpócrates –el dios egipcio del silencio– gustaba de que alguien le hablase, a don Pío, que no sabía estarse callado, le era indispensable que alguien le oyese. Una vez, sin embargo, Baroja me preguntó con la ansiedad de quien necesita desvanecer una duda:

–¿Cree usted que Azorín tiene talento?...

Interrogación inconcebible en boca de don Pío.

–Yo creo que sí –repuse.

Se haló de la barba, se encogió de hombros, y con ademán desganado:

–Pues, yo creo que no, porque quien tiene algo en la cabeza lo echa fuera, lo dice, y Azorín nunca dice nada.

Incidente que descubre una de las características de don Pío, que en la afición a discutir el pro y el contra de las cosas se parecía a Unamuno.

EDUARDO ZAMACOIS, Un hombre que se va..., Editorial AHR, Barcelona, 1964, pág. 165

Parra sobre Neruda

I

ANTES DE COMENZAR

Una pregunta:

Qué sería de Chile sin Huidobro

Qué sería de la chilena poesía sin este duende?

Fácil imaginárselo
Desde luego no habría libertad de expresión
Todos estaríamos escribiendo Sonetos

Odas elementales

                         O gemidos

Alabado sea el Santísimo!

XVII

¿TANGO DE VIUDO?

Para tangos me quedo con Gardel

XX

NERUDIANA

Huidobro está a la cabeza
De una maniobra internacional anti Neruda

Pero yo voy a dejar caer todo mi poder

Que es muy grande

En la cabeza del señor Huidobro!
Dicho y hecho 

XXI

LÁSTIMA QUE NERUDA
Haya terminado pisando el palito

No tenía perno para esa tuerca

Era poeta lírico
                         no dramático

No sabía pelear a puño limpio

No manejaba bien la margarita 

Se veía mejor en la penumbra 

NICANOR PARRA, Also sprach Altazor / Así habló Altazor, recogido en After-dinner declarations / Discursos de sobremesa, Host Publications, Texas, 2009, edición de Dave Oliphant, págs. 170, 202, 208 y 210.

Lawrence Durrell sobre TS Eliot

Oiga, Hamlet debe ser una gran obra. T. S. Eliot dice que es un “fracaso artístico”. Eso me hace estar totalmente seguro. El esfuerzo de Eliot es tan débil que no puede tener idea de lo que se trata. Waste land me recuerda esas tarjetitas impresas exhortando a los estudiantes de educación física a no masturbarse.

LAWRENCE DURRELL, carta a Henry Miller enviada desde Corfú a principios de noviembre de 1936, incluida en DURRELL - MILLER, Cartas 1935-1980, compiladas por Ian S. Macniven, Siglo XXI Editores, México DF, 1993, traducción de Victoria Schussheim, pág. 34

Unamuno sobre Quevedo

 A mí no me carga Cervantes, ni mucho menos, sino que le venero más y mejor que sus ridículos idólatras; pero me carga Quevedo, pongo por caso de clásico cargante, y no puedo soportar sus chistes corticales y sus insoportables juegos de palabras.


MIGUEL DE UNAMUNO, Paisajes y ensayos, Obras Completas I, Escelicer, Madrid, 1968, pág. 1265

Céline sobre Sartre

Mi camarada, muchas gracias por el Temps Modernes que acabo de recibir, voy directo sobre Sartre. Verdaderamente el individuo es demasiado idiota. Desanima. No comprende nada. Es innoble. Es horrible. Juega a La Bruyére... ¡Qué desastre! ¡Qué impotencia! Es un chacal, un soplón perdido. Pero es un "chacal que no sabe reírse", que no puede reírse. Es atroz. El chacal es abyecto pero es inteligente, él no. El chacal tiene su risa innoble – él no. De ahí esta furia, estos ademanes absurdos, esta imperfección epileptoide... ¡Basura! ¡Y mi aborto por lo demás!... Un sonajero de mierda... Me enferma. ¿Hablas de una terminología rica? Pero esto es incomprensible… un balbuceo tedioso y confuso.

