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Saramago sobre Paz

JUAN RAMÓN IBORRA: El último Nobel ha recaído en un hispanohablante…

JOSÉ SARAMAGO: Es el séptimo, y alguno de ellos no se entienden, por ejemplo José de Echegaray. A Octavio Paz no lo conozco para decir si se lo merece. No me es simpático, pero no tengo derecho a decir si el premio es injusto.

JRI: ¿Por qué no le es simpático Octavio Paz? 

JS: Por sus actitudes, su modo de estar en el mundo. No me interesa su anticomunismo, su antisocialismo, porque estoy en otra área.

JOSÉ SARAMAGO, entrevistado por Juan Ramón Iborra y recogido en Confesionario, Ediciones B, Barcelona, 2001, pág. 15.

Bolaño y los infrarrealistas sobre Paz

En 1976 –luego de la constitución oficial del grupo poético- Roberto Bolaño invita a Sergio Loya a unirse al infrarrealismo. Interrogado por el poeta sobre el objetivo del movimiento, Bolaño responde: “Partirle su madre a Octavio Paz”, frase que se ha convertido en un símbolo de la actitud de los infras para con la cultura oficial. Este impulso no se agota en la mera enunciación y se traslada a los recitales de poesía, congresos y actividades literarias en las que participan los considerados por los infrarrealistas como “poetas estatales”. Como ejemplo baste el episodio ocurrido durante el Encuentro de generaciones que incluía un recital poético de Octavio Paz al que asistieron varios infrarrealistas, entre ellos, Jesús Luis Benítez, que se dedica a interrumpir constantemente la lectura con la frase: “mucha luz, cuánta luz... demasiada luz...”. Benítez -completamente borracho- es sacado de la sala frente a un Octavio Paz al que sólo le queda sentenciar: “El alcoholismo no disculpa la estupidez”.

ANDREA COBAS CARRAL, La estupidez no es nuestro fuerte. Tres manifiestos del infrarrealismo mexicano, en Osamayor. Graduate Student Review, Año XVII, N ° 17, University of Pittsburgh, 2006, págs. 11-29, vía Archivo Bolaño (AQUÍ)

Garro sobre Paz

La vida y la obra de Elena Garro (1916-1998) encarnan la leyenda más asombrosa y problemática del tiempo literario mexicano. Casada en 1937 con Octavio Paz, con quien vivió un turbulento matrimonio que terminó legalmente en 1959, Garro desarrolló una relación paradójica con las luces y las sombras del poeta. Paz es la amenazante hipóstasis del mundo para Garro. Por un lado, sus cuentos y novelas dependen de una fantástica persecución encabezada por su ex marido; por el otro, sin el apoyo material de Paz, que se extendió hasta el final de sus días, la difícil vida de Garro y de su hija Helena Paz habría sido, si cabe, aún más desdichada. En una entrevista concedida en los últimos años de su vida, Garro ratificó la vigencia de su vastísima querella existencial: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él. […] en la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz.”

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CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ MICHAEL, El asesinato de Elena Garro, de Patricia Rosas Lopategui, Letras Libres, Octubre de 2006. Todo el artículo AQUÍ

Efrainitas sobre octavianos y viceversa

Los poetas de mi generación se habían alineado en bandos antagónicos preexistentes. Uno admiraba al poeta popular, Efraín Huerta -famoso por sus "poemínimos", cargados de humor, desparpajo y frescura-, y el segundo a los de la revista Plural que dirigía Octavio Paz -el futuro Premio Nobel, intelectual y cosmopolita- y que editaba un grupo formidable de escritores -García Ponce, Elizondo, De la Colina y el también poeta Tomás Segovia.

