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Rojas sobre la poesía chilena


Mire, en la poesía chilena sólo hay tres grandes poetas que son: Vicente Huidobro que conocí y lo quise bastante. Fue el único que en verdad nos liberó. Puso libertad en nuestras cabezas de jóvenes principiantes de 20 años. El segundo fue Pablo de Rokha, pueden decir lo que sea de él que era rudo, cruel, desmedido pero fue el único que puso en marcha los istmos, la vanguardia y sobre todo la ruralidad como lo hizo el mexicano Rulfo pero en prosa. El otro poeta es por supuesto Pablo Neruda que a los quince años escribía con una cierta madurez, es el más precoz de todos; él leyó bien a los poetas franceses, no hay duda. Su gran libro es Residencia de la tierra, pero escribió cien libros más muy malos. ¿A quién se le ocurre escribir 140 libros, por Dios? Lo que pasa amigo, es que acá los chilenos somos muy generosos. Todo lo que es nuestro lo alabamos. Decimos que toda la poesía de este lado del Continente es decisiva pero no es así, somos pasables no más. Pasables nada más, repito, amigo mío. Sólo hemos tenido tres grandes poetas y nada más.



GONZALO ROJAS, "Yo soy herida, yo soy un poeta fisiológico", entrevista de AUGUSTO RODRÍGUEZ, Grupo Buseta de Papel, 5 de diciembre de 2007.

Rojas sobre Neruda

Yo quise a Octavio Paz aunque muchas cosas nos separaban, pero lo que yo adoraba en Octavio era esa disidencia: no estar de acuerdo. Vicente Huidobro fue un disidente. La lata de Neruda en parte grande está en que no era disidente: era obsecuente el huevón. Obsecuente quiere decir un hombre que no es de una fe limpia y sana. Lo opuesto a una disidencia es una fe, una voluntad. Neruda fue un obsecuente. Él era un arribista: lo fue desde niño y lo fue de hombre. Mostró ese arribismo con el Pablo Ramírez, por ejemplo, en el pequeño gobierno del año 27, esa amistad que lo mandó de cónsul a Oriente. Pablito Ramírez era el hombre fuerte del dictador Carlos Ibáñez. Esas cosas son muy sospechosas. No porque fuera maricón, Neruda no lo era, el otro parece que lo era, pero Neruda era un tipo que sacaba cuentas. Neruda era un “saca cuentas” y mala persona, rencoroso. ¿Por qué fue tan desdeñoso con la gente de su mismísima promoción? ¿Por qué no apoyó a Romeo Murga? Muchachones que tenían tanto talento como el suyo. Al único que salvó fue a Alberto Rojas Jiménez, pero cuando ya estaba muerto. Eso me pasa con Neruda a mí. Hay un cuento cortito que te lo doy, porque es real. Estábamos un día en una comida acá en Chillán, en el Hotel Riquelme, Neruda y muchos escritores de distinto pelaje. Estábamos todos en torno a él, en distintas mesas. Un amigo de Pablo y amigo mío se le acerca y le pregunta: “Oye Pablo, ahora que estamos aquí, ¿qué te parece ese joven que está por allá, dicen que él es poeta?”. Se refería a mí. Entonces, Neruda le contesta: “Gonzalo no es malo, pero escribe poquito”. Ese fue su juicio. El intrigante de mierda y simpático que era mi amigo fue volando hacia la otra punta de la mesa y me dijo: “Mira lo que está diciendo Pablo, que tú no eres malo, pero que escribes poquito”. Y a mí me nació del alma esta frase: “Dile a Pablo que él es un genio, pero que escribe demasiadito”.

GONZALO ROJAS, "Soy totalmente joven", entrevista incluida en Todos confesos, de Marcelo Mendoza, Lom, 2010. La entrevista completa en pdf se puede leer AQUÍ

Rojas sobre Parra

GRACIAS Y DESGRACIAS DEL ANTIPOETA

[NOTA DE GONZALO ROJAS]: Versaina ya remota (1967) y escrita en una hora, publicada por Ángel Rama en la revista Marcha de Montevideo; respuesta a algún agravio pendenciero. Quiérase ver en ella lo que fue: ligereza y salud, un ejercicio punitivo y airoso, más riente que áspero, un juego a eso de mojarle al otro la oreja, de niño a niño. Que lo digan Góngora o Quevedo.

Antiparriendo, remolineando,
que Kafka sí, que Kafka no,
buena cosa, roba-robando,
se va Cervantes y entro Yo.

Me llamo Nick, me llamo Nack,
me pudro y pudro lo que toco.
Díganme loca, díganme loco,
pero más grande me gusta más.

