JUAN JOSÉ SAER, transcripción de la conferencia que dio en la Universidad de Sao Paulo en octubre de 1997. Toda la conferencia AQUÍ
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Saer sobre el "boom" latinoamericano
Mirá, todo el mundo sabe mi opinión respecto al boom. Es una pregunta típica de los reportajes la de por qué yo no coincido con los autores del boom. Pero en verdad, por ejemplo, con Cortázar yo me di cuenta que había perdido un poco el sentido de la realidad con el famoso prólogo que él hace a la obra de Arlt. Es una cosa infame que muestra su desconocimiento de Arlt y cierta pretensión de considerarlo como quien lo mira desde arriba. Respecto a Vargas Llosa, yo fui uno de los primeros que dijo que La ciudad y los perros era una novela escrita para mostrar que hay militares malos y militares buenos. Yo creo que la filosofía de los autores del boom fue el mercado, y creo que ellos percibieron que en Estados Unidos se empezaba a ver este tipo de cosas que iba a ser, según mi opinión, la destrucción de la literatura latinoamericana.
Arlt sobre Gálvez, Larreta y Wast
¿Gálvez? ¡Yo no sé hacia dónde camina! Me da la sensación de ser un escritor que no tiene sobre qué escribir. Comenzó queriendo ser un Tolstoi y creo que terminará como un vulgar marqués de la Capránica haciendo novelones históricos. Francamente, creo que Gálvez no tiene nada que decir ya.
¡Larreta! Un señor de buena sociedad, con plata, que tarda en escribir una novela mediocre, Zogoibi, lo que otro tardaría en escribir una novela buena. Su único libro, La Gloria de don Ramiro, no creo que lo autorice a este señor a hacerse festejar en todas partes como si fuera un genio. En realidad, Larreta es inferior a Manzoni y quizá literariamente uno de los escritores más hondos que tenemos.
Hugo Wast se explica porque tenemos catorce provincias y estas catorce provincias están habitadas por una colonia católica lacrimosa e insulsa. Su público es de maestras sentimentaloides.
Todos estos prosistas serían en España, Francia e Italia, escritores de quinto orden. Les falta “metier”, inquietudes, problemas, sensibilidad y todos los factores nerviosos necesarios para interesar a la gente.
Dichos caballeros, salvo Quiroga y Lynch, lo que podían hacer es dejar la pluma. Y la cultura nacional no perdería nada.
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ROBERTO ARLT en el dossier de Los siete locos - Los lanzallamas, ALLCA XX, 2000, edición crítica de Mario Goloboff, pág. 717
Borges sobre Arlt
Lunes, 10 de diciembre de 1956. Come en casa Borges. Habla de Roberto Arlt. "Era muy ingenuo. Se dejaba engañar por cualquier plan para ganar mucha plata, por descabellado que fuera, a condición de que hubiera en él algo deshonesto. Por ejemplo, se interesó mucho en el proyecto de instalar una feria para rematar caballos, en Avellaneda. El verdadero negocio consistiría en que clandestinamente cortarían las colas de los caballos, venderían la cerda y ganarían millones. Un negocio adicional: con las costras de las mataduras del lomo fabricarían un insecticida infalible.
Era comunista: se entusiasmó con la idea de organizar una gran cadena nacional de prostíbulos, que costearían la revolución social. Era un malevo desagradable, extraordinariamente inculto. Hablábamos una noche con Ricardo Güiraldes y con Evar Méndez de un posible título para una revista. Arlt, con su voz tosca y extranjera, preguntó: "¿Por qué no le ponen El Cocodrilo? Ja, ja". Era un imbécil.
En Crítica estuvo dos días y lo echaron porque no servía para nada. No sabía hacer absolutamente nada. Me explicaron que solo en El Mundo supieron aprovecharlo. Le encargaban cualquier cosa y después daban las páginas a otro para que las reescribiera. Dicen que reuniendo sus aguafuertes porteñas, que son trescientas y pico, podría hacerse un libro extraordinario. Imagínate lo que será eso. Las escribía todos los días, sobre lo primero que se le presentaba. Menos mal que algún otro las reescribió.
Me aseguran que después se cultivó y leyó a Faulkner, y que eso lo demostró en un artículo de dos páginas, algo magnífico, en que estaba todo: "Sobre la crisis de la novela". Qué título. Ya te podés imaginar la idiotez que sería eso. Lo que pasa, según Arlt, es que la gente no comprende lo que es la novela, por eso hay crisis de novelas. En la novela cada personaje debe tener un destino claro, como el destino del tigre es matar. ¿Te das cuenta? Tiene que valerse de un animal para significar la sencillez del destino. Más que personajes describiría muñecos".
JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 249.
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