Jiménez sobre la literatura clásica castellana

Desde mi primera juventud sentí un despego instintivo -que luego había de ser antipatía conciente- por la literatura clásica castellana. Lo que yo sentía ya en mí -afán espiritual e ideal- no lo encontraba en nada de ella, y anteveía vagamente, por atisbos y deducciones, que estaba en otras literaturas -en la inglesa, la alemana, la francsa-. La literatura inglesa me atrajo siempre especialmente y puede decirse que mi primera grande admiración fue después de leer "Hamlet", en edición francesa.

La literatura castellana: retórica y realismo, sin más, si se exceptúa algo del Quijote.

Góngora, sí. Algo universal de Bécquer. Y nada más. Siempre odié a los románticos nuestros, tan pobres. ¡Y no digo nada a Núñez de Arce, Campoamor, etc.! ¡Dioses de aquellos días!

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Ideolojía, Anthropos, Barcelona, 1990, pág. 92

Borges sobre Pound

Para elogiarlo se contradice una afirmación de Stevenson. Yeats, Joyce, Eliot lo juzgan el mejor poeta, il miglior fabbro; pero nadie lo lee. Lo ponderan porque no condesciende a temas que interesan al lector, a situaciones en que el lector puede hallarse; no produce catarsis ni nada. Qué diferencia con Stevenson, que decía que "el encanto no es muy importante, pero sin él ninguna otra virtud vale". A Pound le atribuyen todas las virtudes. No creo que las tenga. JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 1079

Góngora sobre Lope de Vega

A LOPE DE VEGA Hermano Lope, bórrame el soné— de versos de Ariosto y Garcilá—, y la Biblia no tomes en la má—, pues nunca de la Biblia dices lé—. También me borrarás la Dragonté—, y un librillo que llaman del Arcá—, con todo el comediaje y Epitá—, y por ser mora, quemarás a Angé—. Sabe Dios mi intención con San Isí—: mas puesto se me va por lo devó—, bórrame en su lugar el Peregrí—; y en cuatro lenguas no me escribas có—, que supuesto que escribes boberí—, lo vendrán a entender cuatro nació—; ni acabes de escribir la Jerusa—: bástale a la cuitada su trabá—. LUIS DE GÓNGORA, Antología poética, RBA, Barcelona, 1999, pág. 62

Baroja sobre D'Annunzio

La gente aparatosa suele producir al principio cierto interés, luego nada. (...) Todo en él es repetición, epígono: la beffa contra los austríacos, la creación de los arditi, el principado de Montenovoso, el vestirse de fraile en su posesión de Il Vittoriale, el disparar un cañón en el parque de su finca, todo es tartarinesco. (...) Paul Verlaine, más limitado en su bistró de París, solo, harapiento y con una vaso de ajenjo delante, emociona más al mundo que el divo italiano. (...) Hay que tener una falta de sentido literario absoluta y de sentido psicológico para interesarse en la vida de todos esos divos tan vulgares, tan faltos de originalidad. A mí me parecen empalagosos. PÍO BAROJA, Opiniones y paradojas, Tusquets, Barcelona, 2000, selección de Miguel Sánchez-Ostiz, pág. 30

Jiménez sobre Jorge Guillén (2)

A Jorge Guillén, como a su paralelo distinto, discípulo y maestro Pedro Salinas, yo no los llamaría hoy “poetas puros”, que tampoco es mi mayor nombre, sino literatos puristas, retóricos blancos, en diversos terrenos de la retórica. Les sobra el neoclásico virtuosismo de la redicción; les falta la embriaguez, la emanación, el acento, lonatural mejor: naturalidad en lo gracioso, lo sensual, sobre todo en lo difícil, milagro auténtico de la poesía. Les falta ¡dios nos la dé! “gracia”.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Españoles entre tres mundos, Alianza Editorial, Madrid, 1989, pág. 102

Umbral sobre Vargas Llosa

VARGAS LLOSA (Mario). Perú. Entra en este diccionario porque hoy es español. Faulkneriano en su primera novela, incomprensible en la segunda, realista aburrido y numeroso en las siguientes, lo que tiene Mario Vargas Llosa es una gran pluma de ensayista: ver sus trabajos sobre García Márquez, Flaubert, Joanot Martorell, etc. Gran glosador de la literatura, inteligencia urgente y lúcida. Un ensayista perdido en la novela, en fin, como tantos. No paga los impuestos a su rival y vencedor político, Fujimori, es académico de la Española, llega tarde a los almuerzos y gusta mucho a las mujeres. FRANCISCO UMBRAL, Diccionario de literatura, Planeta, 1997, Barcelona, pág. 246.

