SALVADOR PÁNIKER, Segunda memoria, Seix Barral, Barcelona, 1988, pág. 43
Pániker sobre Rilke y Jorge Guillén
Cosa en mí poco frecuente, leía poesía. Leía a Jorge Guillén, su pasmo absoluto, y me impresionaba poco. Para pasmo absoluto me bastaba el mío. Siempre he preferido a los poetas que se fijan en lo que yo no me fijo, los detalles y las menudencias. Las sensorialidades. Baudelaire, Neruda, el último García Lorca. Leía a Rilke y se me acababa pronto la paciencia. Rilke era entonces un poeta en la cresta de la ola, un genio; pero a mí se me hacía excesivo el contorsionismo, el tono alto, abstracto. (Para intelectualidades, ya digo, me sobraban con las mías). Liebe und Abscheid, amor y despedida, redentorismo pomposo que me dejaba frío. "¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los órdenes angélicos?", traduce Torrente Ballester, y es una buena traducción, y es una bella e innovadora estrofa. Pero Heidegger venía a decir lo mismo en lenguaje técnico, y, en este caso, el lenguaje técnico era un alivio.