LOUIS-FERDINAND CÉLINE, carta a Albert Paraz enviada el 13 de noviembre de 1947, incluida por Albert Paraz en Le gala des vaches. Valsez saucisses. Le menuet du haricot: pamphlets, Editions L’Age d’Homme, Paris, 2003, traducción de Batania, pág. 108.

Onfray sobre autores del siglo de las luces

Las Luces pálidas. He aquí, pues, algo del siglo XVIII muy distante de la postal ideológica de siempre: tinas para histéricas, compases para medir el cráneo, angeólogos satánicos, salas esotéricas, pensadores que detestan el ejercicio de la razón pura, místicos ocultistas y charlatanes de todo pelaje, todo lo cual ceba la espoleta de Voltaire contra el clero, pero no contra Dios, y su odio a los ateos, pero no a las religiones útiles para llevar de las narices al pueblo. Este siglo oscuro es contemporáneo de Diderot, muy sagaz acerca de los pueblos del confín de la tierra en el Suplementoal viaje de Bougainville, pero un poco menos elocuente cuando se refiere a los beneficios de su capital invertido en la trata de negros... La misma observación cabe con respecto a un Condorcet que condena la esclavitud en Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, pero solicita una moratoria de ochenta años (!) para no perjudicar a los propietarios... ¡Luces, Luces! Lo mismo ocurre con un Kant que, ejemplo máximo de las Luces –calvario de los estudiantes de instituto con su ya famosa Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración?– invita sin duda a la audacia filosófica, al valor intelectual para pensar por cuenta propia, describe el irresistible progreso de la Razón en la historia, llama a una emancipación cada vez mayor de la humanidad, se alegra de las promesas de la Revolución Francesa al extremo de faltar a su habitual paseo por las murallas de Königsberg y aspira al uso de la razón pura, pero al mismo tiempo coloca a las mujeres –sustancial, esencialmente– en la casilla de los menores de edad. ¿Qué decir de un Kant que, en su Definición del conceptode raza humana o en De las diferentes razas humanas, se queja del mal olor de los negros? (que «apestan a puerro», precisa en Del hombre Buffon, otro autor famoso de las Luces...). El mismo ilustrado Kant piensa que el sufragio universal es una buena idea, pero únicamente para los ciudadanos activos, pues los ciudadanos pasivos, los empleados, los obreros, los asalariados, no tienen más derecho que los negros o las mujeres de estar en el mundo a la manera en que lo está un Blanco propietario y bien lavado... ¡Ah, Luces, cuando nos poseéis...! ¿Y qué pensar de Jean-Jacques Rousseau, quien, en el Discurso sobre la ciencia y Las artes, defiende tantas posiciones tan poco ilustradas? Veamos: desprestigio de la invención de la imprenta, culpable de haber hecho posible la edición de tantos libros peligrosos; odio al teatro, que reblandece la conciencia y el cuerpo; genealogía viciosa de la ciencia y de todas las artes; elogio de la ignorancia; interés en mantener al pueblo en la obediencia; alerta contra todo deseo revolucionario; elogio de Esparta; defensa de la pena de muerte; celebración de la rusticidad, el trabajo manual, la ignorancia, la fe, la religión y la disciplina militar; y todo eso acompañado de una crítica a los trabajos intelectuales, la filosofía y la metafísica. Un auténtico breviario de oscurantismo... He aquí, pues, algunos ejemplos emblemáticos de las Luces, y no los menores, codo a codo con los defensores de la esclavitud y la trata de negros, pregoneros de ideas sexistas y racistas, reaccionarios o conservadores. Un número importante de estos filósofos defiende la pena de muerte: Kant, Rousseau, Montesquieu, Diderot, Voltaire... Por último, la mayor parte de ellos combate activamente el ateísmo y defiende el deísmo, lo que les permite entrar en componendas con el poder oficial, encantado de que se le permita seguir disfrutando del apoyo metafísico de siempre a sus exacciones... MICHEL ONFRAY, Los ultras de las luces. Contrahistoria de la filosofía, IV, Anagrama, Barcelona, traducción de Marco Aurelio Galmarini, págs. 22-24

