Bergamín es como un Unamuno que se hubiera vuelto loco. Sigue la técnica unamuniana de darle la vuelta a todas las frases, a ver qué sale. A Unamuno siempre le salía algo, pero Bergamín lo hace de una manera mecánica y eso le quita todo interés a su ensayismo, donde se busca más la sorpresa que la verdad. "Paradojas y no silogismos", había dicho Unamuno. Pero tenían que ser las suyas. Las de Bergamín ya suenan a juguete roto.
FRANCISCO UMBRAL, Las palabras de la tribu, Planeta, Barcelona, 1994, pág. 76