Troya literaria
Escritores criticándose. Blog globetrotter recopilado por MARICRÓNICA.
Jiménez sobre la literatura clásica castellana
Borges sobre Pound
Góngora sobre Lope de Vega
Baroja sobre D'Annunzio
Jiménez sobre Jorge Guillén (2)
Umbral sobre Vargas Llosa
Baroja sobre Unamuno
Capote sobre Borges, Bellow y Camus
Bolaño sobre Huidobro y Pérez-Reverte
Pániker sobre Rilke y Jorge Guillén
Varios sobre Joyce
Paz sobre García Márquez
Montes sobre Cela
Aquella noche despedíamos a Julián Cortés-Cavanillas, que regresaba a Madrid después de muchos años de corresponsalía romana. No sé por dónde venía el hilo de la tertulia, pero recuerdo que cuando me tocó hablar afirmé que los escritores gallegos escriben un castellano muy rico, jugoso y singular, y me parece que cité, entre otros, los nombres de don Ramón María del Valle-Inclán, Eugenio Montes, allí presente, Álvaro Cunqueiro, Julio Camba y, naturalmente, Cela...
Al escuchar el nombre de Cela, Montes golpeó repetidamente la mesa con los nudillos para llamarme al orden. Me quedé parado, mudo y de una pieza, hundido bajo la interrupción del maestro.
–Cela no, Cela, no. ¿Sabe usted cómo escribe Cela? –Todos abrimos la boca en silencio esperando la explicación–. Pues Cela pone en la cuartilla, por ejemplo, "La Catira se levantó aquella mañana de mal humor." La frase le parece suave, y corrige: "La puta de la Catira se levantó aquella mañana de mala leche." Aquello todavía no le llena del todo, y añade: "La puta cabrona de la Catira se levantó aquella mañana de mala leche." Pues no se conforma, y sobrescribe y concluye: "La puta cabrona de la Catira se levantó aquella mañana de mala hostia."
Le conté una tarde la anécdota a Camilo José Cela, y no puedo decir que le hiciera demasiada gracia.
JAIME CAMPMANY, El jardín de las víboras, Espasa-Calpe, Madrid, 1996, págs. 78 y 79
Gibson sobre Menéndez Pelayo
En primera fila, San Isidoro de Sevilla y Alfonso el Sabio. Detrás, con la entrada en medio, Nebrija, Vives, Lope de Vega y Cervantes. Siempre es agradable volver a saludar, antes de penetrar en la Biblioteca Nacional, a tan notable y variopinta compañía.
Y perturbador, ya dentro, encontrar delante, una vez más y justo en medio del vestíbulo, la estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo, con su placa que reza: “Los católicos españoles por iniciativa de la Junta Central de Acción Católica”. Y digo perturbador porque a don Marcelino, en su día director de la casa, se le recuerda hoy sobre todo por su libro Historia de los heterodoxos españoles (1880-1882), ingente trabajo, me imagino que hogaño poco leído, en el cual machaca a los mismos sin piedad. Marcelino Menéndez y Pelayo creía, como no pocos de las actuales derechas, que el español auténtico es católico o no será, y puso a parir, entre las ovejas negras más o menos contemporáneas, al militar liberal, pensador y gran personaje José Álvarez Guerra, abuelo materno de Antonio Machado.
Pero no seamos maniqueos. Don Marcelino amaba la poesía y supo apreciar al joven Rubén Darío. También a las mujeres, sobre todo, según dicen las malas lenguas, las venales (lo cual no parecería reñido, claro está, con su condición de férreo defensor de la fe).
¿Habría que dejarlo allí, él tan opuesto a los no afines, en el acceso a nuestra Biblioteca Nacional, hoy equiparable en servicios, por cierto, a las mejores del mundo? Creo que hay debate interno al respecto. Yo por mí le buscaba una ubicación más respetuosa con el espíritu de la Constitución.
