Aira sobre Sarmiento

CARLOS ALFIERI: ¿Y Sarmiento?
CÉSAR AIRA: A Sarmiento no le tengo mucha simpatía. Era uno de esos políticos gritones, que siguen existiendo, dotado de un don oratorio asombroso. Hay una cosa en él que no me gusta, y es que era un hombre que no leía, era de esos políticos que eligen su tema para entrar en la vida pública, en su caso la educación, el saber, pero paradójicamente él no leía, no dejó una biblioteca. En sus voluminosas cartas, nada menos que 25.000 páginas –si se las publicara completas ocuparían kilómetros de estanterías–, cuenta de todo, hasta el movimiento de sus intestinos, sueños, estornudos, todo lo que le pasaba, pero en esas decenas de miles de páginas no hay una sola mención a un libro. Nunca tuvo un libro en sus manos ni el gusto de hablar de la lectura: se las arreglaba con la lectura de periódicos, de revistas. Y escribió tanto que se ha calculado, haciendo unas sencillas operaciones de multiplicación y división, que redactó unas 70 páginas por día de promedio. ¿Cómo iba a tener tiempo para leer libros?

CARLOS ALFIERI: Sin embargo, ¿no le parece que tanto en el Facundo como en sus libros de viajes hay una prosa de un vigor extraordinario?
CÉSAR AIRA: Claro que sí, sin ninguna duda. El Facundo tiene escenas fantásticas, como la de la muerte de Facundo Quiroga. Hay lectores muy entusiastas de Sarmiento, gente que dedica su vida al estudio de su obra y de su vida, porque el personaje da para eso. En fin, una vez más, dejemos que florezcan mil flores. En lo que a mí respecta, como dirían los ingleses: no es mi taza de té.

CÉSAR AIRA, entrevistado por Carlos Alfieri para Conversaciones, Katz Editores, Buenos Aires, 2008, págs. 38-40.