Borges sobre Joyce

Sobre el libro han escrito de un modo tan brillante tantos escritores. Yo quiero referirme a unos pocos. Primero me referiré a Montaigne, que dedica uno de sus ensayos al libro. En ese ensayo hay una frase memorable: "No hago nada sin alegría". Montaigne apunta a que el concepto de lectura obligatoria es un concepto falso. Dice que si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad. Recuerdo que hace muchos años se realizó una encuesta sobre qué es la pintura. Le preguntaron a mi hermana Norah y contestó que la pintura es el arte de dar alegría con formas y colores. Yo diría que la literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Por eso considero que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo. Un libro no debe requerir un esfuerzo, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. Pienso que Montaigne tiene razón. JORGE LUIS BORGES, conferencia sobre el libro dada en la universidad de Belgrano recogida en Borges, oral. Miscelánea, Random House Mondadori, Barcelona, 2011, pág. 204 y 205

Wells sobre Joyce

Es usted un poderoso genio para la expresión, pero es incapaz de disciplinarla… Y me pregunto: ¿Quién demonios es este Joyce que me exige tantas horas de los pocos miles que aún me quedan por vivir, para que penetre y entienda sus caprichos y excentricidades? H.G. WELLS, recogido por Carlos G. Santa Cecilia en La recepción de James Joyce en la prensa española (1921-1976), Universidad de Sevilla. Secretariado de Publicaciones, 1997, pág. 187

Borges sobre el movimiento estridentista

Yo trato de evitar lo que se llama «el feísmo», que me parece horrible, ¿no? Pero ha habido tantos movimientos literarios con nombres horribles. Por ejemplo, en México hubo un movimiento literario apodado de un modo terrorífico: el estridentismo. Pero finalmente se calló la boca, que era lo mejor que podía hacer. Aspirar a ser estridente, qué incómodo ¿no? Era un amigo mío: Manuel Maples Arce, él dirigió ese movimiento contra un gran poeta: Ramón López Velarde. Él dirigió ese movimiento estridentista, y yo recuerdo el primer libro de él, que, desde luego, sin ningún asomo de belleza, se llamaba Andamios interiores, lo cual es muy incómodo, ¿no? (ríe), tener andamios interiores. Yo recuerdo un solo verso, que no estoy seguro de que sea un verso, y era éste: “Y en todos los periódicos se ha suicidado un tísico”, el único verso que recuerdo, y, quizá, ese olvido sea piadoso, ya que si ése era el mejor verso del libro, quizá no convenga esperar mucho de él. Y lo he visto muchos años después en el Japón –creo que fue embajador de México en el Japón– y eso lo hizo olvidar no la literatura, pero sí su literatura. Pero, ha quedado en las historias de la literatura –que recogen todo– como fundador del estridentismo (ríen ambos), una de las formas más incómodas de la literatura, querer ser estridente. JORGE LUIS BORGES / OSVALDO FERRARI, En diálogo I, SIGLO XXI Editores, México D. F., 2005, págs. 72 y 73

Tolstói sobre Chéjov

Chéjov contó a su amigo Bounine la visita que una vez realizó a Tolstoi. Estaba asustado. “Francamente, me daba miedo”. Tardó una hora en elegir un pantalón adecuado. Al final del encuentro, “en el momento en el que me levanté para despedirme, me tomó de la mano y me dijo: “Abráceme”. Lo hice y, mientras lo hacía, me susurró al oído con una voz de viejo jadeante: “No soporto sus obras. Shakespeare escribía como un cerdo, pero lo suyo es peor”. Chéjov lo contaba riéndose, pero basta haber leído los diarios de Tolstoi para saber que sus palabras no iban en broma. Fue una bestia parda. Insoportable, sin duda. IÑAKI URIARTE, Diarios 1999-2003, Pepitas de calabaza, Logroño, 2015, edición digital en Bajaepub, págs. 102 y 103