Publiquen grande lo que escribo,
que se oiga en USA y en Moscú.
Sabes que más, Rimbaud: ni tú.
Me arrastro, claro, pero arribo.

Me arrastro y subo y tengo precio.
Yo sí que soy la gloria. A ver
que vale más: ser o tener.
Me abanico con tu desprecio.

Me pregunto de dónde vengo
con tanta gracia, violín, violán,
si de New York o de Chillán,
o si apenas vengo de Rengo.

Pero lo cierto es que no hay quién,
no hay quién, no hay quién, no hay quién, no hay quién
no hay en ninguna parte quien,
absolutamente no hay quién.

Pues antiyendo y antiviniendo
antitumadre y antimateria
aquí me tienen en la feria
antiescribiendo y antisiendo.

Me dieron orden de envenenar
de envenenar la poesía,
Maldita tu tía y la mía
y me la tengo de viciar.

Venid lesbianas y maricos,
lisérgicos todos, venid.
Sacad del quod, meted el quid:
qué gusto ser gusto de ricos.

Bailemos la antipoesía
La antipoé con la antipó
Mi tío se mea en tu tía
Y Baudelaire se te acabó.

Dicen que dicen soy el único
con mi artefacto original,
que soy el sol, que soy la sal,
patán, patudo, patatúnico.

Yo soy, yo soy el Individuo
y el dólar me dio la razón:
arreglín, qué más, arreglón,
individuo color residuo.

Las cosas pasan porque pasan
y pasa este mundo al revés,
cuando escribo pienso en inglés,
todas mis gringas se me casan.

Antiparriendo, remolineando,
que Kafka sí, que Kafka no,
buena cosa, roba-robando,
se va Cervantes y entro Yo.

Y que me acusen al Che Guevara
que escribo versos de salón:
nadie me dice maricón;
que tanto Ché, prefiero mi cara.

Si pudiera poder y pudiera
Cuba sí con yanquis también
pero lo cierto es que no hay quién
aunque diera la vuelta entera.

Ahora mismo no sé qué hacer
con tanta pinta pero me agacho:
aprende a morir como macho
me dijo un día mi mujer.

Que estoy afónico, que Neruda:
que de una vez termine la farra:
que quién me pasó la guitarra:
que Dios le ayuda al que la suda.

Que no haga el loco ni la loca,
que uno más no es ningún portento
que a partir de cierto momento,
que el peje muere por la boca.

Y qué tanta bulla de inglés
si aquí termina el zafarrancho,
y la chancha le dijo al chancho
antiacabemos de una vez.

Por último déjenme suelto,
total ni Whitman ni Picasso
y al mismo Dante por si acaso
¡juntos sí pero no revueltos!

Digan que sí, digan que no,
digan que soy un comemierda:
que aquí se me acaba la cuerda:
que si Cervantes, que si Yo.

Pero lo cierto es que no hay quién,
no hay quién, no hay quién, no hay quién, no hay quién
no hay en ninguna parte quien,
absolutamente no hay quién.

Rima pobre, métete el miedo:
rima rica con disimulo:
¡gracias y desgracias del culo
como ya lo dijo Quevedo!

GONZALO ROJAS, Metamorfosis de lo mismo. Poesía completa, Visor, Madrid, 2003, págs. 540-543.

Rojas sobre Paz

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ: Y de la poesía española contemporánea, ¿le interesa algún nombre?
GONZALO ROJAS: Son buenos poetas. No es cierto que esté decaída la poesía totalmente acá, que ustedes sean farragosos, perdónenme, no es cierto.

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ / JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS: No nos haga sufrir. 
GONZALO ROJAS: Yo te lo digo, a nosotros en América se nos ofrecen farragosos. Recuerdo haber hablado con Octavio tantas veces de cosas así, con Octavio Paz y sí sabía la cosa. No era un gran poeta, así de fundamento máximo, porque era letrado, hiperlúcido, se lo comía la lucidez. No le funcionaba del todo ese otro juego más animal de un Vallejo, por ejemplo, que te lo dice sin decir, ¿no?, que es de un arrebatado... Y llama la atención: nunca habló Paz de Vallejo. Tampoco otro genio, lúcido y crítico, que se llama para nosotros Borges. No habló de Vallejo ¿qué pasa de eso? En cambio aquí en España se respeta a Vallejo y se le quiere a Vallejo.

GONZALO ROJAS, entrevistado por Mª Ángeles Pérez López y Juan Antonio González Iglesias para La Estafeta del Viento, primavera-verano de 2003. Toda la entrevista AQUÍ

martes, 29 de enero de 2013