Trigo es lo contrario que Azorín pero en malo; quiere encontrar misterios en la peinadora, en el comisionista, en el estudiante, en el café de una ciudad de provincia, y se arma unos conflictos sentimentales y sensuales absurdos. Es como un Pérez Escrich de lo erótico, con un estilo confuso, revuelto y turbio. A mí me dijo una vez que cuando en una de sus novelas necesitaba un intermedio, un relleno entre dos hechos importantes, ponía uno o varios párrafos confusos que no querían decir nada. Es como si un cocinero, en los postres, entre la poire et le fromage, pusiera unos dulces hechos con serrín.
PÍO BAROJA, Opiniones y paradojas, Tusquets, Barcelona, 2000, selección de Miguel Sánchez-Ostiz, págs. 247