Troya literaria
Escritores criticándose. Blog globetrotter recopilado por MARICRÓNICA.
Dumas hijo sobre Flaubert y viceversa
Vargas Llosa sobre Brecht
Morote sobre Vargas Llosa
Los que han
estudiado a fondo La ciudad y los perros han visto que no
es tan antimilitarista. Más que eso, mire, Vargas Llosa se fue al
Perú y apoyó al gobierno militar del general Velasco cuando muchos
de los peruanos nos fuimos en la época de Velasco porque no
resistíamos la tiranía. Y yo era un hombre de negocios. Por cierto
no era ni soy izquierdista, ni soy comunista, en todo caso me podrían
hasta tildar de derechas. Nos fuimos. No soportamos a Velasco. Vargas
Llosa regresó el año 74 y apoyó a Velasco, y eso está en su obra
–Contra viento y marea– . La verdad es que Vargas Llosa nunca ha
estado contra viento y marea. Vargas Llosa siempre está a favor del
viento y la marea. Como ahora. Ahora que está de moda el
neoliberalismo en todo el mundo, él está a favor. Estuvo, en el
tiempo en que estaban de moda los cubanos, a favor de los cubanos.
Después peleó con ellos, pero cuando ya no era la moda de la
revolución cubana.
HERBERT MOROTE, entrevista en RNE recogida en la web oficial del escritor.
Jiménez Losantos sobre Alberti
Aparte del gran
poeta -breve y verdaderamente grande-, hay otro Alberti: el que ha
sido hasta el final uno de los más abyectos propagandistas del
totalitarismo comunista. En el Madrid de Koltsov y en el Budapest de
Erno Gëro; en el Moscú de Stalin y del que viniese; antes y después
de la caída del Muro. Su figura, como las de Aragón o Neruda,
pertenece a los Coros y Danzas del Gulag. No sólo fueron babeantes
juglares del mayor asesino de todos los tiempos. Lo peor es que nunca
tuvieron la tentación o la necesidad de arrepentirse. Que el ahora
recordado Batallón del Talento de Alberti y María Teresa León, o
sea, los propagandistas del Quinto Regimiento del PCE, trajinaran en
la checa de Bellas Artes, o que su columna A paseo en el
incauto ABC figure entre las más repugnantes delaciones y
apelaciones al asesinato publicadas en la Guerra es terrorífico.
Pero es que peor que hasta su muerte Alberti hiciera la égloga del
paredón, siempre que fuera rojo; es que un exiliado político
aceptase complacido las condecoraciones de dictadores como Fidel
Castro, que ha mandado al paredón, la cárcel o el exilio a tantos
poetas. No se trata de quitar valor a su literatura por su posición
política. Eso queda para la izquierda. Pero tampoco es admisible que
Alberti quede como modelo de ciudadanía. Ser mejor poeta es difícil.
Mejor ciudadano, cualquiera.
FEDERICO JIMÉNEZ
LOSANTOS, El otro Alberti, El Mundo, 8 de noviembre de 1999.
Cortázar sobre Collazos
En 1969, en las
páginas del semanario Marcha, Cortázar y el escritor
colombiano Óscar Collazos -que luego viviría varios años en
Barcelona- sostuvieron una interesantísima polémica acerca de la
literatura latinoamericana llamada del boom. Yo había seguido
la polémica con muchísimo interés, y compartía plenamente las
opiniones de Cortázar. Óscar Collazos había acusado a algunos de
esos escritores -especialmente a él- de "europeizantes",
como si hubiera dos culturas: una latinoamericana y una europea,
contrapuestas. Con una extraordinaria lucidez (recordemos que la
polémica fue a finales de 1969), Cortázar le replicó: "Ya no
hay nada foráneo en las técnicas literarias, porque el
empequeñecimiento del planeta, las traducciones que siguen casi
simultáneamente a las ediciones originales, el contacto entre los
escritores, eliminan cada vez más los compartimentos estancos en que
antaño se cumplían las diversas literaturas nacionales. (...) los
mecanismos formales que vehiculan esas experiencias han cesado de ser
un privilegio de ciertas culturas; el campo experimental es uno solo,
y sus resultados individuales se propagan con una velocidad
directamente proporcional a su importancia y eficacia. Nada me
sorprendería que en este mismo momento un novelista sueco o italiano
estuviera trabajando a partir de la estructura tempo-espacial de La
casa verde, así como unos cuantos escritores franceses han mostrado
ya la influencia que ha tenido en ellos el mecanismo mental y
prosódico de Jorge Luis Borges".
