Reig sobre Javier Marías

Siendo aburrido, Javier Marías no se parecía gran cosa a Juan Benet: los de Marías eran tostones de fabricación casera, casi artesanal, a menudo incluso legibles. Sin embargo, consiguió que los mandarines se libraran de esa posición incómoda (o brete) en la que ellos mismos se habían colocado al proclamar la poderosa influencia de Benet.

En agradecimiento, decidieron otorgar a Javier la etiqueta de "gran novelista".

El joven Marías se envalentonó. Cada año escribía ladrillos más contundentes, en varios tomos de trescientas páginas, fárragos perifrásticos llenos de digresiones, circunloquios y etimologías improvisadas.

RAFAEL REIG, Manual de literatura para caníbales, Debate, 2006, Barcelona, pág. 295.

Capote sobre Dylan

Siempre he pensado que Dylan era un farsante. Desde luego no es un muchachito que canta canciones líricas. Es un oportunista que quiere hacer carrera y sabe muy bien dónde va. Además, es un hipócrita. Nunca he comprendido por qué le gusta a la gente. No sabe cantar.

TRUMAN CAPOTE, recogido por Jordi Sierra i Fabra y Jordi Bianciotto en Bob Dylan, Ediciones Folio, 2005, pág. 113.

Bernhard sobre Shakespeare, Molière y Lope de Vega

El señor Peymann, como usted sabe, sufre de la incurable enfermedad de los clásicos, que, como también sabe usted, en los últimos meses se ha vuelto maligna y galopante; y ya veo que este señor no dejará de llevar a la escena hasta que se muera todos esos insoportables, primitivos y ordinarios autores clásicos ingleses, franceses y españoles conocidos y temidos bajo los nombres de Shakespeare, Molière, Lope de Vega, etcétera, y que desgraciadamente son indestructibles en su primitivismo, vulgaridad e inconsistencia.

En mi opinión, estos escritores de dramones han envenenado los teatros de toda Europa e incluso del mundo entero hasta los cimientos y por tiempo indefinido, y por desgracia no se podrán sanear nunca más de la plaga clásica. Chernobil, ese esperpento soviético-ortodoxo, no es nada comparado con una de esas piezas de Shakespeare que explotan cada día, al menos una vez, en cualquier parte del mundo; una Tempestad shakespeariana causa más daño a Europa que 10 catástrofes del tipo de la de Chernobil o incluso de Basilea, créame. Shakespeare, él solo, ha contaminado y destruido el mundo teatral por siglos, por no decir eternidades, ¡créame! Y el señor Peymann nos cuenta que en marzo pone en escena Tartufo, por cierto una de las obras de teatro más tontas que jamás se han escrito y sacado a un escenario, créame, yo sé lo maravilloso que resulta cuando se saca un vaso de cerveza al escenario, créame, pero jamás una obra dramática.

THOMAS BERNHARD, Mi "Feliz Austria", El País, 19 de febrero de 1989, traducción de Genoveva Dieterich. Todo el artículo AQUÍ

Pavese sobre Stendhal y Hemingway

Stendhal-Hemingway. No narran el mundo, la sociedad, no dan la sensación de acceder a una amplia realidad, al interpretar selectivamente, a voluntad, como Balzac, como Tolstói, como etcétera. Tienen una constante de tensión humana que se resuelve en situaciones sensorio-ambientales expresadas con absoluta inmediatez. Otras no se podrían expresar como lo hacen los susodichos. Sobre esta constante han edificado una ideología, que es, en resumidas cuentas, su oficio de narradores: la energía, la claridad, la no-literatura.

Flaubert elegía un ambiente; ellos no.
Dostoievski construía una mundo dialéctico; ellos no.
Faulkner estiliza atmósferas y mitologiza; ellos no.
Lawrence indagaba una esfera cósmica y la enseñaba; ellos no.
Son los típicos narradores en primera persona.

CESARE PAVESE, El oficio de vivir, El País, Madrid, 2003, traducción de Ángel Crespo, págs. 399 y 400.