Cioran sobre Nietzsche y Voltaire

Lo que se puede reprochar al Nietzsche del final es el exceso jadeante de su escritura, la ausencia de tiempos muertos. (pág. 52) Orgulloso de su "instinto", de su "olfato", Nietzsche sintió la importancia de un Dostoievski, pero cuántos errores cometió en contrapartida, qué admiración por cantidad de autores de segunda y tercera fila. Lo más desconcertante es que también él creyera que detrás de Shakespeare estaba Bacon, el menos poeta de los filósofos. Si hiciésemos una relación de todos sus desatinos advertiríamos que igualan en número y gravedad a los de Voltaire, con un atenuante a su favor: Nietzsche erró con frecuencia por su voluntad de ser o parecer frívolo, mientras que el otro no tuvo ninguna necesidad de hacer el esfuerzo. (pág. 88) EMILE CIORAN, Desgarradura, Tusquets, Barcelona, 2004, traducción de Amelia Gamoneda, 98 pags.

Onfray sobre Sade

De la misma manera en que existe un fascismo que desborda las categorías de la historia, hay un feudalismo que trasciende los momentos y las épocas en que se encarna. Sade es el filósofo de la feudalidad, de todas las feudalidades: la que le precedió, la de su época y la que se dio después de él. Por tanto, también de las de hoy, sin duda. De ahí el interés de su lectura: para conocer los mecanismos del enemigo no se debe ignorar nada de su funcionamiento. Además, léanse o reléanse ciertas atalayas antifascistas: en 1944, en su Dialéctica de la razón, Horkheimer y Adorno transforman al autor de Los infortunios de la virtud en pensador emblemático de la burguesía, en precursor del «fascismo» y del «ser totalitario»; en febrero de 1951, en Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt señala la fascinación de los intelectuales de preguerra por las obras del marqués y muestra la importancia de este dato en la formación intelectual de los fascismos europeos; el mismo año, en El hombre rebelde, Camus compara la «república entre alambradas de espinos» del marqués con los campos de la muerte; y después, en 1975, el último Foucault, recuperado de su período estructuralista, el autor de Vigilary castigar por fin desengañado, afirma en una entrevista titulada Sade, sargento del sexo, que Sade «es un encargado de imponer disciplina». En fin... ¿La única originalidad del marqués? Manifestar brutalmente la irrupción del sexo en la filosofía. En eso pertenece al continente de los ultras de las Luces, pero sólo en eso. Sin embargo, víctima de su tiempo, producto de su época y, además, de más de un milenio de judeocristianismo, la obra del marqués de Sade manifiesta en toda su soberbia el retorno de lo reprimido cristiano. En realidad, este erotismo nocturno, esta libido mala, esta carne envilecida, este placer de las secreciones ulcerosas, estos esponsales del sexo y la muerte, este odio perpetuo a la mujer, esta incapacidad de un placer solar, lúdico, alegre, compartido, son puro producto del cristianismo paulino, ejemplo de un cerebro formateado por la neurosis de Pablo de Tarso. Franceses, un esfuerzo más si queréis de verdad la descristianización y la posibilidad de un hedonismo que apueste por la vida y dé la espalda a las gnosis cristianas. La Revolución Francesa da un paso en esta dirección socavando la feudalidad prerrevolucionaria. El triunfo de la burguesía después de Termidor crea nuevas feudalidades, las nuestras. De ahí la actualidad de nuevas Luces, ultras si es posible... MICHEL ONFRAY, Los ultras de las Luces: Contrahistoria de la filosofía, IV, Anagrama, Barcelona, 2010, traducción de Marco Aurelio Galmarini, págs. 291-293