Los exquisitos frente a los callejeros, aunque ninguno de los dos bandos era rigurosamente lo dicho. Octavio Paz y Efraín Huerta descienden de la misma tradición literaria mexicana. Los dos nacieron en 1914, son de la misma generación que Rulfo. De jóvenes, Paz y Huerta editaron juntos a fines de los treinta una revista, Taller. Con los años se distanciaron. Habían nacido en ellos diferencias estéticas, pero sobre todo políticas. Octavio Paz había pintado su raya con el estalinismo y más tarde con la Revolución cubana. Efraín, no. Los del bando de Paz llamaban a los efrainitas estalinistas. Los efrainitas llamaban a los octavianos reaccionarios. Ninguno de los apelativos era del todo preciso. Había más en sus desafectos y afinidades, y también había menos.

Los jóvenes poetas efrainitas recorrían las calles a pie o en bus, eran iconoclastas, asistían a talleres, leían, escudriñaban y robaban libros de las librerías, usaban morral, cabello largo, huaraches de suela de llanta, publicaban aquí o allá y pasaban horas en los cafés de mala muerte. Los jóvenes poetas octavianos se criticaban ferozmente los poemas los unos a los otros en mesas de café vecinas a las de los efrainitas, recorrían las calles de la ciudad a pie o en bus o en sus coches, publicaban en los suplementos y revistas octavianos.

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CARMEN BOULLOSA, El agitador y las fiestas, en BOLAÑO SALVAJE, edición de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, Candaya, Badalona, 2008, págs. 418 y 419

Yépez sobre Fuentes

 Primero que todo, obviedad, usted [Carlos Fuentes] construyó parte de la mejor literatura mexicana. Y sospecho que —y he aquí parte central de la presente carta tránsfuga— la novela mexicana contemporánea se trata de la fragmentación de las distintas novelísticas implícitas en su obra. Unos se quedaron con su afán polifónico-totalizador; otros con su afán minimal-estilístico. Y en el futuro otros se quedarán con su novela para lector común.


La literatura no es angelical; es consanguínea de las condiciones psicohistóricas de su época. Por ende, su forma literaria refluja la estructura del Partido Revolucionario Institucional. Y no sólo hablo del partido de Estado, sino también del modo de pensar que el PRI representa, en México y en cualquier región de la mente. No es casual que más de una vez usted haya apoyado al gobierno, como en ese bochornoso asunto de Echeverría. Menos penoso, sin embargo, que el TLC entre Octavio Paz y Carlos Salinas.


Muchas veces he pensado que cierto lenguaje suyo —sobre todo, en sus primeros libros— y el de Paz son increíblemente similares. Usted escribió las novelas que Paz nunca logró. (De un borrador de mala novela de tesis salió el Laberinto.) Su primera etapa narrativa, en definitiva, en el futuro se leerá a la par que la poesía de Paz. Y no me interesa quién copió a quién. Ese lenguaje estaba en el aire post-revolucionario. Por una parte, es reencauce del lenguaje popular elevado a rango estético, aprovechando su fuerza demosténica. Y, otra, y esto es más espinoso, ese lenguaje deriva de la demagogia del PRI. De su romanticismo machista del Pueblo y la Historia.


Usted y Paz, y sus “sucesores”, aplicaron el presidencialismo, el “Partido” único, en la literatura. Y eso sigue haciendo mucho daño. Mermó severamente el verdadero espíritu de la escritura: la disidencia desestructurante. Por desgracia, incluso, se puede prescindir de ustedes, y el PRI cultural continúa. Usted y Paz fungieron como caciques. Fueron protagonistas del modelo que aún hoy domina: la “República de las Letras”, la “Tradición Mexicana”, el escritor como caudillo que, en realidad, es terrateniente. Porfiriato y priato. Dictacalladita mexicana. El Partido de la Literatura Revolucionaria Integrada.


Una parte de su escritura, pues, depende del discurso nacionalista y los ideales del régimen. Hicieron del PRI, nuestra literatura más elegante. Fueron demasiado estetas. Demasiado literatos. Demasiado oficiales.


