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Vilariño sobre Bergamín

 MANUEL A.CLAPS- El grupo de la Facultad que asistía a las clases de Bergamín estaba compuesto por José Pedro Díaz, Manuel Flores Mora, Carlos Maggi, Guido Castillo, Arturo Sergio Visca, etcétera. Y como no sabían nada de literatura y Bergamín les daba cursos de letras españolas del Siglo de Oro, les parecía que éste era el autor de esa literatura.


IDEA VILARIÑO- Las daba muy bien.


MANUEL A. CLAPS- Sí, pero para ellos era el autor. Vos misma me contaste aquella anécdota famosa de Flores Mora.


IDEA VILARIÑO- Sí, eso sí. Fue en la única clase de Bergamín a la que asistí porque él me lo pidió. Estaba dando Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán en un ciclo sobre picaresca española. Fue una clase excelente. Después de la exposición del profesor venía una ola de debates y el más enfervorizado polemista era Flores Mora. En un momento dado, alguien le hace una observación sobre el texto y le pide que fundamente mejor. Flores dijo: "Eso no sé porque yo no leí la novela". Algo que da un poco la medida de lo que eran esos adoradores de Bergamín. Después leyeron, pero en ese momento eran sumamente incultos.


MANUEL A. CLAPS- A mí nunca me interesó lo que hacía Bergamín. Es más, me parecía que estaba en una decadencia muy grande, que estaba agotado.


MARIO BENEDETTI- Yo creo que también ustedes tenían bastantes prejuicios con Bergamín, porque he leído cosas de él muy interesantes.


IDEA VILARIÑO- Oíme, de lo que hablamos es de lo que conocimos. Llegó Bergamín y todo ese grupo le hizo una aureola de genio que no tenía. Me extrañó siempre en Ida y en Angel, que eran muy conocedores de la literatura española, que se hayan deslumbrado también. En una nota que escribió hace unos años, María Inés Silva Vila dice que la conversación de Bergamín tenía "la trasmisión mágica del conocimiento". ¡Al diablo! Decía disparates tales como que Ramón Gómez de la Serna era el más grande poeta de la "generación del 98", más que Antonio Machado y que Juan Ramón Jiménez, como lo dijo en una conferencia en el Paraninfo de la Universidad. En realidad, él se había metido en la línea de las greguerías de Gómez de la Serna, conocía bien esos recursos, chistes y jueguitos de palabras, pero de magia no había nada.


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PABLO ROCCA, Diálogo con Idea Vilarino, Manuel A. Claps y Mario Benedetti, Verano de 1994, BANDA HISPÁNICA

Abreu sobre Benedetti

Ha muerto Mario Benedetti, un poeta del montón. Benedetti fue un hueleculo de los Castro y por lo tanto cómplice de tantos crímenes y tantos abusos y tantas celdas tapiadas y tantas torturas y tantos ahogados en el mar y tantos tiroteados tratando de huir de la dictadura de la que Benedetti fue servil empleado.

Benedetti, cómplice del martirio de escritores cubanos mucho mejores que él. Benedetti funcionario de la dictadura mientras pateaban a Reinaldo Arenas, humillaban a Padilla y la policía recetaba electroshocks a René Ariza. Benedetti que nos llamaba delincuentes en 1980 mientras nos lanzábamos al mar.

En El País ya van por cuatro páginas enteras que incluyen apologías de la Caguama Nobel, el ex sandinista Ramírez que dice que “la leyenda se hace carne entre nosotros” y otras sandeces, y una crónica corintellanesca de Juan Cruz. Un desexiliado, dice Cruz qué cruz. Vaya con estos izquierdistas que siempre pueden regresar de sus exilios y terminan ¡en el Panteón Nacional!

El poeta del compromiso, puaf, y la conciencia, puaf. Su alma estaba herida, la voz de su pueblo, puaf, puaf, puaf.

