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Baroja sobre Flaubert

Flaubert es un animal de pata pesada. Se ve que es normando. Toda su obra tiene mucho peso específico; a mí me fastidia. Uno de los hallazgos de Flaubert es el haber ideado el tipo de Homais, el boticario, de Madame Bovary. Yo no veo que Homais sea más estúpido que Flaubert; tal vez sea menos.

PÍO BAROJA, Juventud, egolatría, Taifa literaria, Barcelona, 1987, págs. 82 y 83

Javier Marías sobre Cela

Si hoy hubiera en España un Flaubert que escribiera un Diccionario de ideas recibidas con que burlarse de los lugares comunes de nuestra sociedad, tendría que poner junto a la entrada "Literatura española": "Dígase primero que Cela es el mejor escritor español vivo, y luego desvaríese con libertad".

(...) Parece como si nadie se hubiera parado a revisar la obra de nuestro Solo Escritor. Cada nueva obra suya es saludada sin más como una nueva obra maestra, y ay de aquel que diga que el Escritor Único lleva muchísimos años (¿todos?) sin dar a la imprenta ninguna obra maestra. Pero aún hay más: los Maestros Indiscutibles suelen tener discípulos y dejan huella (o un gran vacío) en los que vienen detrás de ellos, y sin embargo me parece cuando menos dudoso que la mayoría de los integrantes de las dos generaciones de novelistas españoles más recientes reconozcan en su propia obra el menor influjo del Escritor Único. ¿O acaso es tal influjo patente en un Mendoza, en un Pombo, en un Guelbenzu, en un Millás, en un Azúa, por mencionar algunos autores de la primera generación postfranquista? ¿Lo es en un Llamazares, en un Martínez de Pisón, por mencionar algunos de la segunda?

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JAVIER MARÍAS, Literatura y fantasma, Alfaguara, Madrid, 2001, págs. 175 y 178

Saer sobre Amado, Allende, Coelho y Vargas Llosa

PREGUNTA: Para admirar a un escritor hay que merecerlo, no se puede admirar a Shakespeare y escribir como Paulo Coelho, lo dijo usted. También hizo referencia a una declaración de Coelho donde el escritor brasilero decía que admiraba a Borges y a Jorge Amado...
JUAN JOSÉ SAER: Claro! Y dije que uno de los dos tenía que protestar. Si a Coelho le gustan los dos hay algo que falla en su juicio estético, es una manera de involucrarlos a ambos en una estética que es totalmente inexistente, es imposible. A mi me gusta Borges, pero no me gusta Jorge Amado aunque es una persona estimable y generosa, pero su literatura evidentemente es un poco folklórica. Al principio era una literatura de protesta social y después dejó de serlo, perdió ese dramatismo social y se transformó en una especie de cultor del color local de Bahía, del cual yo desconfío, nunca estuve en Bahía pero yo desconfío de todo el color local. Aquí en Buenos Aires el color local es el tango, me tiene harto, me dan ganas de vomitar cuando veo bailarines de tango, y eso que me gusta mucho el tango, pero se ha transformado en una especie de cosa estilizada para turistas. A mí me gusta Borges y no me gusta Amado.

Otro caso similar es el de Mario Vargas Llosa, él dice que su autor preferido es Flaubert, yo no veo absolutamente nada ni en la obra, ni en la vida, ni en las opiniones que pueda provenir de Flaubert. En los métodos de escritura de uno y de otro, es ahí donde hay que juzgar a un escritor, en la concepción de la novela es totalmente diferente. Uno hace novelas enormes, mamotretos comerciales que son cada vez peores, y el otro tenía la religión del "Buen Gusto" la palabra justa, decía que en una novela una palabra no puede ser cambiada porque cambia todo el sentido de la novela. Escribió muy pocos libros y cada uno de esos libros era una aventura nueva que empezaba y abría un camino nuevo para la narrativa. Son todos libros muy diferentes que lo único que tienen en común es el estilo inimitable de Flaubert cuya música basta con cerrar los ojos para escucharla inmediatamente. Él probaba sus prosas en voz alta, a la noche, solo, para ver si funcionaba. No podemos decir lo mismo de (Mario) Vargas Llosa cuya prosa siempre está hecha con gran rapidez para poder llegar a las mejores ventas lo antes posible, para no retrasarse. Parece que ahora ha hecho declaraciones contra Kirchner, es ese tipo de lacayos que se anticipan siempre a los deseos del amo.

