Dumas hijo sobre Flaubert y viceversa

Dumas también compartía la mesa, con mucho gusto, con el joven Maupassant, al que lamentaba no haber podido formar: "¡Ah!, si hubiese tenido en mis manos un valor semejante, hubiese hecho de él un moralista." Flaubert había intentado hacer de él un artista. "¿Flaubert?", decía Dumas. "Un gigante que derriba un bosque entero para construir una caja... La caja es perfecta, pero ha costado demasiado cara." Flaubert, por su parte, gruñía:

El caballero Dumas apunta a la diputación... Alejandro Dumas esmalta los diarios con sus preocupaciones filosóficas... En el teatro, lo mismo. No se preocupa por la obra en sí, sino por la idea que quiere predicar. Nuestro amigo Dumas sueña en la gloria de Lamartine, o mejor aún, en la de Ravignan. Evitar que se levanten las faldas se ha convertido en una obsesión para él...

Es lógico que la furia moralizadora de Dumas exasperara a Flaubert: "¿Qué pretende? ¿Cambiar al género humano, o escribir cosas bellas, o llegar a diputado?" Flaubert hablaba con desprecio "de los procedimientos de gran hombre, de las recomendaciones al público que hieden a Dumas".

ANDRÉ MAUROIS, Los tres Dumas, Obras Completas VII, Plaza & Janés, Barcelona, 1965, págs. 511 y 512