Chesterton sobre Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle perjudicó sin duda su excelente serie de relatos al ponerse solemne de vez en cuando y, sobre todo, al introducir una especie de desdén por el Dupin de Edgar Allan Poe, con quien su detective no resistía la comparación. Las brillantes ocurrencias de Sherlock Holmes eran como brillantes flores cultivadas en el pobre suelo de un jardín de las afueras, mientras que las de Dupin crecían en el vasto y oscuro árbol del pensamiento. Por eso Dupin, cuando se aparta de la cuestión del crimen, habla en el idioma de la alta cultura acerca de las relaciones de la imaginación con el análisis, o de lo sobrenatural con la ley. Pero nadie ha señalado aún el mayor error en la concepción del personaje de Sherlock Holmes: me refiero al hecho de que al detective le fuesen indiferentes la filosofía y la poesía, lo que parecía implicar que un detective no necesita de la filosofía ni de la poesía. En eso queda eclipsado en el acto por la inteligencia más osada y brillante de Poe, que pone especial cuidado en subrayar que Dupin no sólo admiraba y confiaba en la poesía, sino que era él mismo un poeta. Sherlock Holmes habría sido mejor detective si hubiese sido filósofo, si hubiese sido poeta o incluso si hubiese estado enamorado. Es muy notable (doy por sentado que están ustedes tan familiarizados como deberían con las narraciones del doctor Watson) que el relato en que el biógrafo describe la inaccesibilidad de Holmes al amor y a otras emociones, y explica lo necesario que era eso para el equilibrio de su lógica, sea el mismo en el que a Holmes lo derrota una mujer porque es incapaz de dilucidar si cierta persona es el prometido o el abogado de dicha señora. De haber estado enamorado, probablemente lo habría sabido. G. K. CHESTERTON, Cómo escribir relatos policíacos, Acantilado, Barcelona, 2011, traducción de Miguel Temprano García, vía edición digital en Lectulandia, págs. 7 y 8

Dylan sobre Frost y TS Eliot

¿Preguntabas por la poesía? Tío, la poesía es una cagada, sabes. No sé en otros países, pero en éste es una masacre absoluta. No es poesía en modo alguno. La gente no lee poesía en este país; si lo hacen, les ofende, no lo pillan. Si vas a la universidad, ¿qué tipo de poesía debes leer? Lees "The Two Roads" de Robert Frost, lees a T.S. Eliot, lees todas esas cagadas y eso no mola, tío. No mola. No es nada potente, una mierda pinchada en un palo. BOB DYLAN, entrevista en 1965 de Paul J. Robbins para L.A. Free Press, reunida en Dylan sobre Dylan: 31 entrevistas memorables, Global Rhythm, Barcelona, 2008, traducción de Miquel Izquierdo, pág. 57

Coetzee sobre Vargas Llosa

Si el Estado en situación desesperada sufre de paranoia, ¿no corre el escritor, en su papel de héroe de la resistencia que atiende implacablemente a la voz de su genio interior, un riesgo psíquico análogo? Considérese la siguiente muestra de arrogancia de Mario Vargas Llosa: La insumisión congénita de la literatura es mucho más amplia de lo que creen quienes la consideran un simple instrumento para oponerse a gobiernos y estructuras sociales dominantes: ataca por igual a todo lo que significa dogma y exclusivismo lógico en la interpretación de la vida, es decir, tanto a la ortodoxia como a las heterodoxias ideológicas. Dicho de otro modo, es una contradicción viviente, sistemática e inevitable de todo lo que existe. Me tomo la libertad de interpretar que esta declaración, que aparentemente se hace en nombre de la literatura, en realidad se hace en nombre de los escritores como grupo profesional e incluso vocacional, y tanto contra el burócrata-censor a sueldo del tirano como contra el enemigo del tirano, en este caso las maquinaciones revolucionarias para alistar al escritor en el gran ejército de la revolución. En su actitud hacia el escritor, dice Vargas Llosa, el tirano y el revolucionario son más parecidos que distintos. La oposición entre ambos es, desde el punto de vista del escritor, espuria, ilusoria o ambas cosas a la vez. La oposición del escritor, la única oposición, significa una “contradicción... sistemática” respecto a ellos y sus pretensiones totalizadoras. La maniobra ejecutada en este texto por Vargas Llosa –a saber, desplazar su propia oposición a un terreno lógico situado un nivel por encima de la batalla política a ras de suelo– supone que el escritor ocupa una posición que simultáneamente se mantiene fuera de la política, rivaliza con la política y domina la política. Por su soberbia, esta pretensión resulta considerablemente marlowiana; por más que sea de manera involuntaria, sugiere que el riesgo que corre el escritor como héroe es el riesgo de la megalomanía. J.M. COETZEE, Contra la censura, Debate, Barcelona, 2007, traducción de Ricard Martínez i Muntada, págs. 67 y 68

