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Bloom sobre King y Rowling

Johnson es el genio de la crítica: su trabajo reverbera con una autoridad que responde completamente a la grandeza incluso de un Shakespeare o de un Milton. Y sin embargo su genio crítico surge con más fuerza cuando nos recuerda para qué sirve la literatura, como en estos comentarios sobre la versión del poeta John Dryden de la Eneida de Virgilio:

Las obras de imaginación sobresalen por su fascinación y deleite, por su capacidad de atraer y conservar la atención. Es un libro bueno en vano aquel que el lector abandona. Sólo es maestro aquel que mantiene la mente en complaciente cautiverio; cuyas páginas se leen atentamente y con fruición y que se vuelven a leer con la esperanza de un renovado placer; y cuya conclusión se anticipa con la tristeza con la que el viajero mira el punto de partida.

Una vez leí este pasaje en público y alguien preguntó por qué no podríamos usar estas palabras en defensa de los fanáticos de Harry Potter y admiradores en todo el mundo de Stephen King. ¿Se puede verdaderamente leer a Rowling y a King "con la esperanza de un renovado placer"? Johnson quería que Don Quijote fuera más larga y yo también. ¿Es la mente lo que Rowling o King mantienen "en complaciente cautiverio"? Como no deseaba que mi audiencia permaneciera cautiva de un igualitario, recuerdo haber respondido con unas palabras que guardo para siempre en la memoria, del "Prefacio a Shakespeare", de Johnson:

Las combinaciones irregulares de la invención caprichosa pueden deleitarnos un rato por la novedad que la hartura común de la vida nos obliga a buscar; pero los placeres del asombro imprevisto se agotan pronto y la mente sólo puede hallar reposo en la estabilidad de la verdad.

HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, Barcelona, 2005, págs. 226 y 227. Traducción de Margarita Valencia Vargas

Bloom sobre Rowling


JUANA LIBEDINSKY: Hablando de J. K. Rowling, resulta imposible olvidar el escándalo que armó usted cuando publicó su crítica sobre el primer libro de la serie de Harry Potter.
HAROLD BLOOM: Bueno, pero todo comenzó bastante inocentemente. El editor de la página de opinión de The Wall Street Journal me llamó y me pidió que le hiciera una reseña sobre Harry Potter. Yo le dije que no sonaba como el tipo de libro de mi especialidad, pero me dijo que mucha gente creía que yo era el crítico literario más importante del momento y que verdaderamente les serviría mi opinión sobre el tema. Y con eso, naturalmente, me convenció. Así que fui a una librería y me compré el primer volumen. No podía creer lo que estaba delante de mí. Lo que me resultaba más insoportable era la cantidad de clichés que usaba la autora. Escribí mi artículo y fue publicado. No es una exageración decir que comenzó un infierno. El editor me llamó diez días después y me dijo que nunca había visto algo así. Habían recibido unas cuatrocientas cartas de lectores insultándome y una sola a favor, que él creía que yo mismo había mandado. La cosa nunca más paró. Pero, por supuesto, la serie de Harry Potter es una porquería. Como toda porquería, eventualmente, el tiempo la dejará en el olvido. Pero, mientras tanto, no escribo más sobre el tema. Me he convencido de que es como luchar contra el océano.


HAROLD BLOOM, entrevistado por Juana Libedinsky, Bush y Shakespeare, Rebelión, 12 de julio de 2004. Toda la entrevista AQUÍ