CRISTINA PERI ROSSI, Cortázar, Ediciones Omega, 2001, Barcelona, págs. 30 y 31.
Gamoneda sobre Barral, Gil de Biedma, Ferrater, Costafreda y José Agustín Goytisolo
Carlos Barral, por ejemplo, no era un poeta... Barral estaba en el mundo editorial, era un hombre inteligente, pero quería ser precisamente lo que no podía; y no digamos Gil de Biedma: Gil de Biedma era inteligentísimo, hizo ensayos espléndidos sobre Eliot, y, sin embargo, dudo mucho que tenga un gran tamaño como poeta.
(...) Primero habrá que ver si existe la tal escuela de Barcelona, porque la tal Escuela no es ni más ni menos que unos muchachos que «chuparon rueda» de Ferrater. Unos muchachos, todo hay que decirlo, entre los cuales Gil de Biedma es un hombre que brilla, un personaje muy atractivo (más personaje que obra, claro) que ha hecho piezas muy inteligentes (que yo dudo que sean poemas de raza); y luego vienen otros, como Carlos Barral y José Agustín Goytisolo (el malogrado Costafreda quizá fuera el más poeta de todos ellos), que son flojos; lo cual no impide que sean hombres de familias importantes y tengan buena cabeza..., pero estamos hablando de una cosa muy específica: se tienen o no se tienen las cuerdas que dan ese sonido.
ANTONIO GAMONEDA, entrevistado por JOSÉ MANUEL LÓPEZ DE AVIADA, Analecta Malacitana, Nº 15, 30 de agosto de 1990.
Ortega y Gasset sobre Unamuno
Unamuno y Europa, fábula
«Hay que proclamar nuestras superioridades actuales. Indigna ver tanto hispanista (??) que se cree que España acabó en el siglo XVII. Un chileno que allá en su tierra había estudiado filología castellana con dos alemanes (!!!) vino de paso para… París, a perfeccionarse en ella. Oyó a Menéndez Pidal y se quedó. Y es que éste ha escrito un manual mucho mejor en su género que cuantos análogos conozco del extranjero. Y así hay muchas. Cajal no está solo. Nos falta –y no lo deploro– el sentido de la reclame, y, además, no solemos dignarnos defendernos. A su desdén teatral oponemos nuestra altivez».
«Torpes andan quienes barajando a su sabor hechos de difícil comprobación para los más, pretenden –con palabras de fanfarria mal adobadas de pretendido amor a la tierra,– cubrir con la prez de un nombre ilustre el nefando pecado de felonía intelectual.No otra cosa significa el colocar el nombre del Sr. D. Ramón Menéndez Pidal entre el elogio de un chileno que «le prefiere» a los alemanes y una deslavazada censura para los que fuera de España se han preocupado, mucho antes de que el Sr. Unamuno pudiera soñarlo, de hacer una ciencia del estudio de nuestra lengua. No ignora el rector de Salamanca que antes de que el Sr. M. Pidal comenzase sus trabajos de filología –su gramática se publicó en 1904,– si se exceptúan los Sres. Bello y Cuervo, americanos, sólo nombres extranjeros figuraban en las bibliografías de filología románica cuando de castellano se ocupaban. Lo que el Sr. Unamuno sepa de filología castellana tuvo que aprenderlo en las gramáticas de Díez, Meyer Lübke, Foerster y Baist, alemanes, y en la de Gorra, italiano. Si se enteró de que el habla salmantina era algo más que palabras deformadas por la rusticidad aldeana, tuvo que leer a Gessner, Das Leonesische, Berlín, 1867; a Morel Fatio, Recherches sur les sources du libre de Alexandre, Rumanía, de 1875; a Munthe, Anteckningar om folkmalet i en trakt af vestra Asturien, Upsala, 1887, y su reseña del libro de Gessner en la Zeitschrift für romanische Philologie, de 1904, y hoy día a E. Staaff, L'ancien dialecte leonais, Upsala, 1907.En cuanto a esos dos alemanes que despectivamente aparecen seguidos de admiración, son los Sres. R. Lenz y F. Haussen. Al primero se debe, según Meyer Lübke (Einführung, pág. 171), el único trabajo completo sobre uno de los problemas más difíciles de la filología románica: «el determinar en qué medida han influido los pueblos prerromanos, que