Saramago sobre Paz
Bolaño y los infrarrealistas sobre Paz
Garro sobre Paz
Efrainitas sobre octavianos y viceversa
Yépez sobre Fuentes
Primero que todo, obviedad, usted [Carlos Fuentes] construyó parte de la mejor literatura mexicana. Y sospecho que —y he aquí parte central de la presente carta tránsfuga— la novela mexicana contemporánea se trata de la fragmentación de las distintas novelísticas implícitas en su obra. Unos se quedaron con su afán polifónico-totalizador; otros con su afán minimal-estilístico. Y en el futuro otros se quedarán con su novela para lector común.
La literatura no es angelical; es consanguínea de las condiciones psicohistóricas de su época. Por ende, su forma literaria refluja la estructura del Partido Revolucionario Institucional. Y no sólo hablo del partido de Estado, sino también del modo de pensar que el PRI representa, en México y en cualquier región de la mente. No es casual que más de una vez usted haya apoyado al gobierno, como en ese bochornoso asunto de Echeverría. Menos penoso, sin embargo, que el TLC entre Octavio Paz y Carlos Salinas.
Muchas veces he pensado que cierto lenguaje suyo —sobre todo, en sus primeros libros— y el de Paz son increíblemente similares. Usted escribió las novelas que Paz nunca logró. (De un borrador de mala novela de tesis salió el Laberinto.) Su primera etapa narrativa, en definitiva, en el futuro se leerá a la par que la poesía de Paz. Y no me interesa quién copió a quién. Ese lenguaje estaba en el aire post-revolucionario. Por una parte, es reencauce del lenguaje popular elevado a rango estético, aprovechando su fuerza demosténica. Y, otra, y esto es más espinoso, ese lenguaje deriva de la demagogia del PRI. De su romanticismo machista del Pueblo y la Historia.
Usted y Paz, y sus “sucesores”, aplicaron el presidencialismo, el “Partido” único, en la literatura. Y eso sigue haciendo mucho daño. Mermó severamente el verdadero espíritu de la escritura: la disidencia desestructurante. Por desgracia, incluso, se puede prescindir de ustedes, y el PRI cultural continúa. Usted y Paz fungieron como caciques. Fueron protagonistas del modelo que aún hoy domina: la “República de las Letras”, la “Tradición Mexicana”, el escritor como caudillo que, en realidad, es terrateniente. Porfiriato y priato. Dictacalladita mexicana. El Partido de la Literatura Revolucionaria Integrada.
Una parte de su escritura, pues, depende del discurso nacionalista y los ideales del régimen. Hicieron del PRI, nuestra literatura más elegante. Fueron demasiado estetas. Demasiado literatos. Demasiado oficiales.
Afortunadamente, ese latifundio se está desmoronando. Y es que (qué risa) los herederos ni siquiera han tenido los huevos para mantener la hacienda bajo su mando.
Indudablemente sus novelas son una lección tremenda, bellísima, de estilos monumentales, técnicas de derroche, ambientes vocales. Enseñan a escribir. Creo que los narradores posteriores a usted, aprendieron justamente eso. Y sólo eso.
HERIBERTO YÉPEZ, Carta a un viejo novelista, Palabras Malditas, agosto de 2009. Toda la carta AQUÍ
Umbral sobre Paz
Fernando Vallejo sobre Paz y García Márquez
Paz sobre Neruda
Bolaño sobre Huidobro y Pérez-Reverte
Paz sobre García Márquez
Umbral sobre Paz (2)
Paz y Quevedo
Umbral sobre Fuentes y Paz
Rojas sobre Paz
Paz sobre Unamuno
Umbral sobre Paz (4)
Paz sobre Sade
OCTAVIO PAZ, Fundación y disidencia, Obras Completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2000, pág. 960.
Garro sobre Paz
ELENA GARRO, recogido por Elena Poniatowska en Elena Garro: la partícula revoltosa, incluido en Las siete cabritas, Txalaparta, Tafalla, 2001, pág. 99.
Paz sobre Fuentes
OCTAVIO PAZ, fragmento de una carta a José Bianco enviada en 1958, recogida por Guillermo Sheridan en Concordia: Las cartas de Octavio Paz a José Bianco, Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 765, Marzo 2014, págs. 11 y 12.
Borges sobre Neruda
Leemos a Apollinaire. BORGES: “Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en "La jolie rousse", en "Cors de chasse" hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta... Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho”. BIOY: “Y hasta querer un poco”. BORGES: “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas”. BIOY: “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno”. BORGES: “Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso”. BIOY: “Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado”.
Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: “En la "Oda a Lorca", Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman era mejor que el de Neruda. "¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?" Yo le decía: "Olvidate de Martínez Estrada, olvidate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas". El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde...”.
ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 893-895.