Naipaul sobre Baroja, Borges, Forster, Dickens y Rushdie

Hombre altanero e independiente, celoso de su intimidad, hiriente casi siempre por la sinceridad de sus declaraciones y precedido en cualquier lugar que visita por su fama de misántropo, ha "cultivado" a lo largo de su vida serias enemistades en el siempre susceptible panorama literario mundial, donde se ha despachado a gusto contra la tibieza moral o la dudosa calidad artística de grandes autores consagrados, sin omitir en ningún momento los nombres propios de aquéllos a los que denigra por no comulgar con sus ideas o, simplemente, por considerar que su obra no está a la altura de la fama de que gozan. Así, v. gr., de Charles Dickens afirmó que "murió por autoparodiarse"; de Pío Baroja sostuvo que era un novelista pésimo (al mismo ínfimo nivel -siempre según su opinión- que el resto de la literatura escrita en lengua española, de la que sólo salvó la producción de los autores del Siglo de Oro), y añadió que su Zalacaín el aventurero "es una auténtica tontería"; al poeta y narrador argentino Jorge Luis Borges lo censuró por su "anglofilia pobre", por su falta de profundidad y por su "poesía de escape", y llegó a afirmar acerca del conjunto de su obra que "ensalza el pasado con falsedades, un pasado heroico que no es heroico"; y a Edward Morgan Forster, famoso por haber analizado en su obra A passage to India (1924) las relaciones entre los británicos residentes en la India y los naturales del vasto subcontinente asiático, lo tachó de "homosexual desagradable", responsable de haber escrito "auténtica basura" y de haberse aprovechado de la indefensión y vulnerabilidad de los indios, de los que no sabía nada que no estuviera relacionado con "los jovencitos a los que deseaba seducir". Respecto a Salman Rushdie y la conmoción causada en el mundo islámico por la aparición de sus Versos satánicos, despreció el alcance literario del autor asegurando que no tenía tiempo para leer sus novelas, al tiempo que calificaba la fatwa dictada contra Rushdie por el ayatollah Jomeini como "una forma extrema de crítica literaria".

J. R. FERNÁNDEZ DE CANO, Naipaul, Vidiadhar Surajprasad, La web de las biografías (AQUÍ)

Bryce Echenique sobre el "boom" latinoamericano

SILVINA FRIERA: ¿Por qué usted no formó parte del boom de la literatura latinoamericana?
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE: Yo me he sentido siempre muy marginal de todo, soy lo que se llama un escritor de frontera, como Proust, que se mueve entre un mundo judío y católico. Siempre he estado, como dicen los franceses, “entre dos sillas con el culo en el suelo” (risas). Yo era muy incómodo, no me dejaba incluir o clasificar fácilmente. 

SILVINA FRIERA: ¿Qué es lo que incomodaba de su literatura?

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE: El humor, porque la literatura del boom era muy seria, muy grave. Cortázar, que es como mi hermano mayor, escribió que cuando un latinoamericano se hacía escritor se volvía serio. No había ni una gota de humor en Carpentier, en Asturias, en Rulfo, en Vargas Llosa. Además, consideraban que el humor podía ser reaccionario porque al reírse no se veía bien la realidad. Fijate la gravedad de los títulos de los escritores del boom: Cien años de soledad, El otoño del patriarca, El siglo de las luces... ¡qué aburridos! Tito Monterroso, que fue un maestro de la ironía, participó del proyecto que armaron los escritores del boom para hacer varias novelas sobre cada uno de los dictadores, pero Monterroso, mientras investigaba, descubrió que la mamá del dictador guatemalteco era alcohólica y el papá le pegaba, y me acuerdo de que Tito me dijo que prefería no escribir sobre el dictador porque le estaba entrando una ternura por el personaje... 

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE: “La novela es acto de rebeldía contra el destino”, entrevista de Silvina Friera publicada el 16 de abril de 2005 en Página/12. Toda la entrevista AQUÍ

D'Ors sobre Dickens

Cuando empezó a popularizarse la tricromía, las gentes pensaron que se trataba de una cosa distinta y más noble que el cromo.

...Lo que la tricromía es al cromo, la literatura de Carlos Dickens es a la literatura anecdótica corriente.

EUGENIO D'ORS, El valle de Josafat, Colección Austral, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1946, pág. 152.

