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Ginzburg sobre Fo

Dario Fo se espera los aplausos y las risas del público, y no olvida nunca que se los espera. Se viste y se envuelve con ellos, entrelazándolos con el bullicio de los periódicos. Sonríe al público todo el tiempo, como quien no duda nunca de sí mismo, y como quien no duda nunca de la aquiescencia de sus interlocutores. Nunca le recorre un escalofrío, un estupor, un temblor, una perpejlidad. Nunca se queda en blanco, nunca está asustado, nunca solo.

Acostumbra a explicar largamente lo que hará, y eso me aburre mucho. Me parece que sus largas explicaciones matan, en el momento de nacer, todo dramatismo, toda alegría, toda emoción. Eso es lo que me parece a mí, pero soy la única que me aburro con sus explicaciones, o casi la única. Creo que lo que les gusta de él a los otros es su naturaleza pedagógica. Creo que a esto, a su naturaleza pedagógica, se debe esencialmente su éxito.

No pretendo decir con esto que él busque las risas y los aplausos, ni que su éxito lo obtenga y lo haya obtenido con medios indignos. Su éxito le ha venido por vías naturales. Las risas y los aplausos él no los busca, pero los espera, para incluirlos dentro de su espectáculo. Dentro del público, se dirige a los que están de su parte. Así pues, no dirige y regala ciegamente su complicidad a todos, sino que solo la ofrece a los que están de acuerdo con él.

No considero ciertamente que esto sea menospreciable, pero no me resulta cómico ni dramático, e incluso cuando comparto plenamente sus afirmaciones, permanezco sin embargo ajena y sorda a su lenguaje de actor, no lo sigo y me quedo al margen.

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NATALIA GINZBURG, Ensayos, Lumen, Barcelona, 2009, págs. 316 y 317. Traducción de Flavia Company y Mercedes Corral
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Publicado por Neorrabioso en 09:010 comentarios