después se romanizaron, en la formación de las lenguas romances». (V. sus Chilenische studien, Phon. Stud. V y Die chilenische Lautlehre, verglischen mit der araukanischen. Zeit. XVII.) El segundo es autor de numerosas monografías sobre la conjugación española antigua y los dialectales leonesa y aragonesa; hoy día representa en Chile el factor más importante para la formación científica de la juventud chilena «que estudia español». No hablemos de la infinidad de artículos en revistas –ninguna española– debidos a Cornu, Ford, Poberowicz, Staaf, Tallgren, Marden, Pietsch, Salvioni, M. Fatio, &c., &c. sin contar con que casi todas las ediciones de autores españoles, si el Sr. Unamuno ha querido estudiarlos «filológicamente», tuvo que recurrir a Fitz-Gerald (Berceo), Baist y Gräfenberg (D. Juan Manuel), Foulché-Delbosc (Celestina, Lazarillo, etcétera), Marden (F. González), M. Fatio (Alexandre), Buchanan y Rennert (comedias), Böhmer (Juan de Valdés), Mérimée (Guillén de Castro), H. Mérimée (G. de Castro y Mercader), Ducamin (Juan Ruiz), Lang (Cancioneros), &c., &c. A este inmenso trabajo, labor de treinta años, y a tanto nombre benemérito, podemos incorporar para honra nuestra al preclarísimo del Sr. M. Pidal, más conocido en el extranjero que aquí –dudo que hayan leído el Cantar de Myo Cid más de veinte españoles,– y cuya iniciación en la ciencia de la filología española la debió a haber aplicado en sus investigaciones el riguroso método que fuera de aquí se seguía en esta clase de estudios. Hoy día, es cierto, pueden venir extranjeros a escuchar su palabra autorizada. Ya lo han demostrado las Universidades de los Estados Unidos solicitando su presencia para que difundiese entre ellos sus tesoros de erudición medioeval.Cierto es también que sería ingrato desconocer que a la incorporación de un pequeño núcleo de españoles a la cultura europea debemos el poder enorgullecemos con sus triunfos.Ahora bien, si el Sr. Unamuno sabe todo esto en su calidad de profesor de filología, ¿por qué escribe la carta, del ABC?»
Ángel González sobre Juan Ramón Jiménez
Mis primeras lecturas de la Generación del 27 fueron Alberti, Lorca y Gerardo Diego. Tengo la seguridad de que la poesía de estos autores me influyó desde el principio. Y, sobre todo, inevitablemente, Juan Ramón Jiménez. La Segunda Antolojía me abrió un mundo nuevo; todavía creo que es su mejor libro. Aunque mi estimación por él haya bajado, sigo pensando que es un gran poeta; pero para mí llegó a ser el único, hasta el punto de que Machado, a quien también empecé a leer entonces con un poco de seriedad, estaba para mí muy tapado por Juan Ramón. Más tarde rectifiqué esta opinión, y he pasado a considerar que Machado es el gran poeta de su tiempo. El libro que escribí sobre Juan Ramón manifiesta mi admiración por él, aunque ya con algunas reservas. No puede negarse que Juan Ramón Jiménez renovó el lenguaje poético español y, en cambio, Machado no lo hizo. Antonio Machado fue, probablemente, un poeta en el último extremo del romanticismo, sin novedades formales. Sin embargo, es un poeta mucho más hondo que Juan Ramón, mucho más rico, misterioso y profundo. Al menos, así lo veo ahora, aunque al principio no haya sido así. En aquel entonces me deslumbró lo que había en Juan Ramón de nuevo, como les pasó a los poetas del 27, que aprendieron en él un nuevo lenguaje, una escritura nueva. Eso me sigue pareciendo admirable. Lo que ocurre es que en Juan Ramón Jiménez no hay mucho más, aparte de un inmenso "yo" que deja muy poco espacio para lo otro y los otros, aunque en su extensísima obra haya momentos excepcionales que desmienten lo que digo. Sus esfuerzos y trampas para negar la muerte y los efectos devastadores del paso del tiempo —trampas que, de manera más conflictiva y "agónica", también hizo Unamuno— me interesan poco ahora.
