Querido Luciano,
me he traído cuatro de las novelas de Maurice Blanchot y he tratado de leerlas.
Debo anticipar que no tengo la más mínima idea de quién es Blanchot y que nunca he oído nombrarlo, y por eso no entiendo por qué tiene tanta importancia una decisión a su respecto. Por lo que puedo entender, ha sido un surrealista pero ha anticipado temas de la literatura existencialista y de la école du regard. En una palabra, es un precursor, es decir alguien que hace antes que los otros cosas que después los otros harán mejor que él.
Es alguien que trabaja con un gran rigor, no está de más decirlo, pero absolutamente negado para hacerse leer, con la mayor buena voluntad no se consigue pasar de unas cincuenta páginas de cada libro y uno se para, desafío a cualquiera a seguir adelante.
El más grueso de los libros que tengo es Aminadab, una novela (de 1924) de estricta observancia surrealista, puramente onírica, etc., aburridísima.
Au moment voulu es un cuento de 1951 donde cada paso que se da o cada palabra que se dice son cuatro o cinco páginas de introspección filosófica. Pero no agarra; es frío y gris.
Lo más interesante (desde un punto de vista de fenomenología literaria) es Tomás el oscuro (de 1932, pero rehecho varias veces en diferentes versiones) que son todas experiencias existenciales de un loco: se baña en el mar y le parece que el elemento extraño no es sólo el agua, sino su cuerpo; está en una caverna oscura y le parece mirar su mirada, etc. Pero no asoma la fuerza de Kafka o de La náusea. Queda como una búsqueda de efecto.
Lo único que, por lo menos a medias, se lee es un librito de 1948, La sentencia de muerte que es la asistencia a una enferma de cáncer: deliberadamente modesto.
En una palabra: es el típico autor que tendrá siempre un círculo reducido de fieles que se preguntarán: "¿Pero por qué no es famoso como X y como Y si, en el fondo, dice las mismas cosas?", pero nunca conseguirá llegar a ser ni uno de los protagonistas de la historia literaria, ni un escritor legible para el público.
Por lo tanto, no hay razón ninguna para traducirlo.
(En Italia no se ha traducido nunca ni siquiera a Breton, creo.)
Afectuosos saludos,
Calvino
ITALO CALVINO, carta a Luciano Foa recogida en Los libros de los otros. Correspondencia (1947-1981), Tusquets, Barcelona, 1994, traducción de Aurora Bernárdez, pág. 184