PREGUNTA: Ya había existido un entredicho cuando Vargas Llosa declaró que había que perdonar a los militares en nombre de la democracia...
JUAN JOSÉ SAER: Si, él dijo eso y que todo el pueblo argentino estaba comprometido con lo que pasó. Jamás perdería ni cinco minutos en contestarle. Nunca leo sus artículos, ni las posiciones estéticas de Paulo Coelho, ni de Isabel Allende, no me interesan ese tipo de personajes, a los que les deseo la mayor cantidad posible de ventas y de años de vida naturalmente, además son lo bastante astutos como para no meterse en cosas en las que no se tienen que meter, en cambio Vargas Llosa, tal vez sea un mérito de su parte ese empecinamiento en opinar sobre todo, es un opinador profesional, y siempre opina mal.

JUAN JOSÉ SAER, entrevistado por Andrea Stefanoni y Damián Lapunzina para Radio Montaje, octubre de 2010. Toda la entrevista AQUÍ

Tabucchi sobre Stendhal

No me gusta demasiado Stendhal. Como ustedes saben, o se es flaubertiano o se es stendhaliano, y yo me sitúo sin ninguna duda entre los primeros. Stendhal es como Proust, tiene un ego tan hinchado que no me interesa. Hubiera sido incapaz de hablar de una pobre y mezquina mujer infeliz, como hizo Flaubert. Sobre todo sentía la necesidad de hablar de sí mismo, de Henri Beyle; basta ver la prosopopeya con la que trata del amor para darse cuenta. Se aprecia claramente la diferencia entre los dos autores comparando ese insoportable tratado que es Del amor con esa otra sublime disquisición sobre la bétise que es Bouvard y Pécuchet.

ANTONIO TABUCCHI, recogido por Carlos Gumpert en Conversaciones con Antonio Tabucchi, Anagrama, Barcelona, 1995, pág. 70

Julien Green sobre Flaubert

Relectura de Herodías, sin aburrimiento pero sin entusiasmo, sin admiración sincera por toda esa joyería de epítetos. Se me ocurre que esta continua perfección tiene algo de inhumano y mata cada frase al paso, sin fallar en una.

He releído la leyenda de Saint Julien l'Hospitalier y esta vez he quedado decepcionado. Desde luego, hay frases que por sí solas pueden resucitar toda la Edad Media, pero lo más a menudo el estilo, el famoso estilo de Flaubert, se interpone como una pantalla entre el asunto y la emoción que este asunto debe producir; una pantalla magnífica, convengo, una pantalla erizada de joyas... Se gustaría más, al precio de algunos defectos, un estilo que diese la impresión de respirar como un ser viviente, con esa libertad que tenía Flaubert cuando no se vigilaba, cuando olvidaba su corona de flores de naranjo.

JULIEN GREEN, fragmento de Journal, recogido por Ernesto Sábato en Heterodoxia, Alianza Editorial, Madrid, 1973, pág. 117

Borges sobre Flaubert (2)

A pesar de lo mucho que se esforzaba por escribir, las frases no le salían bien. Cae, como Lugones, en un estilo burocrático que apaga el interés del lector. No trata de ser interesante; la impresión que da no es de impulso, sino de insistencia en una materia ingrata. Después de leer La tentación de Saint Antoine a sus amigos, le dijeron que debía dejarse de asuntos grandilocuentes, que debía buscar una historia chata. Para contestar a esos amigos escribió Madame Bovary. Qué idea de la literatura y del arte. Llegó hasta a buscar la casa donde habían vivido Bouvard y Pécuchet. Qué diferencia con Henry James. Cuando a James le contaban una historia que le parecía que le daba tema para un cuento, una vez que había oído lo esencial acallaba a los narradores; no quería oír demasiadas explicaciones ni detalles; con lo esencial trabajaba su mente y un tiempo después escribía un cuento. Un método más lúcido que el de Flaubert.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 66 y 67.

Dumas hijo sobre Flaubert y viceversa

Dumas también compartía la mesa, con mucho gusto, con el joven Maupassant, al que lamentaba no haber podido formar: "¡Ah!, si hubiese tenido en mis manos un valor semejante, hubiese hecho de él un moralista." Flaubert había intentado hacer de él un artista. "¿Flaubert?", decía Dumas. "Un gigante que derriba un bosque entero para construir una caja... La caja es perfecta, pero ha costado demasiado cara." Flaubert, por su parte, gruñía:

El caballero Dumas apunta a la diputación... Alejandro Dumas esmalta los diarios con sus preocupaciones filosóficas... En el teatro, lo mismo. No se preocupa por la obra en sí, sino por la idea que quiere predicar. Nuestro amigo Dumas sueña en la gloria de Lamartine, o mejor aún, en la de Ravignan. Evitar que se levanten las faldas se ha convertido en una obsesión para él...

