Julien Green sobre Flaubert

Relectura de Herodías, sin aburrimiento pero sin entusiasmo, sin admiración sincera por toda esa joyería de epítetos. Se me ocurre que esta continua perfección tiene algo de inhumano y mata cada frase al paso, sin fallar en una.

He releído la leyenda de Saint Julien l'Hospitalier y esta vez he quedado decepcionado. Desde luego, hay frases que por sí solas pueden resucitar toda la Edad Media, pero lo más a menudo el estilo, el famoso estilo de Flaubert, se interpone como una pantalla entre el asunto y la emoción que este asunto debe producir; una pantalla magnífica, convengo, una pantalla erizada de joyas... Se gustaría más, al precio de algunos defectos, un estilo que diese la impresión de respirar como un ser viviente, con esa libertad que tenía Flaubert cuando no se vigilaba, cuando olvidaba su corona de flores de naranjo.

JULIEN GREEN, fragmento de Journal, recogido por Ernesto Sábato en Heterodoxia, Alianza Editorial, Madrid, 1973, pág. 117

Klaus Mann sobre Breton

Por lo que se refiere al "maestro" mismo, a André Breton, admito que mi relación con él siempre fue fría y distante. Los "caudillos" más bien me repelen, y sin duda Breton es un personaje despótico, aunque se limite a mandar y a seducir en el terreno espiritual. Sus caprichos e intuiciones intelectuales son para el grupo de devotos suyos la revelación, la ley suprema. El que sólo admite a su alrededor a los incondicionales pronto apartará de sus amigos precisamente a las mejores mentes. Y realmente sólo uno de la antigua guardia surrealista, el pintor Max Ernst, sigue siendo fiel al tiránico y caprichoso Breton.

KLAUS MANN, Cambio de rumbo: crónica de una vida, Alba Editorial, Barcelona, 2007, págs. 284 y 285, traducción de Genoveva Dieterich y Anton Dieterich
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Primo Levi contra Borges, Isaac B. Singer, Proust, Dostoyevski y Balzac

AURELIO ANDREOLI: ¿Por qué ha omitido a J. L. Borges entre los contemporáneos?
PRIMO LEVI: Lo conozco poco, y diría que siento una vaga antipatía por él. Percibo en Borges algo que me es extraño y lejano. Por otra parte, sería audaz pretender justificar todas las propias simpatías y antipatías. Algunas son evidentes, otras lo son menos. Precisamente mi simpatía por Rabelais es en apariencia incomprensible. Y, sin embargo, entre todos es aquel a quien me siento más ligado, de forma casi filial. Si pudiera, lo escogería como padre.

AURELIO ANDREOLI: ¿Por qué usted, de tradición judía, ha descartado a un gran escritor como Isaac B. Singer?
PRIMO LEVI: Porque no estoy tan convencido de que sea un gran escritor. De entrada escribe demasiado, y además me parece un escritor diluido. Desde luego me es querido como persona, pero si lo hubiese puesto entre los escritores que leo y releo, y de esto se trataba, habría mentido. No creo que tenga "nervio" suficiente" como para ser incluido entre los escritores de serie A. Me temo que dentro de una generación sólo lo leerán los especialistas. Si se compara una página de Singer con una del menos conocido escritor yiddish Schalom Alechem, que yo cito, se comprende qué diferencia puede haber entre los dos a propósito del "vigor del estilo".

AURELIO ANDREOLI: ¿Y por qué ha omitido a autores de la tradición mitteleuropea: Proust, Musil, Kafka?
PRIMO LEVI: Proust me parece aburrido, a Musil no lo conozco suficientemente, Kafka también me inspira sentimientos ambivalentes: por un lado, la sensación de hallarme ante libros fundamentales, por otro, una repulsión de origen psicoanalítico.

AURELIO ANDREOLI: Hablemos un poco más de sus antipatías literarias...
PRIMO LEVI: Las antipatías no son siempre racionales, pueden obedecer a causas o circunstancias ocasionales, porque hemos ido a parar a una página inadecuada, porque la página era la adecuada pero el momento no. Entre las antipatías, Dostoievski, en quien he intentado entrar una vez más recientemente, y de quien me aleja su forma cansina de escribir. Encuentro ingrata esa mezcla suya de portentosa lucidez introspectiva y confusión en la escritura. Sería conveniente reducir sus libros a una tercera parte. Añádase a ello que se trata de traducciones. Sé perfectamente, porque también lo he hecho, lo difícil y peligroso que es el oficio de traducir. Y, por lo tanto, ante un autor cuya lengua no conozco, como en el caso de Dostoievski, y en general los rusos, recelo un poco. Balzac es otro al que he renunciado, sólo he leído dos libros suyos, y me di por vencido, porque nuestra vida es demasiado corta para leer a todo Balzac.

