Se elogiaban por personne interposée. Sólo algunas escenas de Britannicus, de Bérenice o de Phédre continúan asombrándome, quizás porque en ellas hay un ajuste logrado entre versificación, acción y emoción. En cuanto a Les Plaideurs, inútil decirme que es una buena comedia. La he releído atentamente. Qué osadía comparar esta obra con las de Molière. Con razón dijo éste, según se cuenta, que la pieza de Racine “no valía nada”. Sólo he encontrado en ella dos versos citables: “Mais sans argent l’honneur n’est qu’une maladie” y “Pour dormir dans la rue on n’offense personne” (respuesta que podría dar un clochard a un flic que lo interpele).
JULIO RAMÓN RIBEYRO, La tentación del fracaso, Seix Barral, Barcelona, 2003, págs. 299 y 300