Es lógico que la furia moralizadora de Dumas exasperara a Flaubert: "¿Qué pretende? ¿Cambiar al género humano, o escribir cosas bellas, o llegar a diputado?" Flaubert hablaba con desprecio "de los procedimientos de gran hombre, de las recomendaciones al público que hieden a Dumas".

ANDRÉ MAUROIS, Los tres Dumas, Obras Completas VII, Plaza & Janés, Barcelona, 1965, págs. 511 y 512

Baroja sobre Galdós


Galdós tenía condiciones para hacer algo importante, pero pensaba sobre todo en el éxito y en el dinero. 

Yo no soy entusiasta de Flaubert, pero no se puede dudar que tiene una gran fama como escritor en el mundo.

Si Flaubert, que a mí no me parece hombre de grandes facultades, hubiera tenido la moral literaria de Galdós, no habría sido nada. No hubiera pasado de ser uno de tantos novelistas franceses de la época; pero Flaubert creyó que el éxito en la novela estaba en la prosa exacta y trabajada, y la trabajó con furia hasta lo último, con todas sus fuerzas. Otro podía tener un ideal de claridad, de precisión, de exactitud, de lo que fuera; pero Galdós no tenía, como digo, más ideal que el éxito y el dinero, y así, con las mayores condiciones, no se podía llegar a lo alto.


PÍO BAROJA, Desde la última vuelta del camino II, Tusquets, Barcelona, 2006, págs. 63 y 64.

Moravia sobre Flaubert


No me gusta Flaubert, que cuidó mucho su estilo. Flaubert no parece un novelista muy bueno. Madame Bovary es una novela que se detiene y se atasca en todas las páginas. Por el contrario, en Proust, la novela se desliza, fluye, no se detiene jamás. Proust supo reanimar el movimiento narrativo mezclando en una misma frase los hechos y la crítica de los hechos. Sus novelas son novelas-ensayos. Desbloqueó la novela, que, después de Flaubert, no acababa de encontrar su camino. De pronto, afirma que sus personajes han envejecido. No es suficiente. Proust sacó a la novela de este callejón sin salida; su genio le hizo descubrir la solución de la novela-ensayo.

En realidad, ni siquiera aprecio el estilo de Flaubert. Lo encuentro ronroneante, simétrico, enredado, burgués. Por otra parte, conviene admitir que Flaubert asesinó a la novela en tanto que narración "inventada", romancesca. Prefiero, con mucho, a Balzac. Aunque escribe algunas veces muy mal y se encuentra en sus páginas cierta cantidad de escorias, de desperdicios, Balzac sigue siendo muy vivo, muy poderoso. Es más burgués aún que Flaubert, pero es la burguesía en todo su esplendor, treinta años antes que la de Madame Bovary.


ALBERTO MORAVIA, El rey está desnudo, conversaciones con Vania Luksic, Plaza&Janés, Barcelona, 1982, traducción de Alberto Baró, págs. 133 y 134.

Flaubert sobre Dumas (padre)


Me reí bastante con tu descripción de la entrada de Béranger en casa de Dumas, cuando vio a la dama en camisón. ¡Qué buen tipo ese Dumas! ¡Y qué distinción de modales! ¿Sabes que ese hombre, si carece de estilo en sus escritos, lo tiene en su persona, y rabiosamente? Él mismo daría pie para un bonito personaje, pero ¡qué lástima que tan hermosa disposición haya caído tan bajo! Producir lo más barato posible, en la mayor cantidad posible, para el mayor número posible de consumidores. No le leían tanto cuando escribía Angèle. Ahora le lee todo el mundo, debido a que se bebe más habitualmente Médoc corriente que Lafitte. Por mucho que se diga, hay, hasta en las artes, popularidades vergonzosas; la suya entre ellas. 


GUSTAVE FLAUBERT, carta a Louise Colet enviada desde Croisset el 15 de septiembre de 1846, incluida en Cartas a Louise Colet, Obras completas, III, Aguilar, Barcelona, 2004, traducción de Ignacio Malaxecheverría, págs. 351 y 352