REINALDO ARENAS, El color del verano, Ediciones Universal, Miami, 1991.
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Arenas sobre Nicolás Guillén
No te embulles ni te guilles, Guillén, ni mucho menos te engalles, porque no tienes agallas. ¡Calla! O como payador de talla entónale una loa a la papaya de Maya Plisezcaya hasta que te salgan callos. Respeta a tu ayo o te parte un rayo, porque el caballo sólo quiere grillos y si te las das de gallo te engrilla, te engulle o te corta el cuello mientras tú aplaudes tu “autodegüello”.
Arenas sobre García Márquez
Uno de los casos de injusticia intelectual más conocidos de este siglo fue el de Jorge Luis Borges, a quien sistemáticamente se le negó el Premio Nobel, sencillamente, por su actitud política. Borges es uno de los escritores latinoamericanos más importante; tal vez el más importante; sin embargo, el Premio Nobel se lo dieron a Gabriel García Márquez, pastiche de Faulkner, amigo personal de Castro y oportunista nato. Su obra, además de algunos méritos, está permeada por un populismo de baratija que no está a la altura de los grandes escritores que han muerto en el olvido o han sido postergados.
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REINALDO ARENAS, Antes que anochezca, RBA, 1994, Barcelona, pág. 322 y 323.
Arenas sobre Fuentes
Una noche, por truculencias del azar me vi en la residencia del rector de una prestigiosa universidad norteamericana. Esa noche se habían dado cita allí numerosos escritores de fama mundial. Una de las figuras que más me aterrorizó fue la de Carlos Fuentes; aquel hombre no parecía un escritor, sino una máquina computadora; tenía una respuesta exacta y al parecer lúcida para cualquier problema o pregunta que se planteara; lo único que había que hacer era apretar un botón. Los profesores norteamericanos proliferaban por allí en forma alarmante y, además, cada uno llevaba, como los enfermeros de un hospital, una gran chapa metálica pegada al pecho donde aparecían sus nombres y sus títulos. Carlos Fuentes se expresaba en un inglés perfecto y parecía ser un hombre que no tuviera ningún tipo de dudas, ni siquiera metafísicas; era para mí lo más remoto a lo que podía compararse con un verdadero escritor. Aquel señor, elegantemente vestido, era una enciclopedia, aunque quizás un poco más gruesa. Muchos escritores de este tipo reciben grandes premios literarios, incluyendo hasta el Cervantes o el Nobel y pronuncian unas conferencias impecables. Salí de aquella reunión aterrorizado.
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REINALDO ARENAS, Antes que anochezca, RBA, Barcelona, 1994, pág. 326
Arenas sobre algunos escritores cubanos
Los dictadores y los regímenes autoritarios pueden destruir a los escritores de dos modos: persiguiéndolos o colmándonos de prebendas oficiales. En Cuba, desde luego, los que optaron por esas prebendas también perecieron, y de una manera más lamentable e indigna; gente de indiscutible talento, una vez que se acogieron a la nueva dictadura, jamás volvieron a escribir nada de valor. ¿Qué fue de la obra de Alejo Carpentier, luego de haber escrito El siglo de las luces? Churros espantosos, imposibles de leer hasta el final. ¿Qué fue de la poesía de Nicolás Guillén? A partir de los años sesenta toda esa obra es prescindible; es más, absolutamente lamentable. ¿Qué se hicieron de los ensayos luminosos, aunque siempre un poco reaccionarios, del Cintio Vitier de los años cincuenta? ¿Dónde está ahora la gran poesía de Eliseo Diego, escrita en los años cuarenta? Ninguno de ellos ha vuelto a ser lo que era.
REINALDO ARENAS, Antes que anochezca, RBA, Barcelona, 1994, pág. 116.
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