Afortunadamente, ese latifundio se está desmoronando. Y es que (qué risa) los herederos ni siquiera han tenido los huevos para mantener la hacienda bajo su mando.


Indudablemente sus novelas son una lección tremenda, bellísima, de estilos monumentales, técnicas de derroche, ambientes vocales. Enseñan a escribir. Creo que los narradores posteriores a usted, aprendieron justamente eso. Y sólo eso.


HERIBERTO YÉPEZ, Carta a un viejo novelista, Palabras Malditas, agosto de 2009. Toda la carta AQUÍ

Umbral sobre Paz

PAZ (Octavio). México. Gran ensayista orteguiano y mal poeta que cuando se pone telúrico le sale Neruda. Presume de juventud surrealista e intimidad con André Breton, que jamás lo cita en sus libros. Le va el ensayismo corto, como a Ortega, y por eso su libro más importante es la biografía de sor Juana Inés de la Cruz. La vida de la monja le permite hacer un libro largo y coherente. Un maestro literario, premio Nobel, y un político vendido que hoy es "la chochona del PRI" (Raúl del Pozo), busto parlante de la televisión estatal mexicana y testigo vergonzante de Chiapas y el zapatismo, conflicto que suele desviar hacia la antropología. Buenos amigos en Estados Unidos. . . FRANCISCO UMBRAL, Diccionario de literatura, Planeta, Barcelona, 1997, pág. 200 .

Fernando Vallejo sobre Paz y García Márquez

FRANCISCO VILLENA GARRIDO: ¿Es tu vida materia literaria? FERNANDO VALLEJO: Resolví escribir en primera persona sobre lo que había vivido creando este personaje cuando tenía cuarenta años, el viejo, que recuerda su vida. A lo largo de mi vida he visto historias de la misma realidad y personajes de un mundo con el que podía llenar mis libros. En primera persona porque el narrador en tercera persona es imposible. ¿No te parecen absurdos esos libros del siglo XIX en tercera persona? ¿O del XX? ¿O de toda la historia de la literatura? ¿Cómo va a saber un pobre hijo de vecino qué piensan los otros si ya no nos aclaramos con este lío que es la mente de uno? La novela burguesa francesa del XIX me parece especialmente horrenda. FRANCISCO VILLENA GARRIDO: Tal vez resulta paradójico que una de las grandes voces en tercera persona, como es Gabriel García Márquez, se apreste a experimentar con la primera persona en “Vivir para contarla”, un libro que se dice autobiográfico. FERNANDO VALLEJO: No he leído ese libro de él, aunque él no sabe por dónde va esta cosa. Él no tiene ni idea de por dónde va el asunto. Es un escritor sin originalidad, al contrario de lo que parece. Él ha escrito en tercera persona, en narrador omnisciente, es decir, el camino más trillado de la literatura. Tiene una prosa pobre de vocabulario, sintaxis, sonoridades. No es un novelista original, más bien pobre, sobre todo comparado con lo que otros han hecho, como Manuel Mujica Láinez, el gran prosista y el gran escritor del idioma. Ahora no sabemos para dónde tirar. La literatura tiene los caminos abiertos. FRANCISCO VILLENA GARRIDO: Las críticas a Octavio Paz son frecuentes en tus libros. FERNANDO VALLEJO: Mi narrador es un tipo muy extravagante y loco. Un personaje como ése puede tener manías contra alguien. Para él, Octavio Paz es un personaje muy antipático por mal escritor y por mal poeta. Se creía que era alguien y ahí no había nadie. Es un escritor muy menor. . . FRANCISCO VILLENA GARRIDO, "La sinceridad puede ser demoledora", Conversaciones con Fernando Vallejo, en The Ohio State University. Toda la entrevista (AQUÍ)

