No he sido en absoluto capaz de descubrir qué sentido tiene esta novela –y, por lo que recuerdo, una cosa por el estilo les ocurrió a todos los reseñistas cuando salió–. El argumento podría ser de Dashiell Hammett: una muerte violenta cada veinte páginas, y toda la cabalgata de policías violentos y embusteros, de dives en el Village, de putas que parecen muy baratas pero que quizá son muy caras, de negros e italianos con cuchillos, de millonarios que quieren violar a sus hijas quinceañeras, etc. –con el añadido de una dosis muy considerable de pornografía, y de unas conversaciones kierkegardo–dostoievskianas sobre la muerte y Dios y el Demonio y el infierno–. Todo esto en una prosa infecta, que parece mentira que salga del autor del maravilloso reportaje sobre el match Liston-Patterson. Lo que más sorprende, sin embargo, es su extraordinaria ingenuidad sexual. El protagonista, por ejemplo, asesina a su mujer, de la que vive separado, cuando ella le dice que practica normalmente la fellatio con todos sus amantes (cosa que él le enseñó). Después de esto, se tira a la criada de la mujer, y le entra alternativamente por el coño y por el ano, y todo su problema es saber dónde eyaculará, y al final se decide por el ano porque parece que la humilla más. Una mentalidad de niña de convento.
Supongo que la única hipótesis caritativa es que no se trata en realidad de una novela, y que la clave la da el título: es un “sueño”, en el cual Mailer acumula todas las frustraciones y obsesiones que atribuye a sus compatriotas. Pero nunca acabamos de estar seguros de que él no participe de toda esta estupidez –o sea, que el hombre no ha llegado a controlar su tono–. ¿Qué hacemos, por ejemplo, con la última frase del penúltimo capítulo (p.247)?
En definitiva, creo que la censura tendría buen cuidado de que la novela no fuera publicada en España, y que haría un buen favor al país.
GABRIEL FERRATER, Noticias de libros, Península, Barcelona, 2012, págs. 274 y 275.