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Benet sobre Joyce

Lo que he escrito sobre Joyce no responde a ninguna boutade, sino que creo, de verdad, que es un escritor de segunda fila. ¿Por qué? Porque hace de la literatura un proceso analítico. Me explicaré. Llamo literatura analítica a aquella en la que el predicado está incluido en el sujeto. Si digo “la noche está oscura”, la metáfora es analítica, no crea literatura, tal como yo la entiendo. Para mí, la literatura consiste en formular juicios sintéticos sobre la realidad. Si escribo “la noche es plateada”, el juicio es sintético y lo escrito ya es, por tanto, literatura. Lo demás, el costumbrismo, el naturalismo, no me interesan. Si describes una verbena sin apartarte de los elementos que la integran, no inventas nada, simplemente traspasas la realidad a la escritura. Por eso Faulkner y Proust me parecen grandes escritores; por eso, también, Joyce, me parece menor. El llamado “monólogo interior” –no sé por qué, puesto que un monólogo tiene siempre una trabazón lógica; por otra parte, los ingleses dicen más justamente “corriente del pensamiento” – puede servir como técnica, pero no creo que tenga otros valores.

EDUARDO G. RICO: “Juan Benet: Joyce es de segunda fila”, Triunfo Nº 429, Madrid, 22 de agosto de 1970, pág. 38, recogido por Carlos G. Santa Cecilia en La recepción de James Joyce en la prensa española, Universidad de Sevilla, Secretariado de publicaciones, 1997, págs. 288 y 289

Primo Levi contra Borges, Isaac B. Singer, Proust, Dostoyevski y Balzac

AURELIO ANDREOLI: ¿Por qué ha omitido a J. L. Borges entre los contemporáneos?
PRIMO LEVI: Lo conozco poco, y diría que siento una vaga antipatía por él. Percibo en Borges algo que me es extraño y lejano. Por otra parte, sería audaz pretender justificar todas las propias simpatías y antipatías. Algunas son evidentes, otras lo son menos. Precisamente mi simpatía por Rabelais es en apariencia incomprensible. Y, sin embargo, entre todos es aquel a quien me siento más ligado, de forma casi filial. Si pudiera, lo escogería como padre.

AURELIO ANDREOLI: ¿Por qué usted, de tradición judía, ha descartado a un gran escritor como Isaac B. Singer?
PRIMO LEVI: Porque no estoy tan convencido de que sea un gran escritor. De entrada escribe demasiado, y además me parece un escritor diluido. Desde luego me es querido como persona, pero si lo hubiese puesto entre los escritores que leo y releo, y de esto se trataba, habría mentido. No creo que tenga "nervio" suficiente" como para ser incluido entre los escritores de serie A. Me temo que dentro de una generación sólo lo leerán los especialistas. Si se compara una página de Singer con una del menos conocido escritor yiddish Schalom Alechem, que yo cito, se comprende qué diferencia puede haber entre los dos a propósito del "vigor del estilo".

AURELIO ANDREOLI: ¿Y por qué ha omitido a autores de la tradición mitteleuropea: Proust, Musil, Kafka?
PRIMO LEVI: Proust me parece aburrido, a Musil no lo conozco suficientemente, Kafka también me inspira sentimientos ambivalentes: por un lado, la sensación de hallarme ante libros fundamentales, por otro, una repulsión de origen psicoanalítico.

AURELIO ANDREOLI: Hablemos un poco más de sus antipatías literarias...
PRIMO LEVI: Las antipatías no son siempre racionales, pueden obedecer a causas o circunstancias ocasionales, porque hemos ido a parar a una página inadecuada, porque la página era la adecuada pero el momento no. Entre las antipatías, Dostoievski, en quien he intentado entrar una vez más recientemente, y de quien me aleja su forma cansina de escribir. Encuentro ingrata esa mezcla suya de portentosa lucidez introspectiva y confusión en la escritura. Sería conveniente reducir sus libros a una tercera parte. Añádase a ello que se trata de traducciones. Sé perfectamente, porque también lo he hecho, lo difícil y peligroso que es el oficio de traducir. Y, por lo tanto, ante un autor cuya lengua no conozco, como en el caso de Dostoievski, y en general los rusos, recelo un poco. Balzac es otro al que he renunciado, sólo he leído dos libros suyos, y me di por vencido, porque nuestra vida es demasiado corta para leer a todo Balzac.

PRIMO LEVI, fragmento de la entrevista de Aurelio Andreoli, Paese Sera, 21 de agosto de 1981, recogido en Primo Levi: entrevistas y conversaciones, Ediciones Península, Barcelona, 1998, págs. 102 y 103, traducción de Francesc Miravitlles Salvador.

Benet sobre Joyce y Woolf

Me corresponde hablar de Faulkner como uno de los innovadores de la narrativa de este siglo; otros les hablarán luego de Proust, de Joyce y de Virginia Woolf. Ciertamente en el panorama literario-crítico son cuatro nombres que se consideran sacrosantos. Los cuatro han echado su cuarto a espadas para renovar la narrativa. Pero desde mi punto de vista -nada erudito ni profesoral, nada "técnico"- lo han renovado de muy distinta manera y desde puntos de vista dispares. Por decirlo de manera simple, tenían talentos muy diferentes, cualitativa y cuantitativamente. De hecho, a mi juicio, Virginia Woolf no tenía demasiado; su obra, aburrida y carente de interés, está bien para quien le guste mucho tomar el té a las cinco de la tarde, pero si alguien quiere regodearse en una obra literaria para sacar un buen pensamiento no le dejará más que hambre... Lo más meritorio de Virginia fue su muerte, una muerte heroica eso sí: se llenó de piedras los bolsillos de su vestido y se tiró a un río poco después de que estallase la Segunda Guerra Mundial.