Baroja sobre Unamuno

Intentará demostrar al mismo tiempo que cualquier escritor portugués o sudamericano es una gran cosa, y que en cambio Kant, Schopenhauer, Goethe o Nietzsche no son nada. Es el eterno aldeanismo, rebozado con una punta de envidia. [1918] (De Las horas solitarias)

Era el aldeano que sale del terruño y se hace rabiosamente ciudadano y adopta todos sus hábitos y sus procedimientos. Quiso primero ser un escritor español ilustre y después un escritor universal (...). Ya después de muerto, sin el brazo poderoso que sostenía el armazón de su obra, ésta se desmorona. Yo creo que el bagaje no era grande. Así lo pienso sin entusiasmo y sin odio. Sus novelas me parecen medianas y su obra filosófica no creo que tenga solidez ni importancia. [1944] (De Desde la última vuelta del camino, IV)

Esto de hablar de lo que no entendía era muy privativo de Unamuno. [1944] (De Desde la última vuelta del camino, I).

Se creía todo. Era, sin proponérselo, filósofo, matemático, filólogo, naturalista, además de vidente y profeta. [1947] (De Desde la última vuelta del camino, IV).

Yo nunca me sentí contra él. Únicamente no era partidario del sistema suyo de agarrar a cualquiera por su cuenta, de acogotarle, de atarle de pies y manos y de convertirle en un oyente mudo. [1947] (De Desde la última vuelta del camino, IV).

En muchas ocasiones se asemejaba a Letamendi, porque creía que las ideas más sencillas no se le habían ocurrido a nadie y que eran patrimonio de su inteligencia. (...)

No le hubiera indicado a Mozart o a Beethoven lo que tenía que ser la música, porque había decidido que la música no era nada; que no valía la pena de ocuparse de ella, porque a él no le gustaba y que sólo algunos tontos caían en ese lazo burdo de las notas.

Unamuno era hombre clásico de tertulia de ateneo, como se dan muchos en España. También lo era Valle-Inclán y otros de menos importancia. A estos hombres se les da un crédito ilimitado y se les autoriza todo. Esto en el Ateneo de Madrid debía de ser lo habitual. Ejercían un cacicato despótico. [1947] (De Desde la última vuelta del camino, IV).

A mí no me entusiasma Unamuno, ni como novelista, ni como poeta, ni como filósofo. No se lo hubiera dicho, en su cara, cuando vivía por no molestarle. Cuando le hablaba, le hablaba con amabilidad. Pero a mí no me gustaba ni me gusta lo que este paisano mío ha escrito. [1955] (De Aquí París)

PÍO BAROJA, Opiniones y paradojas, Tusquets, Barcelona, 2000, selección de Miguel Sánchez-Ostiz, págs. 249 y 250.

Capote sobre Borges, Bellow y Camus

LAWRENCE GROBEL: ¿Le gusta Borges?
TRUMAN CAPOTE: Es un escritor de segunda categoría. Es muy buen escritor, me gusta, pero es de menor importancia.

L: G.: ¿Le alegró que García Márquez recibiera el Premio Nobel?
T.C.: Para mí, el Premio Nobel es una burla. Año tras año se lo conceden a un autor prácticamente inexistente. Es decir, los autores norteamericanos que lo han recibido son increíbles. Sinclair Lewis, Pearl Buck. Está bien que se lo dieran a Hemingway. Está bien que se lo dieran a Faulkner. Pero, ¿a Saul Bellow? Y no sólo los norteamericanos. Todos los elegidos son, por lo general, muy pobres. Fue ridículo dar el Premio Nobel a Camus. ¿Por qué se lo dieron? ¿El extranjero? ¿Un par de libros de ensayo? Yo le tenía mucho afecto a Camus, no podía gustarme más, pero si alguna vez hubo un autor de segunda fila ése era Camus.