En El Mundo titulan: ¡Un poeta preocupado por el prójimo! Ja, ja, puaf. Siempre y cuando no fueran prójimos cubanos machacados por su amado Fidel. ¿Alguien hablará del daño que tanta poesía vendida, que tanto ripio populachero hizo apuntalando asesinatos y atropellos siempre y cuando se cometieran en nombre del amado Fidel?

La progresía española, tan burra, tan canalla, está de luto.

Hoy es uno de esos días en que me encantaría que existiera el Infierno para que al desembarcar allí Benedetti lo estuviera esperando Arenas y le propinara una merecida patada en el culo.

JUAN ABREU, Emanaciones, 254 (AQUÍ)

Varios autores sobre García Márquez

"¡Juvilemos la hortografía!", ¡"Henterremos las achez rupestrez!". Cuando el escritor colombiano Gabriel García Márquez lanzó este llamamiento frente a los lingüistas y académicos que poblaban el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en la ciudad de Zacatecas, sabía que su alergia por la ortografía iba a provocar un rechazo capaz de atravesar corporaciones varias. Lo que no calculó es que las reacciones lo obligarían a dar marcha atrás en su propuesta.

"La lengua española debe prepararse para un porvenir global y sin fronteras, en un derecho histórico surgido de su vitalidad", dijo Gabo al semanario Hoy. En cambio, y no ya frente a la academia, sino con la mirada clavada en la cámara de televisión, reflexiona: "Yo sólo pretendí humanizar la ortografía, es decir, hacerla más humana, afable, familiar. ¿Dónde está el pecado? No faltan los cursis que pronuncian distinto la be de la ve; no pido la supresión de una u otra, sí que se busque fin a ese tormento que padecen los hispanoparlantes desde la escuela".

Entre quienes encabezaron la revuelta contra el colombiano se destacan el escritor español Juan Goytisolo y el filólogo Francisco Rodríguez Adrados. Mientras el primero recordó que ser un gran escritor no significa ser un buen lingüista, el segundo recurrió al argumento de la unidad cultural: "preservar la ortografía significa garantizar esa unidad".

Buscando esquivar la oleada de críticas, que involucró también a Antonio Gala y Arturo Uslar Pietri, García Márquez aclaró -más vale tarde que nunca- "sólo pedí la simplificación de la gramática, no su supresión". Claro que en una entrevista publicada el domingo por el diario español El País no retrocedió. "El deber de los escritores -planteó- no es conservar el lenguaje, sino abrirle camino en la historia. Somos los hombres de letras quienes sufrimos las camisas de fuerza y cinturones de castidad. Como están hoy las reglas, no tienen ninguna lógica".

Los sudamericanos Mario Benedetti y Mario Vargas Llosa se tomaron la cuestión como una broma. "Es una irreverencia, un desplante", señaló el peruano. "Si se acabara con la ortografía, el español se desintegraría en tal multitud de dialectos que llegaríamos a la incomunicación. Obviamente, semejantes ideas sólo podían provenir de quien es un gran creado de imágenes, pero que nunca ha sido un pensador, ni un teórico, ni un ensayista".

El uruguayo, tras evocar el espíritu lúdico de García Márquez y calificar la propuesta de "frívola", adjudicó esa suerte de exabrupto al oficio. "Él es un prosista, y como tal incapaz de ver que la palabra para un poeta es palabra escrita, es allí donde está su cuerpo. Creo que los escritores latinoamericanos deberíamos dedicarnos a analizar otras cuestiones más importantes que afectan nuestra lengua, entre ellos, la alta tasa de analfabetismo que soporta la región", dijo el autor uruguayo.

Por su parte, la psicoanalista y lingüista argentina Eva Tabakián recordó que la ortografía tiene dos aspectos: uno vinculado a lo autorizado, lo legitimado por la Academia, y otro con la comunicación". "Este último no puede hacerse a un lado", observó. "Cada palabra evoca una imagen por el modo en que está escrita. Muchas veces, cuando se violan esas reglas se torna irreconocible y se llega a la imposibilidad de su lectura. No porque esté bien o mal escrita en términos de una cierta autoridad, sino porque la escritura implica la existencia de un código. Sin código se cae en una anarquía que hace imposible la comunicación".