Paz sobre Neruda

A Neruda lo perjudicaron la ideología y la abundancia. La poderosa máquina de propaganda de los partidos comunistas y la influencia que tuvo durante la postguerra la ideología llamada de izquierda, lo convirtieron en una figura pública. Fue un ídolo o, más exactamente, un mito. Pero los mitos tienden fatalmente al estereotipo y Neruda no escapó a la estatua de cartón. En sí misma, la actividad política no tenía por qué haberlo dañado: pensemos en Milton o Victor Hugo. Pero Neruda no supo guardar las distancias con los jerarcas de su partido. Una actitud tan violentamente opuesta a la sociedad liberal capitalista como la suya, exigía cierta vigilancia crítica frente a sus correligionarios, especialmente ante la política de Stalin y sus sucesores. No fue así: Neruda fue un militante disciplinado, un creyente más que un partidario. Nunca fue una conciencia crítica, como no lo fueron tampoco Aragon, Éluard, Alberti, Brecht -aunque este último tuvo sobresaltos de conciencia al fin de sus días- y tantos otros. En cuanto a la abundancia: lo dañó porque le hizo confundir la facilidad con la inspiración. Fue admirado por la mayoría pero los lectores exigentes opusieron a ese entusiasmo irreflexivo una reticencia desdeñosa. Reticencia no siempre justificada. Neruda se quejó, con razón a veces, de la envidia de sus colegas. . . OCTAVIO PAZ, Poesía e historia: "Laurel" y nosotros, Obras completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, Barcelona, 2000, págs. 768 y 769

Bolaño sobre Huidobro y Pérez-Reverte

MÓNICA MARISTAIN: ¿Qué le diría a Vicente Huidobro?
ROBERTO BOLAÑO: Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.

M.M.: ¿Octavio Paz sigue siendo el enemigo?
R.B.: Para mí, ciertamente, no. No sé qué pensarán los poetas que durante esa época, cuando yo viví en México, escribían como sus clones. Hace mucho que no sé nada de la poesía mexicana. Releo a José Juan Tablada y a Ramón López Velarde, incluso puedo recitar, si se tercia, a Sor Juana, pero no sé nada de lo que escriben los que, como yo, se acercan a los cincuenta años.

M.M.: ¿No le daría ahora ese papel a Carlos Fuentes?
R.B.: Hace mucho que no leo nada de Carlos Fuentes.

M.M.: ¿Qué le produce el hecho de que Arturo Pérez Reverte sea actualmente el escritor más leído en lengua española?
R.B.: Pérez Reverte o Isabel Allende. Da lo mismo. Feuillet era el autor francés más leído de su época.

M.M.: ¿Y el hecho de que Arturo Pérez Reverte haya ingresado a la Real Academia?
R.B.: La Real Academia es una cueva de cráneos privilegiados. No está Juan Marsé, no está Juan Goytisolo, no está Eduardo Mendoza ni Javier Marías, no está Olvido García Valdés, no recuerdo si está Alvaro Pombo (probablemente si está se deba a una equivocación), pero está Pérez Reverte. Bueno, (Paulo) Coelho también está en la Academia brasileña.

MÓNICA MARISTAIN, Estrella distante: entrevista a Roberto Bolaño, Página12, 19 de julio de 2003. Toda la entrevista AQUÍ

Paz sobre García Márquez

Gómez de la Serna está presente en nuestra literatura. Por ejemplo, es uno de los antecedentes de García Márquez. El mismo amor a la imagen descomunal y absurda, no el humor negro sino la fascinación, muy hispánica, por lo grotesco y lo monstruoso, por los extremos y los "colmos". Por supuesto, hay una diferencia radical entre Gómez de la Sema y García Márquez: el primero es un inventor mientras que el segundo es un popularizador. El lenguaje atomizado de Gómez de la Serna es el lenguaje de la explosión: con él comienza la prosa moderna en español. La prosa de García Márquez es esencialmente académica, es un compromiso entre el periodismo y la fantasía. Poesía aguada. Es un continuador de una doble corriente latinoamericana: la épica rural y la novela fantástica. No carece de habilidad pero es un divulgador o, como llamaba Pound a este tipo de fabricantes, un diluter.

