El ruiseñor, Jorge Guillén, no es pavo real, ni facilísimo, ni espiralea gorgoritando. Usted no ha visto ni oído al ruiseñor, sino al canario. (pág. 481)
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Jorge Guillén me ha copiado la esclamación seguida, la interjección frecuente, el ansia entrecortada, los aumentativos, los vivas, pero en J. G. la esclamación es declamatoria, la interjección es física, y el entrecortamiento, hipo gramatical.
Esclamación y ansia no van en J. G. a la esencialidad ambiente sino al techo de la existencia. (pág. 611)
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No, crítico; es muy diferente: ¿Góngora, Valéry, yo, Jorge Guillén?
Jorge Guillén canta, cántica, cantiquea, a lo Góngora y Valéry, la limitación de este mundo sin dios, y dan en la nada. Yo canto la infinitud que le da a este mundo el dios creado en él por mí.(págs. 619 y 620)
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En la poesía española, Garcilaso, Góngora, Calderón, Rubén Darío, García Lorca son renovadores formales; Gil Vicente, San Juan de la Cruz, Bécquer, Unamuno, Antonio Machado son renovadores ideales; Jorge Manrique, Fray Luis de León, Quevedo, Jorge Guillén no renuevan nada, se estacionan bellamente y son casos aislados.
El estacionamiento es permanencia aprisionada. No tiene sucesión. (pág. 622)
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Si el sueño de la razón produce monstruos, su vijilia produce cadáveres y momias, Jorge Guillén.(pág. 624)
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En la obra de Valéry, de su seguidor Jorge Guillén, de Pedro Salinas, de Aleixandre, etc., no se oyen voces humanas. Hay ciudad, campo, fauna, flora, pero no seres humanos.
Mi obra resuena toda de voces y seres cercanos y lejanos. (pág. 631)
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–Los poemas de Jorge Guillén no tienen frescura.
–Claro, no son flores, son frutos.
–Sí, frutas como raíces sin jugo. Son papas, no melocotones ni naranjas.
–Y si fueran flores, serían dalias y adormideras, no claveles ni nardos. (pág. 632)
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Yo le he dado a la poesía sandalias, Jorge Guillén zapatos. (pág. 632)
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Jorge Guillén pesca buenos peces. ¿Quién lo duda? Pero cuando los peces caen en la banasta de su libro los pescados están muertos.
Todo Guillén es naturaleza muerta (pág. 633)
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Dije de Jorge Guillén que era un momificador
Sí, él procede poéticamente como un momificador. Coje una idea ajena (siempre ajena, puede comprobarse) y la mata sólo con hacerla suya. Luego, se frota las manos de gusto; la diseca minuciosamente, la embalsama prolijamente, la envuelve interminablemente en paños sucesivos... Y cuando ya está empaquetada, le pinta por encima la cara, recordando la de la idea.
Y la idea muerta cobra, por esa idea de la cara ajena ya encubierta, cierta vida; pero es una vida ficticia, como la de las momias.
Esto no quiere decir que no haya momias interesantes. (pág. 728)
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Quien ve la vida con gafas congénitas, como Jorge Guillén, escribe versos para gafas, que necesitan gafas para ser leídos aun por los que no necesitan gafas. (pág. 729)
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Ideolojía, Anthropos, Barcelona, 1990