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Bloom sobre Poe (2)

Los grandes poetas líricos son escasos, y en donde más abundan es en la literatura inglesa y en la alemana. Hay muy pocos de verdadera calidad en la tradición americana y en cambio arrastramos una larga y atroz recua de malos poetas líricos, cuyo ancestro y deprimente ejemplar es Edgar Allan Poe, creador de una amalgama de Coleridge, Byron y Shelley que sigue teniendo consecuencias lamentables. Poe aún tiene seguidores, incluso en países en los que los críticos no saben leer inglés, pero sobre todo en Francia, donde no saben, como lo demostró la tríada de Baudelaire, Mallarmé y Valéry, responsable de haber leído en Poe cosas que no estaban allí. Ningún otro poeta o cuentista se ha beneficiado tanto con la traducción.

HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, Barcelona, 2005, pág. 477. Traducción de Margarita Valencia Vargas

Bloom sobre Poe

Edgar Allan Poe es un best-seller de todos los tiempos, aún más popular internacionalmente que en el mundo de habla inglesa. A mi juicio, Poe fue, casi siempre, un poeta muy malo, un crítico incompetente y un estilista en prosa tan espantoso que sus relatos se leen muchísimo mejor traducidos. Un juicio así es, qué duda cabe, impopular, porque Poe es una referencia ineludible. Siempre estará ahí, y siempre ejercerá una influencia enorme en escritores muy superiores a él, incluidos Dostoievski, Borges y todos los poetas franceses, de Baudelaire a Valéry. No deja de ser una ironía que Poe sea el autor americano más leído en el extranjero, donde supera incluso a Mark Twain, Walt Whitman y William Faulkner.

En 1984 publiqué, en The New York Review of Books, una reseña sobre la edición de la obra de Poe, en dos volúmenes, en The Library of America. Ese ensayo puede encontrarse como introducción a mi primer volumen en Chelsea House, Edgar Allan Poe: Modern Critical Views(1985). Si lo señalo es por la avalancha de reacciones airadas que provoqué, entre otras las denuncias de la Poe Society lanzadas por la emisora National Public Radio. Poe es, en cierto modo, una vaca sagrada, y tal vez debamos permitirle que muja en paz.

HAROLD BLOOM, El futuro de la imaginación, Anagrama, Barcelona, 2002, traducción de Daniel Najmías, págs. 63 y 64.

Guelbenzu y Savater sobre la novela negra nórdica

Los escritores Fernando Savater y José María Guelbenzu coincidieron ayer en plantear una defensa por elevación de la novela policiaca. Por separado, los autores abogaron por una intelectualización de un género en el que se han venido primando las historias que, aunque bien acogidas por un público mayoritario, tratan temas sociales de manera "tópica y elemental". No sonaron sus defensas en el mismo ámbito: los escritores las expusieron ayer por separado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander (UIMP), donde ambos participan en los cursos de verano.

Guelbenzu afirmó que el origen del desastre de este género literario está en el norte de Europa. "La realmente culpable es la novela nórdica", indicó en una pausa del seminario sobre literatura polaca en el que ha participado. El ganador del premio Torrente Ballester 2010 por El hermano pequeño aclaró que estas novelas no profundizan en la crítica social cuando se intenta hablar de los problemas de la sociedad, "porque los escritores son mediocres o porque interesa abarcar un público masivo".

"Cuantos más muertos hay, más torpe es el autor", explica Savater
Tras impartir una charla en un seminario dedicado al escritor Jorge Luis Borges, precisamente sobre el relato policiaco cultivado por el escritor argentino, Savater opinó que en estas novelas se aborda más las denuncias psicológicas que el análisis intelectual de casos criminales. "Cuantos más muertos hay, más torpe es el autor", dijo. El filósofo confesó que comparte con Borges el gusto por la novela negra como "problema intelectual", más que como "asunto sociológico".

"Desde el principio sabemos cuál es el culpable, el culpable es siempre el capitalismo", opinó Savater, que además se mostró en contra de escribir historias sobre asesinos en serie, temática que para él "no tiene gracia", porque, según dijo, "el derroche de hemoglobina es un poco burdo". El autor de La hermandad de la buena suerte se mostró más próximo en el tratamiento que dieron a este género pioneros como Edgar Allan Poe, G. K. Chesterton, Agatha Christie o el propio Borges.

"Creo que para muchos escritores la novela negra ha sido una solución para hablar de algo que no sabían hacer a un nivel de mayor altura", explicó Guelbenzu. Crítico en Babelia, suplemento literario de EL PAÍS, se decanta por autores como los suecos Maj Sjowall y Per Walöö, o el belga George Simenon. Y prefiere las historias de aventuras, como "Sherlock Holmes", a la novela "falsamente social". Un fenómeno que, según él, responde a un criterio basado únicamente en las ventas.


LAURA CONTRERAS, Por una novela negra "de altura", El País, 19 de agosto de 2011 (AQUÍ)

Borges sobre Neruda


Miércoles, 5 de junio de 1963. […] BORGES: “¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos creés que allá también habrá santones, como acá? Qué absurda la idea de Heredia, de suponer que de toda la Historia sólo quedarían cuadritos. Ese poema grotesco de Rimbaud sobre el cura, ¿no está bien? (Pausa) Aunque no está muy bien... En cuanto a Baudelaire, todo es tan feo y tan lujoso... Wilde, que no era buen poeta, hacía lo mismo, pero un poco en broma. Poe, que tampoco era buen poeta, se le parecía mucho. Bueno, tal vez Poe sea un poco mejor”. BIOY: “No creo. Todo es demasiado fabricado”.

Leemos a Apollinaire. BORGES: “Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en "La jolie rousse", en "Cors de chasse" hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta... Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho”. BIOY: “Y hasta querer un poco”. BORGES: “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas”. BIOY: “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno”. BORGES: “Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso”. BIOY: “Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado”.

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: “En la "Oda a Lorca", Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman era mejor que el de Neruda. "¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?" Yo le decía: "Olvidate de Martínez Estrada, olvidate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas". El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde...”.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 893-895.

Bolaño sobre Cela y Umbral


Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Como ya tengo cuarentaicuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince. 3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, y además lleva en su interior el juego más bien pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 7) Los cuentistas suelen jactarse de haberse leído a Petrus Borel. Gran error: ¡deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval! 8) Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. 9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, el Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, y Mientras ellas duermen, de Javier Marías. 12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.


ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 324-325.