LAWRENCE GROBEL, Conversaciones íntimas con Truman Capote, Anagrama, Barcelona, 2006, La pág. 134, traducción de Benito Gómez Ibáñez.

Bolaño sobre Huidobro y Pérez-Reverte

MÓNICA MARISTAIN: ¿Qué le diría a Vicente Huidobro?
ROBERTO BOLAÑO: Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.

M.M.: ¿Octavio Paz sigue siendo el enemigo?
R.B.: Para mí, ciertamente, no. No sé qué pensarán los poetas que durante esa época, cuando yo viví en México, escribían como sus clones. Hace mucho que no sé nada de la poesía mexicana. Releo a José Juan Tablada y a Ramón López Velarde, incluso puedo recitar, si se tercia, a Sor Juana, pero no sé nada de lo que escriben los que, como yo, se acercan a los cincuenta años.

M.M.: ¿No le daría ahora ese papel a Carlos Fuentes?
R.B.: Hace mucho que no leo nada de Carlos Fuentes.

M.M.: ¿Qué le produce el hecho de que Arturo Pérez Reverte sea actualmente el escritor más leído en lengua española?
R.B.: Pérez Reverte o Isabel Allende. Da lo mismo. Feuillet era el autor francés más leído de su época.

M.M.: ¿Y el hecho de que Arturo Pérez Reverte haya ingresado a la Real Academia?
R.B.: La Real Academia es una cueva de cráneos privilegiados. No está Juan Marsé, no está Juan Goytisolo, no está Eduardo Mendoza ni Javier Marías, no está Olvido García Valdés, no recuerdo si está Alvaro Pombo (probablemente si está se deba a una equivocación), pero está Pérez Reverte. Bueno, (Paulo) Coelho también está en la Academia brasileña.

MÓNICA MARISTAIN, Estrella distante: entrevista a Roberto Bolaño, Página12, 19 de julio de 2003. Toda la entrevista AQUÍ

Pániker sobre Rilke y Jorge Guillén

Cosa en mí poco frecuente, leía poesía. Leía a Jorge Guillén, su pasmo absoluto, y me impresionaba poco. Para pasmo absoluto me bastaba el mío. Siempre he preferido a los poetas que se fijan en lo que yo no me fijo, los detalles y las menudencias. Las sensorialidades. Baudelaire, Neruda, el último García Lorca. Leía a Rilke y se me acababa pronto la paciencia. Rilke era entonces un poeta en la cresta de la ola, un genio; pero a mí se me hacía excesivo el contorsionismo, el tono alto, abstracto. (Para intelectualidades, ya digo, me sobraban con las mías). Liebe und Abscheid, amor y despedida, redentorismo pomposo que me dejaba frío. "¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los órdenes angélicos?", traduce Torrente Ballester, y es una buena traducción, y es una bella e innovadora estrofa. Pero Heidegger venía a decir lo mismo en lenguaje técnico, y, en este caso, el lenguaje técnico era un alivio. 

SALVADOR PÁNIKER, Segunda memoria, Seix Barral, Barcelona, 1988, pág. 43

Varios sobre Joyce

El Ulises, de James Joyce, que muchos consideran como la mejor novela del siglo XX y la mejor obra escrita en inglés, está bajo fuego. Mientras Irlanda se prepara para celebrar el centenario de Bloomsday -día de junio de 1904 en el cual se sitúa la novela-, escritores y columnistas descontentos dicen que están hartos del libro, al que algunos consideran impenetrable, y del culto que le ha seguido. Al elevarlo al estatus de Dios literario, los fanáticos de Joyce están perjudicando a otros escritores irlandeses y creando una "industria de Joyce" que tiene que ver más con el turismo y la generación de dinero que con la literatura, sostienen.

Roddy Doyle, autor de la popular novela Paddy Clarke Ha Ha Ha y del guión del exitoso filme The Commitments, abrió la caja de Pandora literaria la semana pasada con un ataque mordaz al Ulises y sus devotos seguidores. "Ulises pudo haberse terminado mejor si hubiera contado con un buen editor", dijo Doyle en una reunión literaria en Nueva York. "La gente siempre está poniendo a Ulises en la lista de los 10 libros mejor escritos, pero dudo que alguna de esas personas estuviera realmente conmovida por él".