IAN GIBSON, Don Marcelino, Público, 29 de marzo de 2009 (AQUÍ)
Jiménez sobre Jorge Guillén
El ruiseñor, Jorge Guillén, no es pavo real, ni facilísimo, ni espiralea gorgoritando. Usted no ha visto ni oído al ruiseñor, sino al canario. (pág. 481)
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Jorge Guillén me ha copiado la esclamación seguida, la interjección frecuente, el ansia entrecortada, los aumentativos, los vivas, pero en J. G. la esclamación es declamatoria, la interjección es física, y el entrecortamiento, hipo gramatical.
Esclamación y ansia no van en J. G. a la esencialidad ambiente sino al techo de la existencia. (pág. 611)
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No, crítico; es muy diferente: ¿Góngora, Valéry, yo, Jorge Guillén?
Jorge Guillén canta, cántica, cantiquea, a lo Góngora y Valéry, la limitación de este mundo sin dios, y dan en la nada. Yo canto la infinitud que le da a este mundo el dios creado en él por mí.(págs. 619 y 620)
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En la poesía española, Garcilaso, Góngora, Calderón, Rubén Darío, García Lorca son renovadores formales; Gil Vicente, San Juan de la Cruz, Bécquer, Unamuno, Antonio Machado son renovadores ideales; Jorge Manrique, Fray Luis de León, Quevedo, Jorge Guillén no renuevan nada, se estacionan bellamente y son casos aislados.
El estacionamiento es permanencia aprisionada. No tiene sucesión. (pág. 622)
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Si el sueño de la razón produce monstruos, su vijilia produce cadáveres y momias, Jorge Guillén.(pág. 624)
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En la obra de Valéry, de su seguidor Jorge Guillén, de Pedro Salinas, de Aleixandre, etc., no se oyen voces humanas. Hay ciudad, campo, fauna, flora, pero no seres humanos.
Mi obra resuena toda de voces y seres cercanos y lejanos. (pág. 631)
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–Los poemas de Jorge Guillén no tienen frescura.
–Claro, no son flores, son frutos.
–Sí, frutas como raíces sin jugo. Son papas, no melocotones ni naranjas.
–Y si fueran flores, serían dalias y adormideras, no claveles ni nardos. (pág. 632)
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Yo le he dado a la poesía sandalias, Jorge Guillén zapatos. (pág. 632)
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Jorge Guillén pesca buenos peces. ¿Quién lo duda? Pero cuando los peces caen en la banasta de su libro los pescados están muertos.
Todo Guillén es naturaleza muerta (pág. 633)
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Dije de Jorge Guillén que era un momificador
Sí, él procede poéticamente como un momificador. Coje una idea ajena (siempre ajena, puede comprobarse) y la mata sólo con hacerla suya. Luego, se frota las manos de gusto; la diseca minuciosamente, la embalsama prolijamente, la envuelve interminablemente en paños sucesivos... Y cuando ya está empaquetada, le pinta por encima la cara, recordando la de la idea.
Y la idea muerta cobra, por esa idea de la cara ajena ya encubierta, cierta vida; pero es una vida ficticia, como la de las momias.
Esto no quiere decir que no haya momias interesantes. (pág. 728)
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Quien ve la vida con gafas congénitas, como Jorge Guillén, escribe versos para gafas, que necesitan gafas para ser leídos aun por los que no necesitan gafas. (pág. 729)
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Ideolojía, Anthropos, Barcelona, 1990
Benet sobre Joyce
Góngora sobre Lope de Vega
A los apasionados por Lope de Vega
Patos de la aguachirle castellana
que de su rudo origen fácil riega,
y tal vez dulce munda nuestra Vega,
con razón Vega por lo siempre llana,
pisad graznando la corriente cana
del antiguo idioma, y turba lega,
las ondas acusad, cuantas os niega
ático estilo, erudición romana.
Los cisnes venerad cultos, no aquellos
que escuchan su canoro fin los ríos;
aquellos sí, que de su docta espuma
vistió Aganipe. ¿Huís? ¿No queréis vellos,
palustres aves? Vuestra vulgar pluma
no borre, no, más charcos. ¡Zabullíos!
[1621?]
LUIS DE GÓNGORA, recogido en Poesía, Lope de Vega, Ediciones Libertarias, 1998, Madrid, págs. 365 y 366, edición de Miguel García-Posada Huelva