Pavese sobre Cummings

diciembre de 1949

El hallazgo de Graves (The common Asphodel) de ampliar a soneto retórico-descriptivo una poesía telegráfica de Cummings, para demostrar cuánta razón tenía de escribir de manera deshuesada e impresionista evitando el cliché enteramente contemplado y previsto en el soneto regular –demuestra una sola cosa: que ni soneto ni poesía futurista debieron ser escritos. En efecto, la poesía de Cummings no es más que un juego sensorial de sensaciones e imágenes (lo demuestra la paráfrasis) que no dice más que un cliché. La poesía debe decir algo y en consecuencia es inútil que viole la lógica y la sintaxis, modos universales del decir. Lo demás es literatura.

CESARE PAVESE, El oficio de vivir, El País, Madrid, 2003, traducción de Ángel Crespo, pág. 458

Heiner Müller sobre Bernhard

Thomas Bernhard es también un funcionario. Escribe como si estuviera empleado por el Estado austríaco para escribir contra Austria […] Lo que el Estado necesita es el escándalo. Un escándalo así cumple una importantísima función de válvula de escape. Desvía la atención de todas las cuestiones que, en realidad, habría que plantear en Austria.

HEINER MÜLLER, fragmento de una entrevista a Der Standard en 1988, recogida por Miguel Sáenz en Thomas Bernhard: Una biografía, Siruela, Madrid, 1996, pág. 194

Paz sobre Sartre

Sartre escribió tratados de filosofía y ensayos de política, libros de crítica y novelas, cuentos y piezas de teatro. Profusión no es excelencia. Sus dones no eran los del artista: con frecuencia se pierde en digresiones y amplificaciones inútiles. Su lenguaje es insistente y repetitivo: el martilleo como argumento. El lector acaba cansado, no convencido. Si su prosa no es memorable, ¿qué decir de sus novelas y cuentos? Escribió relatos admirables pero le faltaba el poder del novelista: la capacidad de crear mundos, ambientes y personajes. El mismo reproche pudo hacerse a sus piezas teatrales; recordamos las ideas de Les Mouches y de Huis-Clos, no a los fantasmas que las exponen. En su búsqueda del hombre concreto Sartre se quedó muchas veces con un puñado de abstracciones. ¿Y su filosofía? Sus contribuciones fueron valiosas pero parciales. Su obra no es un comienzo sino una continuación y, a veces, un comentario de otras. ¿Qué quedaría de ella sin Heidegger?

OCTAVIO PAZ, Memento: Jean-Paul Sartre, Excursiones/ Incursiones, Obras Completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2000, págs. 434 y 435.

Pound sobre Barnes

No todos se entusiasmaron con El bosque de la noche. Eliot no consiguió convencer a André Gide de que escribiera un prólogo a la traducción francesa; aunque seguramente no la había leído, se mostró reacio a comprometerse por una escritora que apenas conocía. A Ezra Pound no le gustó la novela de Djuna; le parecía un "embrollo"; comentó a Natalie Barney que creía que era mejor Ladies Almanack. Al despreciar la novela de Djuna desacreditaba a Eliot como crítico. Pound escribió una vez unos versos jocosos sobre Djuna en una carta a F. V. Morley, el colega de Eliot:

Había una vez una dama llamada Djuna
que escribía casi como un mono. Su
prosa hinchada no tenía pies ni cabeza;
ojalá la Ballena lo descubra pronto.

PHILLIP HERRING, Djuna Barnes, Circe, Barcelona, 1997, traducción de Ángela Pérez, pág. 238

Gil de Biedma sobre Jiménez

He terminado de leer la Segunda antología de Juan Ramón Jiménez, con vistas a una selección para Seix Barral. He confirmado mi antigua idea de que el primer Juan Ramón es el mejor –increíble descenso (hacia la tontería pura) a partir del Diario de un poeta recién casado; curioso cómo una poesía cuyos principales objetivos son la intensidad y la brevedad se queda en palabrería vana.

