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Lawrence Durrell sobre TS Eliot

Oiga, Hamlet debe ser una gran obra. T. S. Eliot dice que es un “fracaso artístico”. Eso me hace estar totalmente seguro. El esfuerzo de Eliot es tan débil que no puede tener idea de lo que se trata. Waste land me recuerda esas tarjetitas impresas exhortando a los estudiantes de educación física a no masturbarse.

LAWRENCE DURRELL, carta a Henry Miller enviada desde Corfú a principios de noviembre de 1936, incluida en DURRELL - MILLER, Cartas 1935-1980, compiladas por Ian S. Macniven, Siglo XXI Editores, México DF, 1993, traducción de Victoria Schussheim, pág. 34

Dylan sobre Frost y TS Eliot

¿Preguntabas por la poesía? Tío, la poesía es una cagada, sabes. No sé en otros países, pero en éste es una masacre absoluta. No es poesía en modo alguno. La gente no lee poesía en este país; si lo hacen, les ofende, no lo pillan. Si vas a la universidad, ¿qué tipo de poesía debes leer? Lees "The Two Roads" de Robert Frost, lees a T.S. Eliot, lees todas esas cagadas y eso no mola, tío. No mola. No es nada potente, una mierda pinchada en un palo. BOB DYLAN, entrevista en 1965 de Paul J. Robbins para L.A. Free Press, reunida en Dylan sobre Dylan: 31 entrevistas memorables, Global Rhythm, Barcelona, 2008, traducción de Miquel Izquierdo, pág. 57

Neruda sobre Faulkner, Eliot, Heidegger y Sartre

Tenemos la influencia de novelistas como Faulkner, llenos de perversidad, o poetas como Eliot, falso místico reaccionario, que dispone de un cielo particular para la nobleza británica. Y no es por casualidad que estos dos escritores reciben el Premio Nobel, coronación y premio que da una sociedad agonizante a sus propios enterradores. Si lee uno las revistas de nuestra América, del Uruguay y de Panamá, se ve la preocupación cosmopolita, el deseo de no dejar número sin mencionar al ideólogo nazi Heidegger, o al destructivo Sartre. Este es el reflejo del cosmopolitismo y de la desnacionalización de los actuales dirigentes de nuestra sociedad criolla. La capa superintelectual se aleja de nuestros problemas y de la lucha del pueblo con sus episodios conmovedores y su grandeza. Vemos revistas, como “Sur” de Buenos Aires, que consagran números enteros a espías internacionales y cosmopolitas.

PABLO NERUDA, declaraciones a Enrique Bello en Reportaje a Neruda, Pro Arte, nº 160, Santiago de Chile, 28 de noviembre de 1952, recogido por David Schidlowsky en Neruda y su tiempo: Las furias y las penas, Tomo 2 (1950-1973), Ril editores, Santiago, 2008, pág. 866.

Jiménez sobre T. S. Eliot


Yo me represento a T. S. Eliot (por su obra y por las fotografías de su persona) como un ente monstruoso humano (esas orejas de elefante, esos ojos de óptica, ese mentón de cartón piedra), que tiene una y sola mano, grande como un anuncio de guante de mano, en vez de cabeza, y dos cabezas inadvertidas en vez de manos.

La alta mano hipertrofiada es la que manda (artesanía virtuosa) y las cabezas, derecha e izquierda, las que escriben. Unas veces escribe la cabeza izquierda y otras la derecha; otras veces escriben las dos al mismo tiempo, y otras veces la alta mano confunde las cabezas, como que tiene seis dedos, y le dicta a la derecha lo que debiera escribir la izquierda o a la izquierda lo que debiera escribir la derecha. Otras veces me represento que la cabeza derecha de Eliot escribe la prosa y la izquierda el verso; y que las dos cabezas obedecen a la mano rectora en ambos dictados, pero que no se entienden entre sí.

Por eso la escritura jeneral de Eliot tiene siempre mucho de mano alta y de cabezas confundidas, ya en la forma o en la idea. Su falta de lójica poética parece fruto moldeable en mano rectora, directora siempre; y siempre su lójica crítica parece fruto de cabezas vivientes.

En jeneral me disgusta Eliot. Es poeta de truco permanente, quizás el más truquista de todos los poetas, porque es el de truco más virtuoso, un sumador de trucos ajenos, y el vicio superior no es más que un truco. Se ve claro que tal estrofa no quería decir lo que dice; que ha sido truqueada, hasta dejarla en el punto del efecto ambiguo, no como en Mallarmé en el punto de la oscuridad añadida por pudor, como un veto. Como poesía de truco, no da la impresión de que Eliot piense lo que dice. Es un poeta todo ripioso, al que a veces le falla el ripio y le sale sin querer algo natural que en él parece falso o enfermo. Sus «hombres huecos», su hipopótamo católico, su Virjen de la Devoración, son absolutamente falsos. Eliot es lo que es por la riqueza de su fraude, por el producto apretado que le permite conseguir efectos de falsedad muy bellos a veces por contraste de caricaturas que no se entienden entre sí. Pero nunca da la impresión de un poeta completo por sí mismo, como Blake o Yeats, sus compatriotas superiores en sus mejores poemas. Los poemas de Eliot siempre me parecen ruinas sumadas por equivocación en un museo.

La lójica, cuando sirve, jenial, a un espíritu hermoso, puede ser lo más hermoso del mundo. Eliot demuestra en su crítica una lójica perfecta que lleva como la maleta permanente del viaje de esta vida y en sus poemas da la impresión de que no ha querido servirse de la maleta. Como si fuese un crítico que no supiera ser poeta, o que su única preocupación es ocultar la verdad, por despiste, a la jente. Parece un carambolista supremo que se propone demostrar que la lójica no le impide hacer una carambola. Esta manía de lo ilójico razonado no tiene razón ninguna en un hombre sólo injenioso como es Eliot. Lo ilójico es propio del niño instintivo, del viejo loco, del idiota jenial o del poeta conjénito. Quizás sea Eliot un poeta frustrado por su crítico, al que pretende engañar a la vista de todos.

Mirad bien su cara ahora que se comprende que es ésta. Sus orejas de cabeza tienen algo que decir, que escuchar. Que lo escuchen: «Eliot, es usted un farsante o un impostor. Su libro sobre la cultura lo demuestra. Lo que usted dice en él sólo lo puede decir un oportunista. Por algo se cuelga usted el pañuelo de la nariz del bolsillo de pecho, como una camarera en su hombro el suyo, de su uniforme de hombre snob, adulador de la tradición convencional. No será usted tenido en cuenta por el futuro.»


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Eliot, monstruo político y social, recogido en Antología de textos juanramonianos / Juan Ramón Jiménez; compiladores Javier Blasco, Teresa Gómez Trueba, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008 (AQUÍ

Borges y Bioy sobre Saint-John Perse


Jueves, 9 de diciembre de 1965. Come en casa Borges. Hablamos de Saint-John Perse. BIOY: "Es peor que todo el mundo". BORGES: "Es peor que Bernárdez. ¡Pensar que Eliot lo tradujo!". BIOY: "Vos decís que Eliot es malo pero, comparado con Saint-John Perse, corresponde a otro nivel. Lo que pasa es que el lenguaje no es bastante matizado y uno condena por igual a gente muy diversa. Saint-John Perse ¿a quién corresponderá? ¿A Schiavo? Mirá que haber elegido ese seudónimo...". BORGES: "En Europa tienen conciencia de la pobreza de su literatura actual. En Alemania, en Francia, yo creo que saben que están peor aún que nosotros".


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 1094.