Continuando su ataque en una entrevista con un periódico irlandés el fin de semana, Doyle dijo que el legado de Joyce lanza una larga y perjudicial sombra sobre la vida literaria irlandesa. "Si eres un escritor en Dublín y escribes una parte de un diálogo, todos piensan que lo copiaste de Joyce", afirmó. "Es como si estuvieras inmiscuyéndote en su área, me pone nervioso".

Los comentarios de Doyle tocaron una tecla entre los populistas. En una columna en el diario Irish Times el miércoles, Kevin Myers describió a Ulises como "uno de los callejones sin salida más improductivos en la historia literaria". "Es un texto de unas 400.000 palabras de extensión, lo que probablemente son unas 250.000 palabras de más", se quejó.

El periodista Sean Moncrieff, en una nota en el diario Irish Examiner, dijo que Ulises nunca vería la luz del día si fuera escrita en la actualidad. "¿Qué pasa en Ulises?", preguntó. "Bueno, no mucho. Bloom desayuna. Va a un funeral. Vaga un poco por Dublín. Stephen Dedalus hace lo mismo. Se emborracha y hace el papel de tonto. Luego ambos van a casa". "Envíe ese bosquejo de trama a cualquier editor moderno y vea cuán lejos llega".

GIDEON LONG, Lluvia de críticas para el "Ulises" en su centenario, Reuters, 16 de febrero de 2004

Paz sobre García Márquez

Gómez de la Serna está presente en nuestra literatura. Por ejemplo, es uno de los antecedentes de García Márquez. El mismo amor a la imagen descomunal y absurda, no el humor negro sino la fascinación, muy hispánica, por lo grotesco y lo monstruoso, por los extremos y los "colmos". Por supuesto, hay una diferencia radical entre Gómez de la Sema y García Márquez: el primero es un inventor mientras que el segundo es un popularizador. El lenguaje atomizado de Gómez de la Serna es el lenguaje de la explosión: con él comienza la prosa moderna en español. La prosa de García Márquez es esencialmente académica, es un compromiso entre el periodismo y la fantasía. Poesía aguada. Es un continuador de una doble corriente latinoamericana: la épica rural y la novela fantástica. No carece de habilidad pero es un divulgador o, como llamaba Pound a este tipo de fabricantes, un diluter.

OCTAVIO PAZ, entrevistado por Julián Ríos para Sólo a dos voces, Barcelona, 1973, recogido en Gabriel García Márquez. Testimonios sobre su vida. Ensayos sobre su obra, Siglo del hombre editores, Colombia, 1992, selección y prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda, pág. 133.

Montes sobre Cela

 Aquella noche despedíamos a Julián Cortés-Cavanillas, que regresaba a Madrid después de muchos años de corresponsalía romana. No sé por dónde venía el hilo de la tertulia, pero recuerdo que cuando me tocó hablar afirmé que los escritores gallegos escriben un castellano muy rico, jugoso y singular, y me parece que cité, entre otros, los nombres de don Ramón María del Valle-Inclán, Eugenio Montes, allí presente, Álvaro Cunqueiro, Julio Camba y, naturalmente, Cela...


Al escuchar el nombre de Cela, Montes golpeó repetidamente la mesa con los nudillos para llamarme al orden. Me quedé parado, mudo y de una pieza, hundido bajo la interrupción del maestro.


–Cela no, Cela, no. ¿Sabe usted cómo escribe Cela? –Todos abrimos la boca en silencio esperando la explicación–. Pues Cela pone en la cuartilla, por ejemplo, "La Catira se levantó aquella mañana de mal humor." La frase le parece suave, y corrige: "La puta de la Catira se levantó aquella mañana de mala leche." Aquello todavía no le llena del todo, y añade: "La puta cabrona de la Catira se levantó aquella mañana de mala leche." Pues no se conforma, y sobrescribe y concluye: "La puta cabrona de la Catira se levantó aquella mañana de mala hostia."


