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Naipaul sobre Austen

 Hace unos años fui invitado a una conferencia a Bath. Un invitado pésimo. No dije una sola palabra. Me dieron un ejemplar de una novela de Jane Austen ambientada en aquella ciudad, La abadía de Northanger. Durante mi reciente enfermedad, le eché una ojeada a los libros que nunca había visto antes y, por eso, decidí leerlo. Pero, a mitad de la lectura, pensé: soy un hombre adulto que está leyendo a esta mujer terriblemente insulsa que me cuenta su vida amorosa. Lo llama amor, habiendo visto a aquel fulano una sola vez. Y me dije: "¿Qué estoy haciendo con esta historia? Es una historia para otros. Es para los que pasan por la calle, no para mí".


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V.S. NAIPAUL, ¿Henry James? «El peor escritor del mundo»; ¿Jane Austen? «Una inútil», por PAOLO LEPRI, El Mundo, 2 de mayo de 2006

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Escritoras sobre Naipaul

Mysogynist prick (gilipollas misógino) es el poco amable epíteto que la escritora Keri Hulme dedica desde las antípodas a V. S. Naipaul y a su exabrupto sobre la "inferioridad" de cualquier obra salida de la pluma de una mujer. Si el mundillo literario de Reino Unido, acostumbrado a la controvertida personalidad del Nobel 2001, no se rasgó en exceso las vestiduras cuando este señaló como común denominador de todas las literatas el "sentimentalismo" y "visión estrecha del mundo", la autora neozelandesa ha decidido abandonar su habitual reclusión para responderle con dureza. Su colega estadounidense Francine Prose también se ha sumado a la crítica, al ridiculizar la pretensión de Naipaul de que su obra es muy superior a la de, por ejemplo, Jane Austen.

"A medida que envejece, su comportamiento y juicios se vuelven más repugnantes. Muchos miles de escritoras le superan y le superarán", ha escrito Hulme en una web literaria. Como cuestionable puntilla, la poetisa, autora de relatos cortos y de una única novela que mereció el Premio Booker en 1985 (The Bone People), concluye que la obra de Naipaul ya no tiene la relevancia de hace tres décadas. "Y no me sobrevivirá", añade.

Las declaraciones del autor de Una casa para el señor Biswas, Guerrillas y una dilatada narrativa sobre el mundo colonial, implican para Francine Prose una sensible cuestión de fondo: la persistencia de una noción de inferioridad en lo que atañe a las autoras. "La idea de que Naipaul se considere mejor escritor que Jane Austen sería simplemente risible si el prejuicio que revela no fuera todavía habitual ni tuviera un efecto tan dañino sobre lo que muchas mujeres hemos decidido hacer con nuestras vidas", subraya.

"¿Cree realmente [el Nobel] que Hilary Mantel, A. S. Byatt o Iris Murdoch son 'sentimentales'?", escribió el crítico literario británico Alex Clark cuando Naipaul formuló sus polémicas declaraciones a principios de mes, durante una entrevista celebrada en la Royal Geographic Society de Londres. "Desde luego, sería difícil encontrar a una escritora con un ego que iguale al suyo", apostilló su colega del Daily Telegraph, Helen Brown, remitiendo a una reciente biografía autorizada donde se describe al escritor de origen indio y nacido en Trinidad (1932) como un personaje inmaduro, egoísta, misógino y psicológicamente cruel con las mujeres.

Él mismo nunca ha renegado de esas etiquetas, como tampoco ha huido nunca de la polémica -más bien parece alimentarla- a la hora de establecer juicios sobre el islam como una religión que somete a sus fieles, o de revelar su desprecio hacia aquellas naciones que consiguieron tardíamente la independencia ("son países a medio construir").

Genio y figura a sus 78 años, V. S. Naipaul solo se ha permitido una debilidad en los últimos tiempos, la reconciliación pública con el novelista estadounidense Paul Theroux, a quien había jurado "odio eterno" hace tres lustros. Cuanto menos, sus compañeros de género sí merecen la consideración del Nobel.

PATRICIA TUBELLA, Guerrilla femenina contra V. S. Naipaul, El País, 16 de junio de 2011 (AQUÍ)

Bennett sobre Austen


¿Jane Austen? Siento que me estoy acercando a un terreno peligroso. La reputación de Jane Austen está rodeada de batallones de defensores que están dispuestos a matar por su sagrada causa. Casi todos son fanáticos. No escucharán. Si alguien “se marchara” de Jane, cualquier cosa podría pasarle. Seguramente se le pediría que renunciara a sus clubes... Ni siquiera estoy de acuerdo en que Jane fuera una gran novelista. Fue una pequeña gran novelista. Es maravillosa, embriagadora: tiene un ingenio único, una gran dosis de sentido común, un sentido de la proporción muy agradable, mucha habilidad narrativa. Y siempre es legible. Pero su mundo es un mundo diminuto, e incluso de ese mundo diminuto ignora, consciente o inconscientemente, los factores fundamentales. No sabía lo suficiente del mundo para ser una gran novelista. No tenía la ambición de ser una gran novelista. Sabía cuál era su lugar; sus “fanáticos” actuales no conocen su lugar, y sus payasadas sin duda habrían excitado la ironía letal de Jane.


ARNOLD BENNETT, recogido por Ian Littlewood en Critical Assessments Vol. I, Helm Information, 1998, traducción de Mary Crónica, pág. 449.

Emerson sobre Austen


Me cuesta comprender por qué la gente conserva tantas novelas de la señorita Jane Austen. Me horroriza la domesticidad trivializadora y la atenuación de su ficción, vulgar en el tono, estéril en invención artística, aprisionada en las convenciones funestas de la sociedad inglesa, sin genio, ingenio o conocimiento del mundo. Nunca fue la vida tan comprimida y estrecha. El único problema que hay en la mente de la escritora en ambos relatos que he leído, Persuasión y Orgullo y prejuicio, es la posibilidad de casarse. Todo lo que interesa en todo personaje que se presenta sigue siendo esto: ¿Tiene él o ella el dinero para casarse y las condiciones necesarias? Digamos más bien que es “el frenesí de una desesperación íntima” de un internado inglés. El suicidio es más respetable.


RALPH WALDO EMERSON, Journal of Ralph Waldo Emerson: 1856-1863, ed. E. W. Emerson y W. E. Forbes, Boston, Houghton Mifflin, 1913, recogido por Sandra M. Gilbert y Susan Gubar en La loca del desván, Cátedra, Madrid, 1998, traducción de Carmen Martínez Gimeno