Tampoco Joyce es un personaje de mi interés; tuvo una carrera literaria honesta en cuanto a creador estilístico, en el sentido de que nunca se conformó con lo que hizo ni intentó vender dos veces el mismo producto. Cuando había conseguido uno saltaba al siguiente; pero, demasiado ofuscado con su falso invento del stream of consciousness, lo llevó más allá, lo llevó más adelante en cada salto (de Dublineses al Retrato del artista adolescente, de éste al Ulysses, delUlysses a Finnegan's Wake) y fue encerrándose en su propio invento, absolutamente convencido -como un profeta de voz admonitoria- de que con él se llega a un tope, a un techo en el arte narrativo, así que tendió a su destrucción, a retirar todos los elementos del engranaje y dejarlos aislados uno a uno en el papel. De hecho nadie ha leído su Finnegan's Wake, que es intraducible y nada produce (como no sea quinientas tesis en las universidades norteamericanas); es una obra, como le dijo Wells, que sólo le había divertido y le divertía a él. Nadie lo sigue cómodamente en su casa, en una butaca; pues hay que estudiarlo muy profundamente; no bastan las herramientas ordinarias, hay que tener conocimientos tan personales como los de Joyce, y no siendo James Joyce uno no se entera de nada.

En ese sentido, hay alguien que tiene mucho más mérito, a quien no se ha incluido aquí porque han hablado de él ya en otro coloquio anterior... Es Kafka. Un individuo que, a mi modo de ver, tiene una altura literaria incomparable con la de Joyce o la de Virginia. No cabe duda de que Kafka, Faulkner y Proust constituyen la trilogía planetaria de la literatura del siglo XX.

JUAN BENET, Ensayos de incertidumbre, Random House Mondadori, Barcelona, 2012, págs. 396 y 397.

Proust sobre Balzac


En la actualidad se pone a Balzac por encima de Tolstói. Es locura. La obra de Balzac es antipática, gesticulante, llena de ridiculeces, la humanidad es juzgada en ella por un hombre de letras deseoso de hacer un gran libro, en Tolstói por un dios sereno. Balzac llega a dar la impresión de lo grande, en Tolstói todo es naturalmente más grande, como los cagajones de un elefante al lado de una cabra.


MARCEL PROUST, fragmento de León Tolstói, escrito en ¿noviembre de 1910?, recogido en Escribir: Escritos sobre arte y literatura, Páginas de Espuma, Madrid, 2022, traducción de Mauro Armiño, pág. 155.

Pamuk sobre la literatura comprometida


ENTREVISTADOR: Cuando dice «la generación previa», ¿a quiénes se refiere?
ORHAN PAMUK: A autores que sentían una responsabilidad social, autores que sentían que la literatura debía servir a la moral y a la política. Eran realistas planos, no experimentales. Como los escritores de tantos países pobres, desperdiciaron su talento intentando servir a su nación. Yo no quería ser como ellos porque incluso de joven había disfrutado con Faulkner, Virginia Woolf y Proust, y nunca aspiré al modelo social-realista de Steinbeck y Gorky. La literatura producida en los sesenta y setenta empezaba a dejar de estar de moda, así que fui bien recibido como autor de una nueva generación.


ORHAN PAMUK, fragmento de la entrevista concedida a Paris Review recogida en Otros colores, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, traducción de Rafael Carpintero, pág. 421.

Moravia sobre Flaubert


No me gusta Flaubert, que cuidó mucho su estilo. Flaubert no parece un novelista muy bueno. Madame Bovary es una novela que se detiene y se atasca en todas las páginas. Por el contrario, en Proust, la novela se desliza, fluye, no se detiene jamás. Proust supo reanimar el movimiento narrativo mezclando en una misma frase los hechos y la crítica de los hechos. Sus novelas son novelas-ensayos. Desbloqueó la novela, que, después de Flaubert, no acababa de encontrar su camino. De pronto, afirma que sus personajes han envejecido. No es suficiente. Proust sacó a la novela de este callejón sin salida; su genio le hizo descubrir la solución de la novela-ensayo.

En realidad, ni siquiera aprecio el estilo de Flaubert. Lo encuentro ronroneante, simétrico, enredado, burgués. Por otra parte, conviene admitir que Flaubert asesinó a la novela en tanto que narración "inventada", romancesca. Prefiero, con mucho, a Balzac. Aunque escribe algunas veces muy mal y se encuentra en sus páginas cierta cantidad de escorias, de desperdicios, Balzac sigue siendo muy vivo, muy poderoso. Es más burgués aún que Flaubert, pero es la burguesía en todo su esplendor, treinta años antes que la de Madame Bovary.


ALBERTO MORAVIA, El rey está desnudo, conversaciones con Vania Luksic, Plaza&Janés, Barcelona, 1982, traducción de Alberto Baró, págs. 133 y 134.