Vargas Llosa sobre Brecht
Imposible vivir en Berlín en este año de 1998 sin toparse a cada paso con la vida, la obra y la cara triste de Bertolt Brecht, singularizada por sus anteojos de miope, su puro capitalista y su gorrita proletaria. El centenario de su nacimiento se celebra con una profusión de exposiciones, representaciones, publicaciones y debates que da vértigo. Hasta la televisión alemana se ha sumado a los festejos adquiriendo los derechos para transmitir treinta y cuatro películas co-dirigidas, escritas y adaptadas por Brecht, o inspiradas en sus obras. Yo, desde luego, lo celebro. Aunque siento una profunda antipatía moral por el personaje y discrepo frontalmente con sus tesis sobre el teatro y la literatura, sigo bajo el hechizo de su genio creador, que descubrí de adolescente, y que me ha llevado desde entonces a leerlo, verlo y oírlo en todas las lenguas a mi alcance. Contribuyo ahora a los homenajes que se le rinden, intentando, en mi insuficiente alemán, hacer lo mismo en el idioma al que -lo reconocen tirios y troyanos- enriqueció con su poesía y sus dramas como pocos escritores de este siglo. (Diré de paso que, en español, Brecht ha tenido suerte: las traducciones de sus obras hechas por Miguel Sáenz son espléndidas).
Gracq sobre Goethe
Una de las particularidades que me repele en las novelas de Goethe (exceptuando Werther, que he releído siete u ocho veces) es la cualidad abstracta del tejido del relato, que trata casi siempre el mundo exterior como un esbozo (se puede leer casi de principio a fin Las afinidades electivas, que transcurren en el campo, sin encontrar una sola nota de color). No hay apenas grandes escritores que sean más pobres que él, respecto a la ficción, en pequeños detalles verdaderos. Todo lo concreto de las ocupaciones, de los gestos, de las actitudes, se funde, apenas planteado, en un sfumato generalizador y decorativo.
Wharton sobre Emily Brontë
Sinclair Lewis no es el único creador de seres vivos que tenemos entre los novelistas modernos, pero yo le he escogido como símbolo porque la línea que sigue —aunque corre el peligro de convertirse en rodada— me parece genuina. En su búsqueda de materiales ha seguido el consejo de Goethe y ha hundido su mano en las profundidades de la naturaleza humana y creo que el mayor error de los jóvenes novelistas, de cualquier escuela, ha sido imaginar que los personajes anormales o excesivamente dotados ofrecen un campo más rico que las variedades normales y corrientes. Emily Brontë era una mujer de genio, pero si hubiera vivido más y hubiera tenido más contacto con la realidad habría conseguido sacar de la vida cotidiana en la parroquia de Haworth un libro más profundo y conmovedor de lo que lo hizo retratando una casa de locos. Dostoievski, en El idiota, también abordó el estudio de personajes anormales, pero los mezcló con otros normales, como suele hacer la vida. Y precisamente así fue como demostró que su principal interés para el lector radicaba no tanto en su caso particular sino en sus reacciones trágicas y destructivas hacia lo normal. Y los lectores que, a pesar de la admiración que sienten por Cumbres borrascosas a veces encuentran dificultad en separar a Heathcliff de Earnshaw y a una Catherine de la otra, no olvidarán fácilmente la presencia viva del príncipe Mishkin y su extraña vigilia con el asesino junto al cadáver de Nastasia.
