Hemingway sobre Faulkner

En su correspondencia, Hemingway menospreciaba con frecuencia a Faulkner y a sus libros. Que Faulkner se quedara con su condado de "Octonawhoopooo" o "Anomatopoeio", o "como se llamase" (Yoknapatawpha, de hecho). Él se sentía demasiado encerrado en cualquier condado. La fábula, novela de Faulkner publicada en 1954, estaba llena de falsa religiosidad; era puro excremento humano, del que ni siquiera sirve para abono; era únicamente "mierda impura y diluida". Lo único que se necesita para escribir cada día cinco mil palabras como ésas era un litro de whisky, el pajar de un establo y un desprecio total por la sintaxis. Empezó a llamar a Faulkner "el viejo y melifluo bebedor de alcohol ilegal". Cuando se publicó una colección de los relatos de caza de Faulkner en 1955, Ernest envió un mensaje a través de Breit señalando que se habría sentido más impresionado si Faulkner hubiera cazado animales que corriesen en una y otra dirección. En su El arte del relato, de 1959, Hemingway asumió el mérito de haber promocionado la reputación de Faulkner en Europa muchos años antes, "porque entonces nunca tuvo suerte y entonces era bueno". Sin embargo, ahora era diferente. "Muy buen escritor", dijo para resumir su opinión sobre el personaje. "Ahora se engaña a sí mismo. Demasiada salsa". Faulkner había escrito "un relato realmente espléndido" titulado The Bear (El oso), que Hemingway se hubiera sentido orgulloso de escribir. "Pero no los puedes escribir todos, Jack". SCOTT DONALSON, Hemingway contra Fitzgerald, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 2002, pág. 358. Traducción de Javier Alfaya y Barbara McShane