Breton sobre Dali
Breton sobre Aragon
¿Aragon? Siempre le habían gustado los acróbatas; todavía no se había acabado de decidir una cosa, aun en contra de su opinión, como por ejemplo subir a una colina, y él ya estaba en la cumbre... La opinión general entre nosotros era que continuaba siendo muy "literato": incluso cuando paseaba con nosotros por la calle, era muy raro que no nos leyera un texto suyo (...). Asimismo le gustaba, cuando hablaba en los cafés, no perderse ninguna de sus actitudes reflejadas en los espejos..."
ANDRÉ BRETÓN, en Escritores europeos contemporáneos, de JUAN GUTIÉRREZ PALACIO, Editorial Magisterio Español, 1975, Madrid, pág. 64.
Sabato sobre Dalí
Umbral sobre Paz
Dalí sobre Aragon, Buñuel y Breton
Klaus Mann sobre Breton
Dalí sobre Breton
Canetti sobre Lévi-Strauss
Breton sobre Camus
¿Qué es ese fantasma de rebelión que Camus se esfuerza por acreditar y detrás de qué se cobija? A una rebelión en la que se haya introducido la medida, a una rebelión vaciada de su contenido pasional, ¿que puede quedarle? No dudo de que muchos se dejen engañar con semejante artificio: se ha conservado la palabra y se ha suprimido la cosa.
Los surrealistas sobre Claudel
Señor:
Lo único pederástico que tiene nuestra actividad es la confusión que siembra en la mente de los que no participan en ella.
La creación nos importa muy poco. Lo que deseamos con todas nuestras fuerzas es que las revoluciones, guerras y las insurrecciones coloniales logren aniquilar a esta civilización occidental cuyas miserias ustedes defienden hasta en el Oriente, e invocamos esa destrucción como el estado de cosas menos inaceptable para el espíritu.
Ni el gran arte ni el equilibrio existen para nosotros. Hace ya mucho tiempo que la idea de belleza murió. Solo queda en pie una idea moral, a saber, por ejemplo, que no se puede ser a la vez embajador de Francia y poeta.
Aprovechamos esta ocasión para desolidarizarnos públicamente de todo lo francés en palabras y en actos. Declaramos que la traición y todo lo que de una manera u otra puede dañar la seguridad del Estado nos parece mucho más conciliable con la Poesía que la venta de grandes cantidades de tocino por cuenta de una nación de puercos y perros.
Un singular desconocimiento de las facultades propias y de las posibilidades del espíritu es el que lleva periódicamente a buscar la salvación a los patanes de la especie de usted en una tradición católica o grecorromana. La salvación, para nosotros, no está en ninguna parte. Consideramos a Rimbaud como un hombre que perdió la esperanza en su salvación y cuya obra y vida son testimonios cabales de perdición.
Catolicismo, clasicismo grecorromano: quédense con sus santurronerías infames. Que les aprovechen como sea; engorden más, revienten bajo la admiración y el respeto de sus conciudadanos. Escriban, recen y babeen mientras nosotros reclamamos el deshonor de haberlos llamado de una vez por todas petimetres y canallas.
París, 1 de julio de 1925
Máxime Alexandre, Louis Aragón, Antonin Artaud, J.-A. Boiffard, Joé Bousquet, André Bretón, Je Carrive, René Crevel, Robert Desnos, Paul Eluard, Max Ernst, T. Fraenkel, Francis Gérard, Eric Haulleville, Michel Leiris, Georges Limbour, Mathias Lübeck, Georges Malkine. André Masson, M Morise, Marcel Noli, Benjamín Péret, Georges Ribemont-Dessaignes. Philippe Soupault, Dé Sunbeam, Roland Tual, Jacques Viot, Roger Vitrac.