Para el escritor argentino Charlie Feiling, la actitud de García Márquez surge de una confusión: "Se supone que el inglés es una lengua no reglamentada, cuando en realidad, aunque sumamente plástica, es un idioma donde las reglas cuentan". "La queja de García Márquez es excesiva -opinó- porque en el castellano hay una correspondencia casi exacta entre lo que se dice y lo que se escribe."

"Lo que está por detrás es una confusión entre la actitud de la Real Academia y su diccionario prescriptivo y la de la Universidad de Oxford, que se encarga de armar un diccionario meramente descriptivo. En todo caso, lo que habría que criticar es la actitud de la Academia y no proponer la abolición de la ortografía", concluyó Feiling.

Después de todo, havolir las rreglas nos pribaría del plaser de biolarlas.

CECILIA MACON, Todos contra García Márquez, Página/12, 11 de abril de 1997, vía Elcastellano.org (AQUÍ)

NOTA: El discurso de García Márquez que dio lugar a la polémica se titula "Botella al mar para el dios de las palabras" y se puede leer AQUÍ

Benedetti sobre Lezama Lima


Lezama Lima siempre ha sido altamente estimado, a nivel latinoamericano, por una élite intelectual que a menudo se envanece de su propia admiración, como si el mero hecho de entender a Lezama les otorgara una patente de talento y erudición. Primer malentendido. Si bien Lezama es —de ello no cabe duda— un poeta difícil, solo en raras ocasiones resulta absolutamente impenetrable.

Quizá deba empezar por admitir que, cuando en algún reportaje me preguntan por mis poetas, nunca incluyo a Lezama Lima. Siempre he hallado que se levanta un muro entre su poesía y mi atención de lector, pero ese muro no es precisamente el hermetismo, sino cierta extraña sensación de que la poesía es en él una empresa estrictamente privada, un enfrentamiento entre esa mirada fija o retador desconocido, que, según Lezama, es la poesía, y el poeta que acepta su reto y la resiste. 


MARIO BENEDETTI, fragmento de Lezama Lima, más allá de los malentendidos, artículo de 1976 recogido en El ejercicio del criterio, Alfaguara, 1995, Madrid, pág. 242.

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: Sin embargo la consideración general que la obra de Lezama Lima merece a Benedetti es muy positiva (AQUÍ)

Etxebarría sobre Salinger


Se muere Salinger. Los medios le dedican más páginas que a Francisco Ayala y Benedetti juntos. Cualquiera de los dos autores ha escrito más y mejor que Salinger. Esta afirmación puede ser discutible. Pero es que, además, han escrito en mi lengua.

Me sorprende mucho leer en un diario de difusión nacional que "Salinger, harto de editores, críticos y medios de comunicación decidió que quería seguir siendo un escritor al que la gente conoce por sus obras y punto". Y que por eso se retiró a un pueblecito. Si yo pudiera vivir sólo de mis libros, sin necesidad de promocionarlos, también me retiraría a una casita en Mundaka, pero eso sólo les sucede a los escritores yankis, que pueden no sólo vender en un país de 300 millones de habitantes, sino contar con una inmensa maquinaria promocional -imperialismo cultural se llama- que permite que se te traduzca de forma casi inmediata en medio mundo y que cuando te mueras tu necrológica supere en extensión a la de cualquier escritor local, pese a que en EE UU prácticamente no se publiquen ni se traduzcan las obras de autores extranjeros. Salinger podía permitirse tan retirada vida porque era millonario. Ayala no. Ya de paso, si nos atenemos a las memorias de su primera mujer, su amante y su hija-coinciden las tres en lo esencial- descubrimos que tenía un carácter neurótico, violento a veces, con muchos problemas de relación. Cierro con el título de mi novela, y de paso me hago promoción. Ha quedado demostrado una vez más: lo verdadero es un momento de lo falso.


LUCÍA ETXEBARRÍA, Verdades a medias, ADN.es Opinión, 15 de febrero de 2010.