Le conté una tarde la anécdota a Camilo José Cela, y no puedo decir que le hiciera demasiada gracia.


JAIME CAMPMANY, El jardín de las víboras, Espasa-Calpe, Madrid, 1996, págs. 78 y 79

Gibson sobre Menéndez Pelayo

En primera fila, San Isidoro de Sevilla y Alfonso el Sabio. Detrás, con la entrada en medio, Nebrija, Vives, Lope de Vega y Cervantes. Siempre es agradable volver a saludar, antes de penetrar en la Biblioteca Nacional, a tan notable y variopinta compañía.


Y perturbador, ya dentro, encontrar delante, una vez más y justo en medio del vestíbulo, la estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo, con su placa que reza: “Los católicos españoles por iniciativa de la Junta Central de Acción Católica”. Y digo perturbador porque a don Marcelino, en su día director de la casa, se le recuerda hoy sobre todo por su libro Historia de los heterodoxos españoles (1880-1882), ingente trabajo, me imagino que hogaño poco leído, en el cual machaca a los mismos sin piedad. Marcelino Menéndez y Pelayo creía, como no pocos de las actuales derechas, que el español auténtico es católico o no será, y puso a parir, entre las ovejas negras más o menos contemporáneas, al militar liberal, pensador y gran personaje José Álvarez Guerra, abuelo materno de Antonio Machado.


Pero no seamos maniqueos. Don Marcelino amaba la poesía y supo apreciar al joven Rubén Darío. También a las mujeres, sobre todo, según dicen las malas lenguas, las venales (lo cual no parecería reñido, claro está, con su condición de férreo defensor de la fe).


¿Habría que dejarlo allí, él tan opuesto a los no afines, en el acceso a nuestra Biblioteca Nacional, hoy equiparable en servicios, por cierto, a las mejores del mundo? Creo que hay debate interno al respecto. Yo por mí le buscaba una ubicación más respetuosa con el espíritu de la Constitución.


IAN GIBSON, Don Marcelino, Público, 29 de marzo de 2009 (AQUÍ)

Jiménez sobre Jorge Guillén

 El ruiseñor, Jorge Guillén, no es pavo real, ni facilísimo, ni espiralea gorgoritando. Usted no ha visto ni oído al ruiseñor, sino al canario. (pág. 481)


• • •


Jorge Guillén me ha copiado la esclamación seguida, la interjección frecuente, el ansia entrecortada, los aumentativos, los vivas, pero en J. G. la esclamación es declamatoria, la interjección es física, y el entrecortamiento, hipo gramatical.


Esclamación y ansia no van en J. G. a la esencialidad ambiente sino al techo de la existencia. (pág. 611)


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No, crítico; es muy diferente: ¿Góngora, Valéry, yo, Jorge Guillén?


Jorge Guillén canta, cántica, cantiquea, a lo Góngora y Valéry, la limitación de este mundo sin dios, y dan en la nada. Yo canto la infinitud que le da a este mundo el dios creado en él por mí.(págs. 619 y 620)


• • •


En la poesía española, Garcilaso, Góngora, Calderón, Rubén Darío, García Lorca son renovadores formales; Gil Vicente, San Juan de la Cruz, Bécquer, Unamuno, Antonio Machado son renovadores ideales; Jorge Manrique, Fray Luis de León, Quevedo, Jorge Guillén no renuevan nada, se estacionan bellamente y son casos aislados.


El estacionamiento es permanencia aprisionada. No tiene sucesión. (pág. 622)


• • •


Si el sueño de la razón produce monstruos, su vijilia produce cadáveres y momias, Jorge Guillén.(pág. 624)


• • •


En la obra de Valéry, de su seguidor Jorge Guillén, de Pedro Salinas, de Aleixandre, etc., no se oyen voces humanas. Hay ciudad, campo, fauna, flora, pero no seres humanos.


Mi obra resuena toda de voces y seres cercanos y lejanos. (pág. 631)


• • •


–Los poemas de Jorge Guillén no tienen frescura.

–Claro, no son flores, son frutos.

–Sí, frutas como raíces sin jugo. Son papas, no melocotones ni naranjas.