PRIMO LEVI, fragmento de la entrevista de Aurelio Andreoli, Paese Sera, 21 de agosto de 1981, recogido en Primo Levi: entrevistas y conversaciones, Ediciones Península, Barcelona, 1998, págs. 102 y 103, traducción de Francesc Miravitlles Salvador.

Carmen Baroja sobre Ortega y Gómez de la Serna

Yo no sé lo que era ser filósofo, tampoco sabría cómo eran. A unos me los figuro con toga y barbas, la cabeza de escayola. A otros, con levitones y chisteras peludas; a algunos, con casaca y peluconas blancas. Siempre serios, graves y sesudos. ¡Lo que nunca me figuré es que hubiera un filósofo con americanita de trabilla y el pelo queriendo disimular la calva! Ortega y Gasset, a pesar de su maravillosa manera de hablar y de su no menos maravillosa manera de escribir, me pareció siempre en su vida el colmo de la cursilería.

Y lo malo es que esa cursilería enfática la ha transmitido a sus discípulos, y así vemos en estos tiempos calamitosos a todos estos pollos que llaman jerarcas, todos discípulos del gran don José y naturalmente tan cursis como él, inflados y majaderos.

El esnobismo en las mujeres tiene otro matiz; éste me parece muy bien. A las mujeres, no siendo demasiado exagerado, las hace más divertidas y por lo menos dejan de hablar de las criadas y de los trajes para hacerlo de algo más agradable, aunque a veces dé risa. Pero las ideas y la cursilería que han heredado del gran don José sus adeptos han tenido consecuencias terribles para España. Todos estos pollos fascistas son sus legítimos herederos, amamantados con sus teorías, y siempre con la cara vuelta a la última moda, o sea, al sol que más calienta.

págs. 195 y 196

Ese Gómez de la Serna era un tipo un poco ridículo -creo que es, porque debe [de] vivir en América- y un amargado, aunque no le he hablado nunca. Parecía una señora de aquellas que se disfrazaban de hombre en Carnaval, de las que tienen un culito redondito y unas caderas salientes. Creo que en la época de sus éxitos en el Café de Pombo, en Madrid estaba todo algo desorbitado, empezando por la fama de Solana, que ha pintado algunos trozos de cuadro verdaderamente bien y a quien indudablemente se le ocurrían cosas absurdas y raras, algunas con esa gracia que tiene lo horrible; pero en general, y aparte de esa vena genial que tenía, era un pintor desagradable y que hacía una pintura negra y basta, aunque muy del gusto de lossnobs actuales.

Volviendo a Gómez de la Serna, que tenía la enorme originalidad de ser el único Ramón que había en el mundo, creo que todo lo que escribía era tan original como esto pero, a fuerza de querer serlo, algunas veces conseguía hacer comparaciones que resultaban extrañas, algo como los colmos que estuvieron hace años de moda: "¿En qué se parece un tragón a una pantera de Java? En que la pantera dejaba algo y el tragón no deja nada...".

Pero el gran don José, otra estrella que también ha quedado con poco rabo, dio en decir que era genial y alguna gente lo repitió después. Luego él se encargó de andar en los circos y de hacer algunas majaderías...

págs. 201 y 202

CARMEN BAROJA Y NESSI, Recuerdos de una mujer de la generación del 98, Tusquets, Barcelona, 1998

*Carmen Baroja fue hermana de Ricardo y Pío Baroja, y madre de Julio y Pío Caro Baroja

Maeztu sobre Baroja

¿Qué le falta a nuestro Pío Baroja para ser, de verdad, gran novelista? Lo tiene todo o casi todo: la fuerza lírica, el humor, la compasión, el sueño, la vocación a prueba, porque escribe volúmenes tras volúmenes, sin necesidad de ganarse la vida con la pluma, hasta cuando apenas tiene nada que decir. Dispone también de buen estilo, aunque no falte quien se lo haya discutido. ¿Qué le falta, entonces? Una sola cosa: tradición. Ni sus personajes ni sus temas están emplazados en la tradición española. Su siglo XIX no es una centuria que surja del XVIII y lleve al XX, sino un tiempo sin tiempo, en que los españoles habían perdido la memoria. Los principales personajes barojianos parecen haber caído de la luna. No tienen la menor idea de dónde vienen, ni a dónde van. Al propio Zalacaín lo que le falta precisamente, para ser grande, es conocer la tradición contra la cual combate. Porque es muy cierto que muchos españoles del siglo XIX fueron así, pero esta es, precisamente, la causa de su carencia de valor.

