Benedetti, cómplice del martirio de escritores cubanos mucho mejores que él. Benedetti funcionario de la dictadura mientras pateaban a Reinaldo Arenas, humillaban a Padilla y la policía recetaba electroshocks a René Ariza. Benedetti que nos llamaba delincuentes en 1980 mientras nos lanzábamos al mar.
En El País ya van por cuatro páginas enteras que incluyen apologías de la Caguama Nobel, el ex sandinista Ramírez que dice que “la leyenda se hace carne entre nosotros” y otras sandeces, y una crónica corintellanesca de Juan Cruz. Un desexiliado, dice Cruz qué cruz. Vaya con estos izquierdistas que siempre pueden regresar de sus exilios y terminan ¡en el Panteón Nacional!
El poeta del compromiso, puaf, y la conciencia, puaf. Su alma estaba herida, la voz de su pueblo, puaf, puaf, puaf.
En El Mundo titulan: ¡Un poeta preocupado por el prójimo! Ja, ja, puaf. Siempre y cuando no fueran prójimos cubanos machacados por su amado Fidel. ¿Alguien hablará del daño que tanta poesía vendida, que tanto ripio populachero hizo apuntalando asesinatos y atropellos siempre y cuando se cometieran en nombre del amado Fidel?
La progresía española, tan burra, tan canalla, está de luto.
Hoy es uno de esos días en que me encantaría que existiera el Infierno para que al desembarcar allí Benedetti lo estuviera esperando Arenas y le propinara una merecida patada en el culo.
JUAN ABREU, Emanaciones, 254 (AQUÍ)