Brodsky sobre Solzhenitsin
Un gran escritor es el que agranda la perspectiva de la sensibilidad humana, el que muestra una oportunidad, una pauta que seguir a quien ya no sabe qué hacer ni adónde ir. Después de Platónov, lo más cerca que estuvo la prosa rusa de producir esa clase de escritor fue con Nadiezhda Mandelstam, con sus memorias, y, en menor medida, con Alexandr Solzhenitsin, con sus novelas y prosa documental. Me permito poner a este gran hombre en el segundo puesto en gran medida por su aparente incapacidad para discernir tras el sistema político más cruel de la historia del cristianismo el fracaso humano, por no decir el del propio credo (¡para que luego hablen del severo espíritu de la religión ortodoxa!). Dada la magnitud de la pesadilla histórica que describe, esa incapacidad en sí misma es lo suficientemente espectacular para que sospechemos una dependencia entre conservadurismo estético y resistencia a la idea de que el hombre es radicalmente perverso. Aparte de la consecuencia estilística para la escritura, la negativa a aceptar dicha idea contribuye a la recurrencia de dicha pesadilla a la luz del día... en cualquier momento.
Vidal sobre Mishima
Desde el punto de vista técnico, las novelas de Mishima son poco atrevidas, lo que en modo alguno supone un inconveniente, aunque dice mucho acerca de su obra el que nunca hiciera nada que pudiera considerar completamente propio. Enseguida quedaba satisfecho con modelos familiares, que además no eran los mejores. Es paradójico que sea sólo en su reelaboración de las obras dramáticas No [arte dramático tradicional que combina teatro, danza, música y poesía] cuando Mishima parece "original", brillante y audaz en lo que a sus efectos respecta, como Ibsen en sus mejores momentos. Lo que queda como recuerdo de sus novelas no son más que obsesiones carnales y ensueños sádicos: de forma invariable, el muchacho bien amado sangra, mientras el marinero que perdió la gracia del mar (la naturaleza de su gracia nunca queda del todo clara) es descuartizado por un grupo de jóvenes pubescentes. Las conversaciones sobre arte son a menudo interesantes, aunque rara vez llegan a la brillantez (en la novela norteamericana no hay conversaciones acerca del arte, una virtud negativa, pero virtud al fin y al cabo).
Némirovski sobre Corneille
Dalton sobre Borges
DE UN REVOLUCIONARIO A J. L. BORGES
Benedetti sobre Lezama Lima
Lezama Lima siempre ha sido altamente estimado, a nivel latinoamericano, por una élite intelectual que a menudo se envanece de su propia admiración, como si el mero hecho de entender a Lezama les otorgara una patente de talento y erudición. Primer malentendido. Si bien Lezama es —de ello no cabe duda— un poeta difícil, solo en raras ocasiones resulta absolutamente impenetrable.
Monterroso sobre Musil
JORGE RUFFINELLI: Una vez te oí decir que no te gusta Musil, en presencia de García Ponce. ¿Lo hiciste para polemizar con él, que es muy musiliano, o bien así lo sientes?
Bolaño sobre Allende, Mastretta y Serrano
PREGUNTA: ¿No cree que si se hubiera emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mastretta otro sería su parecer acerca de sus libros?
Jong sobre Morrison
Desearía que Toni Morrison, una escritora deslumbrante y un gran ser humano, hubiera ganado el premio Nobel solo por su excelencia a la hora de poner una palabra detrás de otra. Estoy encantada con su elección, pero sospecho que su premio no fue motivado únicamente por consideraciones artísticas. ¿Por qué el arte en sí mismo no puede ser suficiente? ¿Debemos usar también al artista como muestra de progresismo?
Breton sobre Camus
¿Qué es ese fantasma de rebelión que Camus se esfuerza por acreditar y detrás de qué se cobija? A una rebelión en la que se haya introducido la medida, a una rebelión vaciada de su contenido pasional, ¿que puede quedarle? No dudo de que muchos se dejen engañar con semejante artificio: se ha conservado la palabra y se ha suprimido la cosa.





.jpg)