RAMIRO DE MAEZTU, fragmento de Los del 98, extraído de la página galeon.com (AQUÍ)

Rojas sobre Parra

GRACIAS Y DESGRACIAS DEL ANTIPOETA

[NOTA DE GONZALO ROJAS]: Versaina ya remota (1967) y escrita en una hora, publicada por Ángel Rama en la revista Marcha de Montevideo; respuesta a algún agravio pendenciero. Quiérase ver en ella lo que fue: ligereza y salud, un ejercicio punitivo y airoso, más riente que áspero, un juego a eso de mojarle al otro la oreja, de niño a niño. Que lo digan Góngora o Quevedo.

Antiparriendo, remolineando,
que Kafka sí, que Kafka no,
buena cosa, roba-robando,
se va Cervantes y entro Yo.

Me llamo Nick, me llamo Nack,
me pudro y pudro lo que toco.
Díganme loca, díganme loco,
pero más grande me gusta más.

Publiquen grande lo que escribo,
que se oiga en USA y en Moscú.
Sabes que más, Rimbaud: ni tú.
Me arrastro, claro, pero arribo.

Me arrastro y subo y tengo precio.
Yo sí que soy la gloria. A ver
que vale más: ser o tener.
Me abanico con tu desprecio.

Me pregunto de dónde vengo
con tanta gracia, violín, violán,
si de New York o de Chillán,
o si apenas vengo de Rengo.

Pero lo cierto es que no hay quién,
no hay quién, no hay quién, no hay quién, no hay quién
no hay en ninguna parte quien,
absolutamente no hay quién.

Pues antiyendo y antiviniendo
antitumadre y antimateria
aquí me tienen en la feria
antiescribiendo y antisiendo.

Me dieron orden de envenenar
de envenenar la poesía,
Maldita tu tía y la mía
y me la tengo de viciar.

Venid lesbianas y maricos,
lisérgicos todos, venid.
Sacad del quod, meted el quid:
qué gusto ser gusto de ricos.

Bailemos la antipoesía
La antipoé con la antipó
Mi tío se mea en tu tía
Y Baudelaire se te acabó.

Dicen que dicen soy el único
con mi artefacto original,
que soy el sol, que soy la sal,
patán, patudo, patatúnico.

Yo soy, yo soy el Individuo
y el dólar me dio la razón:
arreglín, qué más, arreglón,
individuo color residuo.

Las cosas pasan porque pasan
y pasa este mundo al revés,
cuando escribo pienso en inglés,
todas mis gringas se me casan.

Antiparriendo, remolineando,
que Kafka sí, que Kafka no,
buena cosa, roba-robando,
se va Cervantes y entro Yo.

Y que me acusen al Che Guevara
que escribo versos de salón:
nadie me dice maricón;
que tanto Ché, prefiero mi cara.

Si pudiera poder y pudiera
Cuba sí con yanquis también
pero lo cierto es que no hay quién
aunque diera la vuelta entera.

Ahora mismo no sé qué hacer
con tanta pinta pero me agacho:
aprende a morir como macho
me dijo un día mi mujer.

Que estoy afónico, que Neruda:
que de una vez termine la farra:
que quién me pasó la guitarra:
que Dios le ayuda al que la suda.

Que no haga el loco ni la loca,
que uno más no es ningún portento
que a partir de cierto momento,
que el peje muere por la boca.

Y qué tanta bulla de inglés
si aquí termina el zafarrancho,
y la chancha le dijo al chancho
antiacabemos de una vez.

Por último déjenme suelto,
total ni Whitman ni Picasso
y al mismo Dante por si acaso
¡juntos sí pero no revueltos!

Digan que sí, digan que no,
digan que soy un comemierda:
que aquí se me acaba la cuerda:
que si Cervantes, que si Yo.

Pero lo cierto es que no hay quién,
no hay quién, no hay quién, no hay quién, no hay quién
no hay en ninguna parte quien,
absolutamente no hay quién.

Rima pobre, métete el miedo:
rima rica con disimulo:
¡gracias y desgracias del culo
como ya lo dijo Quevedo!

