Las obras de imaginación sobresalen por su fascinación y deleite, por su capacidad de atraer y conservar la atención. Es un libro bueno en vano aquel que el lector abandona. Sólo es maestro aquel que mantiene la mente en complaciente cautiverio; cuyas páginas se leen atentamente y con fruición y que se vuelven a leer con la esperanza de un renovado placer; y cuya conclusión se anticipa con la tristeza con la que el viajero mira el punto de partida.
Una vez leí este pasaje en público y alguien preguntó por qué no podríamos usar estas palabras en defensa de los fanáticos de Harry Potter y admiradores en todo el mundo de Stephen King. ¿Se puede verdaderamente leer a Rowling y a King "con la esperanza de un renovado placer"? Johnson quería que Don Quijote fuera más larga y yo también. ¿Es la mente lo que Rowling o King mantienen "en complaciente cautiverio"? Como no deseaba que mi audiencia permaneciera cautiva de un igualitario, recuerdo haber respondido con unas palabras que guardo para siempre en la memoria, del "Prefacio a Shakespeare", de Johnson:
Las combinaciones irregulares de la invención caprichosa pueden deleitarnos un rato por la novedad que la hartura común de la vida nos obliga a buscar; pero los placeres del asombro imprevisto se agotan pronto y la mente sólo puede hallar reposo en la estabilidad de la verdad.
HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, Barcelona, 2005, págs. 226 y 227. Traducción de Margarita Valencia Vargas