Umbral sobre Chacel

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Rosa Chacel fue, como se ha dicho, una creación artificial de Ortega y suRevista de Occidente. ¿La Virginia Woolf española? Le falta el lirismo y la magia de la inglesa. ¿Escritora proustiana? También le falta el encanto continuo e interior de Proust. Se divulgó mucho su Teresa, biografía novelada de la amante de Espronceda.

La novela lírica fracasa en España, no por falta de público (Proust tuvo el suyo), sino por falta de autores. Aún estábamos en el realismo galdosiano. Hasta Baroja resulta un moderno con respecto a Galdós. A la Chacel la trajeron y la glorificaron tres ilustres paisanos suyos de Valladolid: Delibes, Marías y Tovar. Estuve a oírla en una conferencia de la March y dijo que a su vuelta no había encontrado un solo valor español que le interesase. En primera fila tenía, escuchándola, a los tres escritores citados, cada uno grande en lo suyo.

Es una bruja cruzada de Mary Poppins.

En aquella conferencia, o en otra, dijo que a su barrio le habían puesto "Malasaña", nombre feo y franquista. Ignoraba quién era Manolita Malasaña, heroína del Dos de Mayo contra la francesada, que vivió su épica femenina en ese barrio.

En las última novelas madrileñas de la Chacel hay mucho amor, demasiado, por las hijas de las porteras, a las que se lleva a explicarles el Museo del Prado, en vista de lo sensibles que son. Una amiga mía, Marisa Ciriza, periodista donostiarra, fina y guapa, casada, entrevistó a la Chacel y me contaría luego que era encantadora:

-Ten cuidado con las viejas encantadoras -le dije.

Se iban las dos solas a Bocaccio a beber hasta el alba. Al cabo de unos meses, Marisa vino a contármelo:

-Cuanta razón tenías, Paco. La vieja se me ha insinuado.

Sabe uno más por diablo que por viejo, aunque también lo soy.

En un homenaje a Gómez de la Serna dijo que le había tratado poco, que le había leído poco, y acto seguido se fue, porque era su santo.

Está resentida porque quería muchos premios y muchas academias. Estos exiliados, en general (mayormente los segundones, claro), se habían imaginado que iban a alfombrarles de claveles la Gran Vía y a nombrarles emperatrices de Lavapiés. Como eso no ha ocurrido, andan como un poco cabreados y nos llaman fascistas a todos los que no pudimos irnos a tiempo, porque éramos unos bebés y no podíamos tirar hasta América del pecho de nuestra madre.

Por lo demás, Rosa Chacel es una vieja muy pulcra y anda con vagas poetisas evanescentes como Clara Janés.

FRANCISCO UMBRAL, Las palabras de la tribu, Planeta, Barcelona, 1994, págs. 328 y 329.

Saer sobre el "boom" latinoamericano

Mirá, todo el mundo sabe mi opinión respecto al boom. Es una pregunta típica de los reportajes la de por qué yo no coincido con los autores del boom. Pero en verdad, por ejemplo, con Cortázar yo me di cuenta que había perdido un poco el sentido de la realidad con el famoso prólogo que él hace a la obra de Arlt. Es una cosa infame que muestra su desconocimiento de Arlt y cierta pretensión de considerarlo como quien lo mira desde arriba. Respecto a Vargas Llosa, yo fui uno de los primeros que dijo que La ciudad y los perros era una novela escrita para mostrar que hay militares malos y militares buenos. Yo creo que la filosofía de los autores del boom fue el mercado, y creo que ellos percibieron que en Estados Unidos se empezaba a ver este tipo de cosas que iba a ser, según mi opinión, la destrucción de la literatura latinoamericana.

JUAN JOSÉ SAER, transcripción de la conferencia que dio en la Universidad de Sao Paulo en octubre de 1997. Toda la conferencia AQUÍ