GONZALO ROJAS, Metamorfosis de lo mismo. Poesía completa, Visor, Madrid, 2003, págs. 540-543.

Baquero sobre Neruda

[...] Hay, de entrada, tres Nerudas. El primero, romántico, dulce, trovador de anécdotas sentimentales, con intenso influjo sobre los jóvenes sensibles y los galanes enamoradores. Es el Neruda recitable, salonier, miembro de una legión de llantos, manos convulsas, corazones trémulos bajo la luna, etc., que no iba a pasar de uno más en la poesía de esta erotizada y emotiva América Hispana.

De ahí salió Neruda en busca de una mayor verdad. Los tiempos, la experiencia chilena en poesía -que es de las más vastas de América-, los ejemplos de contemporáneos suyos, iguales o superiores, pero con menos suerte en lo de la publicidad y el reclamo -Pablo de Rokha, Rosamel del Valle, Humberto Díaz-Casanueva... ¡y el maestro Huidobro!-, lo condujeron a trabajar una poesía más o menos profunda, pero rica, variada, ambiciosa de expresar visiones, conceptos, invenciones pertenecientes al nuevo modo de entender el papel demiúrgico, mágico, milagrizador del poeta. Y ese Pablo Neruda escribió Residencia en la tierra. Quien dio una obra como esa a la poesía hispanoamericana, ya tiene derecho a figurar en la ringlera de los grandes poetas. La influencia alcanzada por Neruda con este libro en América y en España fue tan considerable, que sólo por capricho puede ser olvidada. Parecía a muchos que se había repetido el caso de Darío, llevando allá un renacimiento. El libro tenía una fisonomía tan recia -esto no tiene nada que ver con influencias, precedencias y maneras-, unos aciertos tan indiscutibles, un grupo de poemas mayores en la lírica de cualquier tiempo y país, que se impuso con la fuerza de las cosas que quedan. Residencia en la tierra es un peldaño, una estación, una fecha miliar en la poesía hispanoamericana.

Pero hay el tercer Neruda. El político, el repetidor de sí mismo, el agotado hasta el vacío. Será tema para una sutil discusión el establecer si se agotó porque fue a la política comunista, o si fue a la política comunista porque ya no tenía nada que decir. En una dirección o en otra, el hecho cierto, a la vista de todos, es que después de Residencia en la tierra, Neruda se convirtió en un fabricante de poemas "a la manera de Neruda". Ha dado panfletitos políticos de cuarta clase, como ese Canto general, que fue realmente un "Desencanto general". Y el único título que tiene hoy para seguir figurando entre los poetas principales de América por lo que hace, es el de editor pulcro. A medida que escribe peor, edita más bellamente. La sonsera de las Odas está encerrada en un libro espléndido, desde el punto de vista tipográfico.

Y así el tercer Neruda, el deshecho por la cárcel mental del comunismo, el uncido de las consignas y de los tediosos vaivenes de la estrategia rusa, no cuenta para nada en la poesía. ¡Pero atención a los prejuicios a las generalizaciones! No estamos ante un caso de unidad, sino de tricefalia. Que el Neruda de hoy no funcione, y que el primer Neruda funcionara dentro de un marco trivial, no quita que haya existido el Neruda del medio, el de la plenitud. Ese hombre ha pasado por tres etapas: dos de ellas repudiables, la primera y la actual, y una intocable, poderosa, llena de vigor y de mágico asombro ante el mundo profundizado. Del Neruda romántico podemos prescindir; del Neruda comunista, mejor no hablar, ya que es un títere y un sin voluntad propia como otro comunista cualquiera; pero del Neruda autor de Residencia en la tierra, digamos las alabanzas mayores y guardemos la más reverenciadora memoria.

GASTÓN BAQUERO, fragmento de Polémica inútil por Neruda, publicado en Diario de la Marina, 6 de febrero de 1958, y recogido en Geografía literaria (1945-1996), Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2007, págs. 165-167
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Góngora sobre Quevedo

¿Quién se podrá poner contigo en quintas,

después que de pintar, Quevedo, tratas?

Tú escribiendo ni atas ni desatas;

y así, haces lo mismo cuando pintas.

Poesía y pintura son distintas,

y ambas cosas en ti son poco gratas,

pidiendo tuertos ojos, cojas patas,

sátiras varias y diversas tintas.

Imita el mesmo Ovidio al mesmo Apeles;

tu pintura será cual tu poesía,

bajo los versos, tristes los colores.

