JORGE LUIS BORGES, prólogo a El jardín de senderos que se bifurcan, Buenos, 10 de noviembre de 1941, recogido en Ficciones, Bibliotex, Madrid, 2001, pág. 13.
Borges sobre los novelistas
Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario. Así procedió Carlyle en Sartor Resartus; así Butler en The Fair Haven; obras que tienen la imperfección de ser libros también, no menos tautológicos que los otros. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios.