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Bloom sobre King y Rowling

Johnson es el genio de la crítica: su trabajo reverbera con una autoridad que responde completamente a la grandeza incluso de un Shakespeare o de un Milton. Y sin embargo su genio crítico surge con más fuerza cuando nos recuerda para qué sirve la literatura, como en estos comentarios sobre la versión del poeta John Dryden de la Eneida de Virgilio:

Las obras de imaginación sobresalen por su fascinación y deleite, por su capacidad de atraer y conservar la atención. Es un libro bueno en vano aquel que el lector abandona. Sólo es maestro aquel que mantiene la mente en complaciente cautiverio; cuyas páginas se leen atentamente y con fruición y que se vuelven a leer con la esperanza de un renovado placer; y cuya conclusión se anticipa con la tristeza con la que el viajero mira el punto de partida.

Una vez leí este pasaje en público y alguien preguntó por qué no podríamos usar estas palabras en defensa de los fanáticos de Harry Potter y admiradores en todo el mundo de Stephen King. ¿Se puede verdaderamente leer a Rowling y a King "con la esperanza de un renovado placer"? Johnson quería que Don Quijote fuera más larga y yo también. ¿Es la mente lo que Rowling o King mantienen "en complaciente cautiverio"? Como no deseaba que mi audiencia permaneciera cautiva de un igualitario, recuerdo haber respondido con unas palabras que guardo para siempre en la memoria, del "Prefacio a Shakespeare", de Johnson:

Las combinaciones irregulares de la invención caprichosa pueden deleitarnos un rato por la novedad que la hartura común de la vida nos obliga a buscar; pero los placeres del asombro imprevisto se agotan pronto y la mente sólo puede hallar reposo en la estabilidad de la verdad.

HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, Barcelona, 2005, págs. 226 y 227. Traducción de Margarita Valencia Vargas

Bloom sobre Poe (2)

Los grandes poetas líricos son escasos, y en donde más abundan es en la literatura inglesa y en la alemana. Hay muy pocos de verdadera calidad en la tradición americana y en cambio arrastramos una larga y atroz recua de malos poetas líricos, cuyo ancestro y deprimente ejemplar es Edgar Allan Poe, creador de una amalgama de Coleridge, Byron y Shelley que sigue teniendo consecuencias lamentables. Poe aún tiene seguidores, incluso en países en los que los críticos no saben leer inglés, pero sobre todo en Francia, donde no saben, como lo demostró la tríada de Baudelaire, Mallarmé y Valéry, responsable de haber leído en Poe cosas que no estaban allí. Ningún otro poeta o cuentista se ha beneficiado tanto con la traducción.

HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, Barcelona, 2005, pág. 477. Traducción de Margarita Valencia Vargas

Bloom sobre King

JUANA LIBEDINSKY: El año último, el premio literario más importante de Estados Unidos, el de la National Book Foundation, fue para Stephen King, el escritor de novelas de terror, y a usted no le gustó nada. ¿Lo considera parte del mismo proceso de atontamiento de la sociedad norteamericana que usted describe?
HAROLD BLOOM: ¡Por supuesto! La decisión de dar a Stephen King el premio anual de la National Book Foundation por su "distinguida contribución" a la literatura es un nuevo golpe bajo en el escandaloso proceso de idiotización de nuestra cultura nacional. Stephen King no es Edgar Allan Poe. Analizándolo palabra a palabra, oración a oración, párrafo a párrafo, no es más que un mal escritor. La industria editorial ha caído increíblemente bajo al darle el mismo premio que con anterioridad recibieron novelistas como Saul Bellow o Phillip Roth, o un dramaturgo como Arthur Miller. Si éste va a ser el criterio por seguir, quizá se debería dar el premio a la contribución distinguida a la literatura, el año próximo, a Danielle Steele, y, obviamente, el Nobel de Literatura a J. K. Rowling.

HAROLD BLOOM, entrevistado por Juana Libedinsky, Bush y Shakespeare, Rebelión, 12 de julio de 2004. Toda la entrevista AQUÍ

Bloom sobre Poe

Edgar Allan Poe es un best-seller de todos los tiempos, aún más popular internacionalmente que en el mundo de habla inglesa. A mi juicio, Poe fue, casi siempre, un poeta muy malo, un crítico incompetente y un estilista en prosa tan espantoso que sus relatos se leen muchísimo mejor traducidos. Un juicio así es, qué duda cabe, impopular, porque Poe es una referencia ineludible. Siempre estará ahí, y siempre ejercerá una influencia enorme en escritores muy superiores a él, incluidos Dostoievski, Borges y todos los poetas franceses, de Baudelaire a Valéry. No deja de ser una ironía que Poe sea el autor americano más leído en el extranjero, donde supera incluso a Mark Twain, Walt Whitman y William Faulkner.

En 1984 publiqué, en The New York Review of Books, una reseña sobre la edición de la obra de Poe, en dos volúmenes, en The Library of America. Ese ensayo puede encontrarse como introducción a mi primer volumen en Chelsea House, Edgar Allan Poe: Modern Critical Views(1985). Si lo señalo es por la avalancha de reacciones airadas que provoqué, entre otras las denuncias de la Poe Society lanzadas por la emisora National Public Radio. Poe es, en cierto modo, una vaca sagrada, y tal vez debamos permitirle que muja en paz.

HAROLD BLOOM, El futuro de la imaginación, Anagrama, Barcelona, 2002, traducción de Daniel Najmías, págs. 63 y 64.

Bloom sobre Rowling


JUANA LIBEDINSKY: Hablando de J. K. Rowling, resulta imposible olvidar el escándalo que armó usted cuando publicó su crítica sobre el primer libro de la serie de Harry Potter.
HAROLD BLOOM: Bueno, pero todo comenzó bastante inocentemente. El editor de la página de opinión de The Wall Street Journal me llamó y me pidió que le hiciera una reseña sobre Harry Potter. Yo le dije que no sonaba como el tipo de libro de mi especialidad, pero me dijo que mucha gente creía que yo era el crítico literario más importante del momento y que verdaderamente les serviría mi opinión sobre el tema. Y con eso, naturalmente, me convenció. Así que fui a una librería y me compré el primer volumen. No podía creer lo que estaba delante de mí. Lo que me resultaba más insoportable era la cantidad de clichés que usaba la autora. Escribí mi artículo y fue publicado. No es una exageración decir que comenzó un infierno. El editor me llamó diez días después y me dijo que nunca había visto algo así. Habían recibido unas cuatrocientas cartas de lectores insultándome y una sola a favor, que él creía que yo mismo había mandado. La cosa nunca más paró. Pero, por supuesto, la serie de Harry Potter es una porquería. Como toda porquería, eventualmente, el tiempo la dejará en el olvido. Pero, mientras tanto, no escribo más sobre el tema. Me he convencido de que es como luchar contra el océano.


HAROLD BLOOM, entrevistado por Juana Libedinsky, Bush y Shakespeare, Rebelión, 12 de julio de 2004. Toda la entrevista AQUÍ