Veremos en tus tablas y papeles

ser igual el poder y la osadía

de los malos poetas y pintores.

LUIS DE GÓNGORA, recogido por Ramón Gómez de la Serna en Quevedo, Espasa-Calpe, Madrid, 1962, pág. 178.

Jiménez sobre Lorca

Lorca tiene valor y orijinalidad, pero no está hecho. Sus romances tienen trozos buenos, pero son abiertos, deshechos, inconsecuentes. Creo que los amigos de Lorca hacen mal en exaltarlo de ese modo, porque con ello no hacen sino contribuir a su desmoralización y abandono.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Estética y ética estética, Obras selectas I, RBA - Instituto Cervantes, Barcelona, 2005, pág. 703

Ferrater sobre Mailer

No he sido en absoluto capaz de descubrir qué sentido tiene esta novela –y, por lo que recuerdo, una cosa por el estilo les ocurrió a todos los reseñistas cuando salió–. El argumento podría ser de Dashiell Hammett: una muerte violenta cada veinte páginas, y toda la cabalgata de policías violentos y embusteros, de dives en el Village, de putas que parecen muy baratas pero que quizá son muy caras, de negros e italianos con cuchillos, de millonarios que quieren violar a sus hijas quinceañeras, etc. –con el añadido de una dosis muy considerable de pornografía, y de unas conversaciones kierkegardo–dostoievskianas sobre la muerte y Dios y el Demonio y el infierno–. Todo esto en una prosa infecta, que parece mentira que salga del autor del maravilloso reportaje sobre el match Liston-Patterson. Lo que más sorprende, sin embargo, es su extraordinaria ingenuidad sexual. El protagonista, por ejemplo, asesina a su mujer, de la que vive separado, cuando ella le dice que practica normalmente la fellatio con todos sus amantes (cosa que él le enseñó). Después de esto, se tira a la criada de la mujer, y le entra alternativamente por el coño y por el ano, y todo su problema es saber dónde eyaculará, y al final se decide por el ano porque parece que la humilla más. Una mentalidad de niña de convento.

Supongo que la única hipótesis caritativa es que no se trata en realidad de una novela, y que la clave la da el título: es un “sueño”, en el cual Mailer acumula todas las frustraciones y obsesiones que atribuye a sus compatriotas. Pero nunca acabamos de estar seguros de que él no participe de toda esta estupidez –o sea, que el hombre no ha llegado a controlar su tono–. ¿Qué hacemos, por ejemplo, con la última frase del penúltimo capítulo (p.247)?

En definitiva, creo que la censura tendría buen cuidado de que la novela no fuera publicada en España, y que haría un buen favor al país.

GABRIEL FERRATER, Noticias de libros, Península, Barcelona, 2012, págs. 274 y 275.

Rojas sobre Paz

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ: Y de la poesía española contemporánea, ¿le interesa algún nombre?
GONZALO ROJAS: Son buenos poetas. No es cierto que esté decaída la poesía totalmente acá, que ustedes sean farragosos, perdónenme, no es cierto.

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ / JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS: No nos haga sufrir. 
GONZALO ROJAS: Yo te lo digo, a nosotros en América se nos ofrecen farragosos. Recuerdo haber hablado con Octavio tantas veces de cosas así, con Octavio Paz y sí sabía la cosa. No era un gran poeta, así de fundamento máximo, porque era letrado, hiperlúcido, se lo comía la lucidez. No le funcionaba del todo ese otro juego más animal de un Vallejo, por ejemplo, que te lo dice sin decir, ¿no?, que es de un arrebatado... Y llama la atención: nunca habló Paz de Vallejo. Tampoco otro genio, lúcido y crítico, que se llama para nosotros Borges. No habló de Vallejo ¿qué pasa de eso? En cambio aquí en España se respeta a Vallejo y se le quiere a Vallejo.