JAIME GIL DE BIEDMA, Diarios 1956-1985, Lumen, Barcelona, 2015, pág. 362
Publicado por Neorrabios@ en 8:46

Nin sobre Thomas

El Bosque Lácteo me ha parecido infantil, simple chismorreo de aldea en cancioncillas de guardería, humor de pub, vapores de cerveza, y el propio Dylan Thomas parece un bebé que ha crecido demasiado.

ANAÏS NIN, Diario V (1947-1955), Bruguera, Barcelona, 1981, traducción de Ernestina de Champourcín y Ascensión Tudela, pág. 154

Zola sobre La Rochefoucauld

La Rochefoucauld es frío e irónico desde el primer momento; su fisonomía no inspira ninguna simpatía; sentimos en él a un enemigo declarado, un observador perseverante que te estudia sólo para cogerte en falta. Es un gran egoísta, no un egoísta bonachón e ingenuo como Montaigne, sino un egoísta que parece consolarse de sus sufrimientos analizando los sufrimientos de otros. Es cierto que también derramó sus lágrimas; pero no encontramos en él la grandeza de las desesperaciones de Pascal; no sabríamos compadecerlo porque sus penas son solo las mezquinas decepciones de un ambicioso frustrado en sus esperanzas. La Rochefoucauld es un hombre de mundo que, poco a poco, perdió sus ilusiones en amor y en política: se muestra triste, descontento de todo; cuando la enfermedad lo fuerza por retirarse, se hace decididamente misántropo, y, buscando entonces un móvil a las acciones de los hombres, explica todas ellas por el amor propio; su moral es la del egoísmo y del orgullo. La Rochefoucauld triunfa confundiendo sin cesar el egoísmo y la virtud, el interés y el deber; le gusta mostrar solo un lado de la verdad, y este lado, siendo verdadero, nos lo hace aceptar a través de la fuerza de su arte como una certeza absoluta, cuando solo es una mitad, un tercio solamente de certeza. No podemos fiarnos demasiado de este moralista que tiene toda la hipocresía de la gente triste. Afortunadamente, no tiene ni el encanto que imanta ni la pasión que conmueve. Es un gran talento que se privó de todo afecto al negar la sinceridad de los afectos humanos.

EMILE ZOLA, Mes haines, Bibliothèque Charpentier, Paris, 1893, traducción de Batania, págs. 149 y 150.

Hugo sobre Thiers

Siempre he sentido por este célebre hombre de Estado, por este orador eminente, por este escritor mediocre, por este corazón estrecho y pequeño, un sentimiento indefinible de admiración, aversión y desprecio.

VICTOR HUGO, Choses vues, Arvensa éditions, 2014, traducción de Batania, pág. 141

Cioran sobre Eliade

Mire, le hablaba de la reacción indignada de Mircea Eliade tras la publicación de De lágrimas y de santos. Pues nunca dejé de pensar que yo era, religiosamente hablando, mucho más ponderado que él. Y desde el principio. Porque para él, la religión era un objeto, y no una lucha… digamos con Dios. En mi opinión, Eliade nunca fue un ser religioso. Si lo hubiera sido, no se habría ocupado de todos esos dioses. Quien posee una sensibilidad religiosa no se pasa la vida enumerando los dioses, haciendo inventario. No se imagina uno a un erudito arrodillándose. Siempre he visto en la historia de las religiones la negación misma de la religión. Es algo seguro, no creo equivocarme en ello.

EMILE CIORAN, entrevistado por Gabriel Liiceanu y recogido en Conversaciones, Tusquets, Barcelona, 1996, traducción de Carlos Manzano. Toda la entrevista AQUÍ

Eliade sobre Cioran

El último libro de Emil Cioran, Lacrimi si Sfinti [De Lágrimas y de Santos], es un trágico ejemplo de lo que puede significar la maceración de sí mismo a través de la paradoja y la invectiva.

¡Hay tantos pasajes exasperantes en este libro melancólico, pasajes que han desorientado hasta a sus más fervientes defensores y que no pueden ser defendidos bajo ningún concepto! Podemos tomar nota de ellos y sufrir por el autor, pero nada más. No tienen ninguna excusa.