–Y si fueran flores, serían dalias y adormideras, no claveles ni nardos. (pág. 632)


• • •


Yo le he dado a la poesía sandalias, Jorge Guillén zapatos. (pág. 632)


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Jorge Guillén pesca buenos peces. ¿Quién lo duda? Pero cuando los peces caen en la banasta de su libro los pescados están muertos.


Todo Guillén es naturaleza muerta (pág. 633)


• • •


Dije de Jorge Guillén que era un momificador


Sí, él procede poéticamente como un momificador. Coje una idea ajena (siempre ajena, puede comprobarse) y la mata sólo con hacerla suya. Luego, se frota las manos de gusto; la diseca minuciosamente, la embalsama prolijamente, la envuelve interminablemente en paños sucesivos... Y cuando ya está empaquetada, le pinta por encima la cara, recordando la de la idea.


Y la idea muerta cobra, por esa idea de la cara ajena ya encubierta, cierta vida; pero es una vida ficticia, como la de las momias.


Esto no quiere decir que no haya momias interesantes. (pág. 728)


• • •


Quien ve la vida con gafas congénitas, como Jorge Guillén, escribe versos para gafas, que necesitan gafas para ser leídos aun por los que no necesitan gafas. (pág. 729)


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Ideolojía, Anthropos, Barcelona, 1990

Benet sobre Joyce

Lo que he escrito sobre Joyce no responde a ninguna boutade, sino que creo, de verdad, que es un escritor de segunda fila. ¿Por qué? Porque hace de la literatura un proceso analítico. Me explicaré. Llamo literatura analítica a aquella en la que el predicado está incluido en el sujeto. Si digo “la noche está oscura”, la metáfora es analítica, no crea literatura, tal como yo la entiendo. Para mí, la literatura consiste en formular juicios sintéticos sobre la realidad. Si escribo “la noche es plateada”, el juicio es sintético y lo escrito ya es, por tanto, literatura. Lo demás, el costumbrismo, el naturalismo, no me interesan. Si describes una verbena sin apartarte de los elementos que la integran, no inventas nada, simplemente traspasas la realidad a la escritura. Por eso Faulkner y Proust me parecen grandes escritores; por eso, también, Joyce, me parece menor. El llamado “monólogo interior” –no sé por qué, puesto que un monólogo tiene siempre una trabazón lógica; por otra parte, los ingleses dicen más justamente “corriente del pensamiento” – puede servir como técnica, pero no creo que tenga otros valores.

EDUARDO G. RICO: “Juan Benet: Joyce es de segunda fila”, Triunfo Nº 429, Madrid, 22 de agosto de 1970, pág. 38, recogido por Carlos G. Santa Cecilia en La recepción de James Joyce en la prensa española, Universidad de Sevilla, Secretariado de publicaciones, 1997, págs. 288 y 289

Góngora sobre Lope de Vega

 A los apasionados por Lope de Vega


Patos de la aguachirle castellana

que de su rudo origen fácil riega,

y tal vez dulce munda nuestra Vega,

con razón Vega por lo siempre llana,


pisad graznando la corriente cana

del antiguo idioma, y turba lega,

las ondas acusad, cuantas os niega

ático estilo, erudición romana.


Los cisnes venerad cultos, no aquellos

que escuchan su canoro fin los ríos;

aquellos sí, que de su docta espuma


vistió Aganipe. ¿Huís? ¿No queréis vellos,

palustres aves? Vuestra vulgar pluma

no borre, no, más charcos. ¡Zabullíos!


[1621?]


LUIS DE GÓNGORA, recogido en Poesía, Lope de Vega, Ediciones Libertarias, 1998, Madrid, págs. 365 y 366, edición de Miguel García-Posada Huelva

Umbral sobre Bergamín

Bergamín es como un Unamuno que se hubiera vuelto loco. Sigue la técnica unamuniana de darle la vuelta a todas las frases, a ver qué sale. A Unamuno siempre le salía algo, pero Bergamín lo hace de una manera mecánica y eso le quita todo interés a su ensayismo, donde se busca más la sorpresa que la verdad. "Paradojas y no silogismos", había dicho Unamuno. Pero tenían que ser las suyas. Las de Bergamín ya suenan a juguete roto.

