Capote sobre Vidal
LAWRENCE GROBEL: ¿De modo que si usted estuviese en una fiesta y apareciese Gore, ¿se marcharía?
TRUMAN CAPOTE: No. No presto atención alguna a Gore. Para mí no significa absolutamente nada. En realidad, ni siquiera estoy enfadado con él por todo este asunto. Para mí es algo de locos, simplemente.
L.G.: ¿Le gustaría zanjar la enemistad?
T.C.: Yo nunca la he alimentado. Jamás he hecho nada para removerla. Yo soy completamente inocente en todo este asunto. Es Gore. Está obsesionado conmigo. Por poco que me importe el psicoanálisis, creo que debería ir al psicoanalista para averiguar lo que le está molestando tanto.
L.G.: ¿Cree que podría sentir cierta envidia de su trabajo?
T.C.: Claro que siente envidia. Gore nunca ha escrito nada que la gente vaya a recordar..., dentro de cincuenta años, dentro de diez, nadie recordará su última edición en libro de bolsillo. Mire, Gore nunca ha escrito una verdadera obra maestra. Y hasta J. D. Salinger ha escrito una especie de obra maestra. Flannery O'Connor escribió un par de obras maestras. Hemingway, también. Y Faulkner. Y Scott Fitzgerald. Mailer, no. Podríamos seguir y seguir, pero él no ha hecho lo único fundamental: escribir un libro inolvidable o que significase un giro decisivo en su vida o en la de cualquier otro. Sin eso, por mucho que escriba o haga lo que haga, será como Joseph Hegesheimer. ¿Recuerda usted a Joseph Hegesheimer? Hace cincuenta años Joseph Hegesheimer era cinco mil veces más famoso de lo que Gore Vidal haya soñado ser, y hoy, en este preciso momento, nadie sabe siquiera quién fue Joseph Hegesheimer. Lo único que puedo decir sobre él es que escribió un libro titulado Three Pennies. Three Black Pennies.
L.G.: Entonces, ¿Gore Vidal ocupa un puesto destacado en su lista de aversiones?
T.C.: No, no, no se lo merece.
LAWRENCE GROBEL, Conversaciones íntimas con Truman Capote, Anagrama, Barcelona, 2006, págs. 169 y 170, traducción de Benito Gómez Ibáñez.