GONZALO ROJAS, entrevistado por Mª Ángeles Pérez López y Juan Antonio González Iglesias para La Estafeta del Viento, primavera-verano de 2003. Toda la entrevista AQUÍ

martes, 29 de enero de 2013

Maeztu sobre Unamuno

¿Por qué es el señor Unamuno la primera figura intelectual de España? No será ciertamente por la perfección de sus obras. El señor Unamuno es novelista. Pero sus novelas carecen de interés como novelas. Son interesantes por el espíritu que revelan. El señor Unamuno es poeta. Pero su poesía no es tampoco ejemplar como poesía. Aunque hay música en el alma del señor Unamuno, no acierta a encarnar en sus palabras. Es ensayista, unas veces excelente, las mas no. Ha propuesto numerosas interpretaciones de la historia de España. Quizás acierte en alguna de ellas, pero todas son igualmente arbitrarias. Su mejor obra es la religiosa: El sentimiento trágico en la vida y en los pueblos. Es una obra llena de fuego y de saber, pero el sentimiento que la inspira, que es el deseo del señor Unamuno de no morirse, en lucha contra la razón que le asegura que ha de morirse, no puedo menos de considerarlo egoísta y mezquino. La categoría de muerte y resurrección me parece ser el más pobre de los aproches al problema religioso.

RAMIRO DE MAEZTU, fragmento de Los del 98, extraído de la página galeon.com (AQUÍ)

Marías sobre García Márquez

SOL ALAMEDA: ¿Se considera un esforzado de la literatura, un trabajador nato?
JAVIER MARÍAS: Sí. En el sentido de que sigo poniendo los cinco sentidos. Y manteniendo una tensión a la hora de escribir que quizá es bueno tener, pero quizá impropia de alguien supuestamente ya reconocido. Yo no digo que si uno piensa que ya lo ha hecho todo, te puedan salir cosas muy buenas, pero, por ejemplo, he leído el último librito de García Márquez, que es un grandísimo autor, y la verdad es que me he quedado muy decepcionado. Formalmente es un libro muy bien escrito, pero, desde mi punto de vista, muy inane, algo antipático, sórdido, tópico y muy decepcionante. Eso le puede pasar a cualquiera, y como lo sé, nunca me confío.

JAVIER MARÍAS, entrevistado por Sol Alameda para El País Semanal 12 de diciembre de 2004. Toda la entrevista AQUÍ

Benet sobre Joyce y Woolf

Me corresponde hablar de Faulkner como uno de los innovadores de la narrativa de este siglo; otros les hablarán luego de Proust, de Joyce y de Virginia Woolf. Ciertamente en el panorama literario-crítico son cuatro nombres que se consideran sacrosantos. Los cuatro han echado su cuarto a espadas para renovar la narrativa. Pero desde mi punto de vista -nada erudito ni profesoral, nada "técnico"- lo han renovado de muy distinta manera y desde puntos de vista dispares. Por decirlo de manera simple, tenían talentos muy diferentes, cualitativa y cuantitativamente. De hecho, a mi juicio, Virginia Woolf no tenía demasiado; su obra, aburrida y carente de interés, está bien para quien le guste mucho tomar el té a las cinco de la tarde, pero si alguien quiere regodearse en una obra literaria para sacar un buen pensamiento no le dejará más que hambre... Lo más meritorio de Virginia fue su muerte, una muerte heroica eso sí: se llenó de piedras los bolsillos de su vestido y se tiró a un río poco después de que estallase la Segunda Guerra Mundial.

Tampoco Joyce es un personaje de mi interés; tuvo una carrera literaria honesta en cuanto a creador estilístico, en el sentido de que nunca se conformó con lo que hizo ni intentó vender dos veces el mismo producto. Cuando había conseguido uno saltaba al siguiente; pero, demasiado ofuscado con su falso invento del stream of consciousness, lo llevó más allá, lo llevó más adelante en cada salto (de Dublineses al Retrato del artista adolescente, de éste al Ulysses, delUlysses a Finnegan's Wake) y fue encerrándose en su propio invento, absolutamente convencido -como un profeta de voz admonitoria- de que con él se llega a un tope, a un techo en el arte narrativo, así que tendió a su destrucción, a retirar todos los elementos del engranaje y dejarlos aislados uno a uno en el papel. De hecho nadie ha leído su Finnegan's Wake, que es intraducible y nada produce (como no sea quinientas tesis en las universidades norteamericanas); es una obra, como le dijo Wells, que sólo le había divertido y le divertía a él. Nadie lo sigue cómodamente en su casa, en una butaca; pues hay que estudiarlo muy profundamente; no bastan las herramientas ordinarias, hay que tener conocimientos tan personales como los de Joyce, y no siendo James Joyce uno no se entera de nada.

En ese sentido, hay alguien que tiene mucho más mérito, a quien no se ha incluido aquí porque han hablado de él ya en otro coloquio anterior... Es Kafka. Un individuo que, a mi modo de ver, tiene una altura literaria incomparable con la de Joyce o la de Virginia. No cabe duda de que Kafka, Faulkner y Proust constituyen la trilogía planetaria de la literatura del siglo XX.