CARTA ABIERTA AL SR. PAUL CLAUDEL, EMBAJADOR DE FRANCIA EN JAPÓN, Ediciones CNRS, 1982 (pág. 205-206), extraído de Wikisource Francia (AQUÍ)
Borges sobre Breton y Trotski
Hace veinte años pululaban los manifiestos. Esos autoritarios documentos renovaban el arte, abolían la puntuación, evitaban la ortografía y a menudo lograban el solecismo. Si eran obra de literatos, les complacía calumniar la rima y exculpar la metáfora; si de pintores, vindicar (o injuriar) los colores puros; si de músicos, adular la cacofonía; si de arquitectos, preferir un sobrio gasómetro a la excesiva catedral de Milán. Todo, sin embargo, tiene su hora. Esos papeles charlatanes (de los que poseí una colección que he donado a la quema) han sido superados por la hoja que André Bretón y Diego Rivera acaban de emitir.
Esa hoja se titula con terquedad: Por un arte revolucionario independiente. Manifiesto de Diego Rivera y André Bretón por la liberación definitiva del Arte. El texto es aún más efusivo y más tartamudo. Consta de unas tres mil palabras que dicen exactamente dos cosas (que son incompatibles). La primera, digna del capitán La Palice o del axiomático Perogrullo, es que el arte debe ser libre y que en Rusia no lo es. Anota Rivera-Bretón: «Bajo la influencia del régimen totalitario de la U.R.S.S. se ha extendido por el mundo entero un profundo crepúsculo hostil al surgimiento de toda especie de valor espiritual. Crepúsculo de lodo y de sangre en el cual, disfrazados de intelectuales y de artistas, engañan hombres que han hecho del servilismo un recurso, del reniego de sus principios un juego perverso, del falso testimonio venal un hábito y de la apología del crimen un gozo. El arte oficial de la época stalinista refleja sus esfuerzos irrisorios para engañar y enmascarar su verdadero papel mercenario... A los que nos apremian, ya sea por hoy o por mañana, a consentir que el arte se someta a una disciplina que juzgamos radicalmente incompatible con sus medios, oponemos una negativa sin apelación y nuestra voluntad deliberada de atenernos a la fórmula: Toda licencia en arte». ¿Qué conclusión podemos derivar de lo anterior? Juzgo que ésta, y sólo ésta: El marxismo (como el luteranismo, como la luna, como un caballo, como un verso de Shakespeare) puede ser un estímulo para el arte, pero es absurdo decretar que sea el único. Es absurdo que el arte sea un departamento de la política. Sin embargo, eso precisamente es lo que reclama este manifiesto increíble. André Bretón, apenas estampada la fórmula «Toda licencia en arte», se arrepiente de su temeridad y dedica dos páginas fugitivas a renegar de ese dictamen precipitado. Rechaza el «indiferentismo político», denuncia el arte puro «que de ordinario sirve los fines más impuros de la reacción» y proclama «que la tarea suprema del arte contemporáneo es participar consciente y activamente en la preparación de la revolución». Acto continuo propone «la organización de modestos congresos locales e internacionales». Deseoso de agotar los deleites de la prosa rimada, anuncia que «en la etapa siguiente se reunirá un congreso mundial que consagrará oficialmente la fundación de la Federación Internacional del Arte Revolucionario Independiente (F.I.A.R.I.)».
¡Pobre arte independiente el que premeditan, subordinado a pedanterías de comité y a cinco mayúsculas!
JORGE LUIS BORGES, Un caudaloso manifiesto de Breton, El Hogar, 2 de diciembre de 1938, recogido por Klaus Müller-Bergh y Gilberto Mendonça Teles en Vanguardia Latinoamericana, Tomo V, Iberoamericana, Madrid, 2009, págs. 197 y 198.
Prévert sobre Breton
JACQUES PRÉVERT, fragmento de Un cadáver, recogido por César Vallejo en Autopsia del surrealismo e incluido en El arte y la revolución, Obras Completas, Tomo Segundo, Mosca Azul Editores, Lima, 1973, pág. 78.
Breton sobre Aragon
¿Aragon? Siempre le habían gustado los acróbatas; todavía no se había acabado de decidir una cosa, aun en contra de su opinión, como por ejemplo subir a una colina, y él ya estaba en la cumbre... La opinión general entre nosotros era que continuaba siendo muy "literato": incluso cuando paseaba con nosotros por la calle, era muy raro que no nos leyera un texto suyo. Asimismo le gustaba, cuando hablaba en los cafés, no perderse ninguna de sus actitudes reflejadas en los espejos...


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