Ofrecen la impresión de que Emil Cioran los ha escrito y publicado solamente para aislarse cada vez más, para volver más impenetrable su soledad, para desanimar hasta a sus más íntimos allegados. Un hombre alcanza la soledad absoluta cuando ya no puede ser defendido. Concedamos, pues, que Emil Cioran ha alcanzado su objetivo: ciertas páginas (muy pocas por cierto) de su libro destruyen cualquier comunión viva con el mundo exterior, con la gente que le quiere, le comprende o le «admira».

MIRCEA ELIADE, fragmento de Accesis, incluido en Fragmentarium, Trotta, Madrid, 2004, vía edición digital en espaebook.com, 2014, traducción de Cristian Iuliu Ariesanu y Federico de Carlos Otto, pág. 31.

Borges sobre Girondo

A Girondo yo no lo incluiría en la lista de poetas. Él tampoco. Era un individuo, bueno… que no desdeñaba el escándalo, la publicidad. Hacía ediciones de lujo de sus obras. Cosa que uno no debe hacer: hay que dejar que los otros las hagan. Era… La verdad es que yo lo he conocido poco. Era un individuo muy sonoro para mí. Demasiado seguro de sus opiniones. Tuvo la suerte de casarse con Norah Lange, que ha dejado un libro excelente: Cuadernos de infancia. Tenía mucho más talento que él, desde luego. O que tenía talento y él no. Norah Lange, sí.

JORGE LUIS BORGES, respuesta a Carrizo recogida en Borges el memorioso: Conversaciones de Jorge Luis Borges con Antonio Carrizo, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, pág. 268
Publicado por Neorrabios@ en 10:06

Nin sobre Woolf

Virginia Woolf avanzó hacia el mar, hacia el horizonte. Esta es la nota dejada a su marido cuando se suicidó:

Tengo la sensación de que voy a enloquecer, y no puedo continuar viviendo en tiempos tan horrorosos. Oigo voces, y no me es posible concentrarme en mi trabajo. He luchado contra esto, y ahora ya no puedo. Toda mi felicidad te la debo a ti. Te has portado perfectamente conmigo. No puedo seguir, y estropear tu vida.

Asombroso tono directo y simple en una escritora que exploró todas las ambigüedades del idioma inglés, que tenía una escritura muy abstracta, misteriosa y laberíntica. Sencillo, directo, como todo auténtico sufrimiento. Esta fue la primera vez que habló como un ser humano.

ANAÏS NIN, Diario III (1939-1944),Bruguera, Barcelona, 1981, traducción de Enrique Hegewicz, pág. 160

Dunbar-Ortiz sobre Whitman


El poeta populista de la democracia jacksoniana, Walt Whitman, cantó odas a la masculinidad y la superraza angloamericana que se había consolidado a fuerza de imperialismo. En su calidad de entusiasta defensor de la guerra contra México en 1846, Whitman propuso que se desplegaran sesenta mil tropas estadounidenses en México para efectuar allí un cambio de régimen «cuya eficacia y permanencia serán garantizadas por Estados Unidos. Esto generará negocios, abrirá el camino a fabricantes y al comercio; hacia ellos encontrará su camino el inmenso capital muerto del país [México]». Whitman sustentó esta receta explícitamente en el racismo: «El negro, como el indio, será eliminado; es la ley de las razas, la historia […]. Llega un grado superior de ratas y luego se borra a todas las ratas inferiores». Todo el mundo se beneficiaría de la expansión estadounidense: «Anhelamos ver que nuestro país y su Gobierno lleguen lejos. ¿Qué tiene que ver el miserable e ineficiente México […] con la gran misión de poblar el Nuevo Mundo con una raza noble?». En septiembre de 1846, cuando las tropas del general Zachary Taylor tomaron Monterrey, Whitman anunció que se trataba de «otra prueba irrebatible de la indomable energía del carácter anglosajón». Los sentimientos de Whitman reflejaban el mito fundacional estadounidense establecido: el destino histórico era que los colonos de frontera reemplazaran a los pueblos nativos, y Whitman agregó su propio giro teórico a lo que más tarde se conocería como darwinismo social.


ROXANNE DUNBAR-ORTIZ, La historia indígena de Estados Unidos, Insurgentes, 2019, traducción de Nancy Viviana Piñeiro.