Lamartine sobre Hugo

Según Lamartine, lo más débil de Los Miserables es lo novelesco: “Toda aquella parte novelesca que sale de acontecimientos arbitrariamente inventados por las necesidades del drama, es la parte débil de la novela. Cada vez que el autor necesita un personaje, lo llama del fondo de la nada, como en los cuentos de hadas o como en los cuentos de Voltaire, y el personaje obedece, contra toda verosimilitud, a la llamada del escritor”.

Acusa a Victor Hugo de palabrería, de hacer una “exhibición de ciencia sobre naderías”. Reconoce en Marius, joven, un autorretrato del autor y considera la descripción de los amores de Cosette y Marius “el más delicioso cuadro de amores” que Victor Hugo haya escrito. En cambio, le parece ridículo que se titule “Epopeya de la rue Saint-Denis” a “una fantasía heroica de estudiantes ociosos... que no tienen una idea definida, ni medios practicables, ni un objetivo confeso y confesable”.

Sobre esta “epopeya” añade que los rebeldes se baten por algo que nadie sabe lo que es, un enigma “que no es ni la monarquía legítima, ni la realeza de ocasión de 1830, ni la república propiamente dicha, ninguna forma definida de gobierno, sino yo no sé qué, algo que se llama a veces la democracia, a veces el ideal, en realidad la bandera roja”.

En resumen, para Lamartine Los Miserables es una historia dramática, exagerada, truculenta, llena de “quimeras” sociales y políticas, una novela que no sobreviviría si no fuera por el enorme talento verbal y la fuerza lírica de Hugo, capaces de dar un semblante verosímil a esas “irrealidades”.

De estas premisas, Lamartine concluye que esta novela es “peligrosa” para el pueblo por su “exceso de ideal”: “El libro es peligroso, porque el peligro supremo en lo relativo a la sociabilidad consiste en que si el exceso seduce al ideal, lo pervierte. Apasiona al hombre poco inteligente por lo imposible: la más terrible y la más homicida de las pasiones que se puede infundir a las masas, es la pasión de lo imposible. Porque todo es imposible en las aspiraciones de Los Miserables, y la primera de esas imposibilidades es la desaparición de todas nuestras miserias”. “Si engañáis al hombre lo enloqueceréis; y cuando, desde la locura sagrada de vuestro ideal, lo dejéis caer de nuevo en la aridez y desnudez de sus miserias, lo convertiréis en un loco furioso”.

MARIO VARGAS LLOSA, La tentación de lo imposible, Alfaguara, 2004, Madrid, págs. 213-215

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