FRANCISCO UMBRAL, Las palabras de la tribu, Planeta, Barcelona, 1994, pág. 76

Gamoneda sobre Celaya

La poesía no es un instrumento que de manera directa vaya a cambiar el mundo. Gabriel Celaya, comunista declarado, tenía una expresión: la poesía es un arma cargada de futuro. Cuando escuché aquello, me recordó que un fascista como José Antonio Primo de Rivera también decía que a los pueblos sólo les habían movido los poetas. Creo que a los dos se les ocurrió la misma tontería. La poesía lo que puede hacer es, indirectamente, crear una intensificación de la conciencia para hacernos más sensibles para mirar la realidad. La otra utilidad es que la poesía, como objeto artístico, proporciona un placer.

ANTONIO GAMONEDA, entrevistado por Daniel Mediavilla en "Me jode ser meneado por la derecha española", Público, 7 de agosto de 2008. Toda la entrevista AQUÍ

Escritoras sobre Naipaul

Mysogynist prick (gilipollas misógino) es el poco amable epíteto que la escritora Keri Hulme dedica desde las antípodas a V. S. Naipaul y a su exabrupto sobre la "inferioridad" de cualquier obra salida de la pluma de una mujer. Si el mundillo literario de Reino Unido, acostumbrado a la controvertida personalidad del Nobel 2001, no se rasgó en exceso las vestiduras cuando este señaló como común denominador de todas las literatas el "sentimentalismo" y "visión estrecha del mundo", la autora neozelandesa ha decidido abandonar su habitual reclusión para responderle con dureza. Su colega estadounidense Francine Prose también se ha sumado a la crítica, al ridiculizar la pretensión de Naipaul de que su obra es muy superior a la de, por ejemplo, Jane Austen.

"A medida que envejece, su comportamiento y juicios se vuelven más repugnantes. Muchos miles de escritoras le superan y le superarán", ha escrito Hulme en una web literaria. Como cuestionable puntilla, la poetisa, autora de relatos cortos y de una única novela que mereció el Premio Booker en 1985 (The Bone People), concluye que la obra de Naipaul ya no tiene la relevancia de hace tres décadas. "Y no me sobrevivirá", añade.

Las declaraciones del autor de Una casa para el señor Biswas, Guerrillas y una dilatada narrativa sobre el mundo colonial, implican para Francine Prose una sensible cuestión de fondo: la persistencia de una noción de inferioridad en lo que atañe a las autoras. "La idea de que Naipaul se considere mejor escritor que Jane Austen sería simplemente risible si el prejuicio que revela no fuera todavía habitual ni tuviera un efecto tan dañino sobre lo que muchas mujeres hemos decidido hacer con nuestras vidas", subraya.

"¿Cree realmente [el Nobel] que Hilary Mantel, A. S. Byatt o Iris Murdoch son 'sentimentales'?", escribió el crítico literario británico Alex Clark cuando Naipaul formuló sus polémicas declaraciones a principios de mes, durante una entrevista celebrada en la Royal Geographic Society de Londres. "Desde luego, sería difícil encontrar a una escritora con un ego que iguale al suyo", apostilló su colega del Daily Telegraph, Helen Brown, remitiendo a una reciente biografía autorizada donde se describe al escritor de origen indio y nacido en Trinidad (1932) como un personaje inmaduro, egoísta, misógino y psicológicamente cruel con las mujeres.

Él mismo nunca ha renegado de esas etiquetas, como tampoco ha huido nunca de la polémica -más bien parece alimentarla- a la hora de establecer juicios sobre el islam como una religión que somete a sus fieles, o de revelar su desprecio hacia aquellas naciones que consiguieron tardíamente la independencia ("son países a medio construir").

Genio y figura a sus 78 años, V. S. Naipaul solo se ha permitido una debilidad en los últimos tiempos, la reconciliación pública con el novelista estadounidense Paul Theroux, a quien había jurado "odio eterno" hace tres lustros. Cuanto menos, sus compañeros de género sí merecen la consideración del Nobel.

PATRICIA TUBELLA, Guerrilla femenina contra V. S. Naipaul, El País, 16 de junio de 2011 (AQUÍ)