OCTAVIO PAZ, entrevistado por Julián Ríos para Sólo a dos voces, Barcelona, 1973, recogido en Gabriel García Márquez. Testimonios sobre su vida. Ensayos sobre su obra, Siglo del hombre editores, Colombia, 1992, selección y prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda, pág. 133.

Umbral sobre Paz (2)

Pablo Neruda, oliendo a puerto y a guerra, hablaba como en sus discos: "Mis queridos amigos españoles, vayamos a tomar unas cervezas..." Va a interponer su Nobel para que entrullen a Pinochet. Habla en endecasílabos. Octavio Paz, que se ha pasado la vida copiándole, plagiándole, le enciende la pipa cuando se le apaga:

–Maestro ¿cómo se hace para ser tan telúrico?

FRANCISCO UMBRAL, Un ser de lejanías, Planeta, Barcelona, 2001, pág. 107

Paz y Quevedo

Sigo leyendo y admirando al gran poeta y al gran retórico pero no siento ya la simpatía de antes por su figura. Los estudios de Raimundo Lida sobre sus manejos me hicieron ver los recovecos de un intrigante con frecuencia sin escrúpulos, un oportunista que cambió de bando varias veces, un escritor cuyos ataques y adulaciones estaban dictados por el interés. En sus escritos políticos su admirable retórica es humo para no dejar ver la realidad. Falla moral pero también intelectual: el conceptismo oculta a la realidad, siempre irregular, con la simetría de los conceptos. El Quevedo político y el Quevedo moralista me decepcionaron y esta decepción me limpió los ojos. Vi entonces el reverso de la medalla: su genio tétrico y verbalista, su crueldad, su carácter pendenciero y envidioso, su odio a las mujeres, su falta de naturalidad.

OCTAVIO PAZ, fragmento de Quevedo, Heráclito y algunos sonetos, incluido en Fundación y disidencia, recogido en Obras completas II, Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores, Barcelona, 1999, pág. 803.

Umbral sobre Fuentes y Paz

Hoy, por el contrario, el heredofranquismo está más vigente que nunca: utilización de las bases, reforzamiento de las relaciones con la OTAN, amistad/sumisión con Estados Unidos, sublimación de la Hispanidad como nunca la hubiera soñado Sánchez Bella, con halago continuo a intelectuales del V Centenario, como Octavio Paz o Carlos Fuentes, dos creadores acabados. Era mejor poeta Eduardo Carranza, amigo de Luis Rosales y los poetas falangistas, que el forzoso Paz, a quienes algunos llaman ya en Madrid "la Paz". "No faltes, que va a hablar la Paz".

FRANCISCO UMBRAL, La década roja, Planeta, Barcelona, 1993, pág. 25.

Rojas sobre Paz

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ: Y de la poesía española contemporánea, ¿le interesa algún nombre?
GONZALO ROJAS: Son buenos poetas. No es cierto que esté decaída la poesía totalmente acá, que ustedes sean farragosos, perdónenme, no es cierto.

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ / JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS: No nos haga sufrir. 
GONZALO ROJAS: Yo te lo digo, a nosotros en América se nos ofrecen farragosos. Recuerdo haber hablado con Octavio tantas veces de cosas así, con Octavio Paz y sí sabía la cosa. No era un gran poeta, así de fundamento máximo, porque era letrado, hiperlúcido, se lo comía la lucidez. No le funcionaba del todo ese otro juego más animal de un Vallejo, por ejemplo, que te lo dice sin decir, ¿no?, que es de un arrebatado... Y llama la atención: nunca habló Paz de Vallejo. Tampoco otro genio, lúcido y crítico, que se llama para nosotros Borges. No habló de Vallejo ¿qué pasa de eso? En cambio aquí en España se respeta a Vallejo y se le quiere a Vallejo.

