Acostumbra a explicar largamente lo que hará, y eso me aburre mucho. Me parece que sus largas explicaciones matan, en el momento de nacer, todo dramatismo, toda alegría, toda emoción. Eso es lo que me parece a mí, pero soy la única que me aburro con sus explicaciones, o casi la única. Creo que lo que les gusta de él a los otros es su naturaleza pedagógica. Creo que a esto, a su naturaleza pedagógica, se debe esencialmente su éxito.
No pretendo decir con esto que él busque las risas y los aplausos, ni que su éxito lo obtenga y lo haya obtenido con medios indignos. Su éxito le ha venido por vías naturales. Las risas y los aplausos él no los busca, pero los espera, para incluirlos dentro de su espectáculo. Dentro del público, se dirige a los que están de su parte. Así pues, no dirige y regala ciegamente su complicidad a todos, sino que solo la ofrece a los que están de acuerdo con él.
No considero ciertamente que esto sea menospreciable, pero no me resulta cómico ni dramático, e incluso cuando comparto plenamente sus afirmaciones, permanezco sin embargo ajena y sorda a su lenguaje de actor, no lo sigo y me quedo al margen.
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NATALIA GINZBURG, Ensayos, Lumen, Barcelona, 2009, págs. 316 y 317. Traducción de Flavia Company y Mercedes Corral
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