JUAN BENET, Ensayos de incertidumbre, Random House Mondadori, Barcelona, 2012, págs. 396 y 397.

Bolaño sobre Neruda (2)

De entre todos los libros, los de memorias son los más engañosos del mundo pues en ellos el disimulo llega a alturas a veces insospechadas y sus autores generalmente sólo buscan la justificación. La pompa y los libros de memorias suelen ir juntos. Las mentiras y los libros de memorias hacen buenas migas. No se ha visto (aunque hay excepciones) a ningún memorialista hablar mal de sí mismo o ridiculizarse o relatar con frialdad un episodio vergonzoso de su vida, como si en ellos los episodios vergonzosos no existieran. Ningún memorialista ha hecho nunca gala de su cobardía. Al contrario, no sólo son valientes sino que generalmente suelen vivir o pasearse por el ojo del huracán. El ejemplo más flagrante de este tipo de memorialistas, en la historia literaria reciente, es Pablo Neruda y su lamentable Confieso que he vivido.

ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, pág. 114.

El físico Richard P. Feynmann contra la mayoría de los poetas por su poco conocimiento de la naturaleza

Sra. de Weiner
Del Mar, California

No he respondido a su carta del 7 de julio antes de ahora porque estaba de vacaciones y justo ahora me pongo a responder el correo que se ha acumulado durante este verano.

Lo que decía en mis comentarios sobre los poetas no pretendía ser una queja porque los poetas modernos no muestren interés por la física moderna; de lo que me quejaba era de que no muestran un aprecio emocional por los aspectos de la Naturaleza que se han revelado en los últimos cuatrocientos años.

El poema del señor Auden sólo confirma esta falta de respuesta a las maravillas de la Naturaleza pues él mismo dice que le gustaría saber más claramente "para qué qué queremos el conocimiento". Lo queremos para poder amar más a la Naturaleza. ¿No daría vueltas a una bella flor en su mano para verla también desde otras perspectivas?

Por supuesto, los hombres también buscan el conocimiento con muchos otros fines, para hacer la guerra, para tener un éxito comercial, para ayudar a los enfermos o a los pobres, etc., motivos con diversos valores. Los poetas entienden estos motivos obvios y sus consecuencias y escriben sobre ellos. Pero las emociones de asombro, maravilla, deleite y amor que experimentan al descubrir cómo trabaja la naturaleza en los mundos animado e inanimado, raramente se expresan juntos (pues son sólo uno) en la poesía moderna donde el aspecto de la Naturaleza que hay que apreciar es el que podría haber sido conocido para los hombres del Renacimiento.

Y la insensibilidad de nuestra época, tan lamentada, es una insensibilidad que sólo puede ser aliviada por el arte, y desde luego no por la ciencia sin arte. El arte y la poesía pueden evocar la belleza y hacer poco a poco la vida más bella.

Lo que lamento es que el tipo de belleza intensa que veo que me da la ciencia, sólo lo ven otros pocos; pocos poetas y, por lo tanto, aún menos personas corrientes.

Por otra parte, quizá usted tenga razón, porque yo he leído muy poco. Pero al menos el ejemplo que usted adjunta sólo confirma mi idea; pues un poeta moderno está confesando directamente que no entiende el valor emocional del conocimiento de la Naturaleza.

Atentamente,

Richard P. Feynman

RICHARD P. FEYNMAN, ¡Ojalá lo supiera!, Crítica SL, Barcelona, 2005, págs. 249 y 250, traducción de Javier García Sanz

Paz sobre Unamuno

Unamuno como personaje me es profundamente antipático. Es un gran escritor antipático, un hombre que ha dicho "que inventen otros" y además que "quiere salvarse con todo y con zapatos"; es un ser que me estremece y no me inspira simpatía.

OCTAVIO PAZ, entrevistado para el programa de televisión "A fondo" por Joaquín Soler Serrano y recogido en Escritores a fondo, Planeta, Barcelona, 1986, pág. 222

Azancot sobre Benet y Vizcaíno Casas

Las razones por las cuales una parte muy considerable de la crítica no se ocupa jamás de los libros de Vizcaíno Casas son, fundamentalmente, tres: se estima que es un mal novelista, se rechaza su posición política, se desdeña su éxito multitudinario.