GONZALO ROJAS, entrevistado por Mª Ángeles Pérez López y Juan Antonio González Iglesias para La Estafeta del Viento, primavera-verano de 2003. Toda la entrevista AQUÍ

martes, 29 de enero de 2013

Paz sobre Unamuno

Unamuno como personaje me es profundamente antipático. Es un gran escritor antipático, un hombre que ha dicho "que inventen otros" y además que "quiere salvarse con todo y con zapatos"; es un ser que me estremece y no me inspira simpatía.

OCTAVIO PAZ, entrevistado para el programa de televisión "A fondo" por Joaquín Soler Serrano y recogido en Escritores a fondo, Planeta, Barcelona, 1986, pág. 222

Umbral sobre Paz (4)

Era Ortega con poncho, era el poeta que había sujetado la luz de América a una piedra, era el que levantó la vanguardia política y literaria en Méjico y luego, antes o después, se vino a Europa a entremeterse entre los surrealistas, vivir dentro del Vidrio Verde de Marcel Duchamp y hacer el amor con la Muchacha desnudada por sus solteros, y a toparse luminosamente, en una escalera, con el desnudo que la bajaba, metiendo la revolución natural del Nuevo Mundo (el Nuevo Mundo es una revolución natural), como una sobredosis de futuro y grito, en el cansado corazón de Europa. Hoy, ah, tiempos, tiempos, es quien mejor alecciona en liberalismo yanqui (lea a Kenneth Lipper quien no sepa lo que es el cruento liberalismo yanqui) a los jóvenes estudiantes de las Universidades norteamericanas, que el día de mañana pueden ser niños de provecho y agentes de la CIA.Eso era y esto es Octavio Paz, estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora. Él fue nostalgia del fango, pera del olmo, mono gramático, signo en rotación, piedra de sol, surrealista natural, cuarterón de una cultura precolombina y alucinatoria que conoció bien Antonin Artaud mediante el peyote; Artaud, un verdadero rebelde / revolucionario "de la raza de los acusados", como dijera Cocteau. Paz, acusado natural por americano, ha hecho el viaje inverso: del Méjico surrealista y revolucionario a la Europa lúcida, fría y convertida en piedra, cuyo primer símbolo es la mujer de Lot, convertida en sal por curiosidad: a Europa también la ha estatuizado su larga y aguda curiosidad.

Don Octavio es hoy el anti / Artaud, el anti / peyote, el anti / tolteca, el anti / Duchamp, y ya no tiene entre nosotros una casa de Vidrio Verde ni se topa con hermosos desnudos bajando la escalera ni cuenta ya, por supuesto, entre los novios que desnudaban a la muchacha de Marcel Duchamp. Octavio Paz es un pulcro europeo apócrifo que pone el énfasis en la libertad reaganamericana, cobra en dólares una vez al año, o antes si hubiere peligro de muerte, y espera educadamente, apoyándose en un pie o en el otro, en la larga cola del Nobel. A otros grandes americanos les ha pasado. La sombra gótica y ominosa de Wall Street se proyecta demasiado fuerte y cercana sobre el sol manuscrito de Méjico. Incluso los maestros de Paz (que no le citan nunca, por cierto), como André Breton, acabaron / acabó cantando a la hermosa juventud americana que iba a la guerra, en los campus yanquis, porque el surrealismo no da para vivir y la vida, ay, dura más que la biografia. Pero, en cualquier caso, uno diría que Paz no tiene derecho a seguir invocando a los jóvenes dioses revolucionarios (frente al Imperio español) de su viejo Méjico, ni a los viejos maestros surrealistas de su joven Europa de los 20. Paz es hoy su Sor Juana Inés de la Cruz, una monja aristócrata, lúcida y lesbiana, un travestí a lo divino, como se llevaban entonces, un alguien que se ha metido en la clausura del liberalismo por no comprometerse con el siglo ni consigo mismo.

Así se le van cayendo a uno los viejos y jóvenes maestros, cuando los tiempos son de calma y el tráfico de influencias intelectuales corre de Este a Oeste, por no hablar del diálogo Norte / Sur, que a Paz, hoy, le da como un cierto asco. El sabe, por americano y por lúcido, lo que el liberalismo atómico de los yanquis está haciendo con su sub / América, y este es el discurso más urgente que reclama la prosa de Paz. Pero él sigue aplazándolo en virtud de sutiles matizaciones sobre el nombre de la rosa de piedra azteca. Noble melena de una sola onda, corbata discreta, sutil deflagración interior de un rostro que fuera pétreo y tan americano. Paz: un instalado.

FRANCISCO UMBRAL, Paz, El País, 22 de mayo de 1988 (AQUÍ)

Paz sobre Sade


El toreo de Buñuel es un discurso filosófico y sus películas son el equivalente moderno de la novela filosófica de Sade. Pero Sade fue un filósofo original y un artista mediano: ignoraba que el arte, que ama el ritmo y la letanía, excluye la repetición y la reiteración.


OCTAVIO PAZ, Fundación y disidencia, Obras Completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2000, pág. 960.

Garro sobre Paz


¿El Premio Nobel a mí? ¡Uy, no, hombre! Fui una muchachita majadera, muy majadera. Él [Octavio Paz] cuidaba su carrera, caravanas aquí, caravanas allá. Buscó siempre el ascenso. Yo no he hecho más que meter la pata.


ELENA GARRO, recogido por Elena Poniatowska en Elena Garro: la partícula revoltosa, incluido en Las siete cabritas, Txalaparta, Tafalla, 2001, pág. 99.


Paz sobre Fuentes


Haces mal en despreciar a Carlos Fuentes: su libro es un best-seller (va en la tercera edición) y parece que lo publicarán en Nueva York. Ahora escribe su segunda novela. Frente a esto ¿qué importan la confusión, los ecos, las repeticiones, los párrafos más recordados que escritos, más leídos que pensados y todo lo demás que se podría decir? A mí también me asombró su libro. Le tenía estimación, lo quería, creía en él, ¿cómo era posible que hubiera escrito eso? Pero eso –y esa fue mi segunda sorpresa– tuvo un gran éxito. Mis sentimientos frente a Fuentes son ambiguos –fue amigo mío, muy amigo; después de la novela, dejé de verlo; ahora nos hemos vuelto al ver. No puedo evitar quererlo; no puedo evitar que me irrite... y me defraude.


OCTAVIO PAZ, fragmento de una carta a José Bianco enviada en 1958, recogida por Guillermo Sheridan en Concordia: Las cartas de Octavio Paz a José Bianco, Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 765, Marzo 2014, págs. 11 y 12.

Borges sobre Neruda


Miércoles, 5 de junio de 1963. […] BORGES: “¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos creés que allá también habrá santones, como acá? Qué absurda la idea de Heredia, de suponer que de toda la Historia sólo quedarían cuadritos. Ese poema grotesco de Rimbaud sobre el cura, ¿no está bien? (Pausa) Aunque no está muy bien... En cuanto a Baudelaire, todo es tan feo y tan lujoso... Wilde, que no era buen poeta, hacía lo mismo, pero un poco en broma. Poe, que tampoco era buen poeta, se le parecía mucho. Bueno, tal vez Poe sea un poco mejor”. BIOY: “No creo. Todo es demasiado fabricado”.

Leemos a Apollinaire. BORGES: “Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en "La jolie rousse", en "Cors de chasse" hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta... Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho”. BIOY: “Y hasta querer un poco”. BORGES: “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas”. BIOY: “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno”. BORGES: “Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso”. BIOY: “Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado”.

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: “En la "Oda a Lorca", Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman era mejor que el de Neruda. "¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?" Yo le decía: "Olvidate de Martínez Estrada, olvidate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas". El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde...”.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 893-895.