¿Mal novelista? Yo también pienso que es un novelista mediocre, pero no más mediocre en cuanto novelista que Juan Benet, tan exaltado por muchos: para mí, uno en basto y el otro en fino, son escritores que están exactamente a la misma distancia de los maestros del género -una distancia muy grande-. Benet disimula su vacío con referencias culturales, verbalismo desenfrenado y pretensiones de profundidad; Vizcaíno Casas, sobre todo, con demagogias de derecha. 

LEOPOLDO AZANCOT, Chicas de servir, ABC, 23 de noviembre de 1985. Toda la crítica AQUÍ

Canetti sobre Ehrenburg

Me repugna Ehrenburg en sus memorias. El superviviente al que nada le es ajeno. Mil ochocientas páginas de memorias y cien mil o quinientas mil páginas de artículos periodísticos. ¿En qué campos de batalla no estuvo? ¿A quién no conoció? ¿Qué celebridad no lo impresionó? Y uno siempre se pregunta (aunque él no responda): ¿a quién no habrá traicionado para salvarse? Lo leo con interés y repulsión, pero no es una repulsión sana. Es desesperación por todo lo que ha silenciado. ¡Es tanto lo que alguien así tiene que decir para silenciar tanto! ¿Es de extrañar que resultara sospechoso? Yo no soy ninguna víctima, pero al leerlo tengo que sospechar de él constantemente. Es un producto demasiado dócil de su época. No es de extrañar que una vida tan pegajosa endiose árboles.

¿Qué hubiera podido hacer después de semejante vida? Hubiera debido huir y, en algún entorno inocuo y sin importancia, cualesquiera fueran las condiciones, escribir sus verdaderas memorias, ni a favor ni en contra de Rusia, sin ser ya instrumento de nadie, sin ninguna justificación, sino diciendo la verdad, por dañina que fuera para él y para otros, pero la verdad pura y dura, la verdad desnuda, la verdad.

ELIAS CANETTI, Libro de los muertos, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2010, pág. 79, traducción de Juan José del Solar

Bousoño sobre Valente

CARLOS BOUSOÑO: [...] Lo que sí está obligado a tener y a demostrarnos un poeta es una voz poética propia. Creo que los poetas excluidos de «Las ínsulas extrañas» han cumplido del todo con esta única obligación. Pero si nos fijamos en la trayectoria de José Ángel Valente, quien se dedicó a atacar ferozmente a los poetas que había admirado en su juventud (véase «Poeta en tiempo de miseria», contra José Hierro, además de los poemas contra Gabriel Celaya y contra el excelente poeta catalán Alfonso Costafreda, quien aparentemente tuvo un grandísimo disgusto por el injusto ataque de quien había sido su gran amigo). Podemos afirmar con cierta objetividad que las exclusiones de «Las ínsulas extrañas» responden a un factor claramente personal. Si la llamada por mí «generación del pensamiento insólito» es, como dice Sánchez Robayna, «la generación más premiada y de mayor reconocimiento en la actualidad», entonces basta ese hecho para que fuera excluida por Valente, quien a pesar de sus grandes dotes poéticas «no soportaba que nadie le hiciera sombra», como ha dicho el poeta asturiano José Luis García Martín. Y si a ello añadimos que dicha generación es muy afecta a Francisco Brines y a Ángel González quedan claros entonces sus «méritos» para no ser incluida en la citada antología.

PREGUNTA: Y ¿en su caso?
CARLOS BOUSOÑO: Por lo que a mí respecta puedo decir que la primera época de mi poesía se caracteriza por una voz adolescente inexistente hasta entonces en la poesía española. La poesía de mi segunda época se caracteriza a su vez por una abundante metaforización no menos, creo, singular. No puedo, pues, considerarme, en cuanto poeta, ni continuista ni conservador. Por lo demás, José Ángel Valente fue alumno mío voluntario en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Me profesó una gran y hasta entusiasta amistad, hasta que un día, de repente, empezó a atacarme. No me sorprendió, por tanto, verme incluido entre los insignes poetas excluidos de esa extraña antología titulada «Las ínsulas extrañas».

PREGUNTA: ¿Cree usted en las antologías?
CARLOS BOUSOÑO: En principio sí creo en las antologías que sean hechas por personas especialmente preparadas para ello, cuando se hagan siguiendo criterios estrictos de objetividad y sin prejuicios ni intereses personales.

CARLOS BOUSOÑO, "No me sorprende verme entre los insignes poetas excluidos de esta extraña antología", ABC, 22 de septiembre de 2002 (AQUÍ)