PAULO COELHO, Paulo Coelho contra James Joyce, Estandarte, 8 de agosto de 2012 (AQUÍ)
Coelho sobre Joyce
Los novelistas actuales solo quieren impresionar a los otros escritores, y uno de los libros que hicieron ese mal a la humanidad fue Ulysses, que es solo estilo. No hay nada allí. Si diseccionas Ulysses, apenas da para un tuit. La literatura preferida de los trolls es Ulysses. Coherentes con su categoría, nunca lo leyeron, claro. Pregúnteles: ¿Monólogo final de Molly? No sé lo que es (son páginas y páginas sin puntuación).
Ussía sobre Alberti
He esperado durante todo el mes de agosto algún comentario, o reacción, o indignada sorpresa, acerca de las declaraciones al borde de la muerte del sacerdote-espía Antonio Hortelano, publicadas en la «Crónica» del «El Mundo» el pasado domingo 2 de agosto (AQUÍ). Ni mu. Le queda apenas un mes de vida, y no quiere marcharse a la otra, al Misterio, con la boca clausurada. Su mente se mantiene lúcida, intacta y rica de memorias. Tuvo contactos con El Mossad, la CIA y el KGB, entre otras organizaciones de espionaje e inteligencia. La CIA quiso contratarlo para terminar con los teólogos de la Liberación, y rechazó la oferta. Sabe que Reagan y el Papa Juan Pablo II intercambiaron informaciones, y que a ellos, fundamentalmente, se debe la caída del Muro de Berlín y la pragmática resignación de Mijail Gorbachov. Pero todo esto son cosas de espías, y no me interesan tanto. Sí, y mucho, su terrorífica alusión al poeta Rafael Alberti y su actuación en las checas de Madrid durante la República y Guerra Civil. A un mes de la muerte no se miente. Y nadie ha valorado sus durísimas palabras. «Rafael Alberti metía a los prisioneros en cabinas de teléfonos con las paredes electrificadas con alta tensión».
Alberti fue uno de los grandes de la Generación del Veintisiete, si no el más grande de todos. Un poeta formidable, luminoso, siempre brillado y brillante con el prodigio de la palabra. Pero no fue una buena persona. Como Bergamín, se puso el mono miliciano y jamás pisó el frente de guerra. Eran los señoritos del Madrid Rojo. Su poder, el de Alberti, mayor que el del pobre Bergamín, que terminó sus días de batasuno en casa de Alfonso Sastre y Genoveva Forest, casi omnímodo. El hermano de Rafael Alberti, Vicente, gran amigo de Pedro Muñoz-Seca, portuense como ellos, le rogó encarecidamente que hiciera algo para sacar a don Pedro del cautiverio de la checa de San Antón y salvar su vida. No movió ni un dedo. Vicente Alberti era el íntimo amigo del hermano de Pedro Muñoz-Seca, el doctor José Muñoz-Seca, un joven y brillante pediatra con firmes convicciones republicanas. Don Pedro era monárquico y colaborador de «ABC», además de autor teatral de indiscutible éxito. Vicente Alberti se interesó en numerosas ocasiones, acuciado por su amigo el doctor Muñoz-Seca, por el dramaturgo del Puerto de Santa María encarcelado. Se interesó ante su hermano Rafael, el gran poeta dedicado en la cómoda retaguardia de Madrid a visitar checas y prisiones. Al fin, en la primera quincena del mes de diciembre de 1936, Rafael Alberti se puso en contacto con su hermano para darle noticias de Muñoz-Seca. «Lo fusilamos en noviembre». Estuvo encantador.
Silencio, silencio y silencio. Nadie, en todo un mes, ha comentado la acusación del moribundo Antonio Hortelano. Los de la Memoria Histórica se han convertido en jirafas, todos mudos. Hortelano ultima su libro de memorias, y le exige a su agonía el tiempo necesario para terminarlo. Ha acusado a Rafael Alberti de torturador, y no parece relevante que uno de los más grandes poetas de nuestra Literatura se comportara como un canalla estalinista. Me asombran los silencios de los cacareantes por las ignominias del ayer. Ni mu.
ALFONSO USSÍA, Ni mu, La Razón, 1 de septiembre de 2009
Borges sobre Hemingway
Ernest Hemingway, cierta vez, disparatadamente, se comparó con Kipling, a quien consideraba su maestro. Fue medio compadre y terminó matándose porque se dio cuenta que no era un gran escritor. Esto lo salva en parte.
JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995
Umbral sobre Paz (4)
Era Ortega con poncho, era el poeta que había sujetado la luz de América a una piedra, era el que levantó la vanguardia política y literaria en Méjico y luego, antes o después, se vino a Europa a entremeterse entre los surrealistas, vivir dentro del Vidrio Verde de Marcel Duchamp y hacer el amor con la Muchacha desnudada por sus solteros, y a toparse luminosamente, en una escalera, con el desnudo que la bajaba, metiendo la revolución natural del Nuevo Mundo (el Nuevo Mundo es una revolución natural), como una sobredosis de futuro y grito, en el cansado corazón de Europa. Hoy, ah, tiempos, tiempos, es quien mejor alecciona en liberalismo yanqui (lea a Kenneth Lipper quien no sepa lo que es el cruento liberalismo yanqui) a los jóvenes estudiantes de las Universidades norteamericanas, que el día de mañana pueden ser niños de provecho y agentes de la CIA.Eso era y esto es Octavio Paz, estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora. Él fue nostalgia del fango, pera del olmo, mono gramático, signo en rotación, piedra de sol, surrealista natural, cuarterón de una cultura precolombina y alucinatoria que conoció bien Antonin Artaud mediante el peyote; Artaud, un verdadero rebelde / revolucionario "de la raza de los acusados", como dijera Cocteau. Paz, acusado natural por americano, ha hecho el viaje inverso: del Méjico surrealista y revolucionario a la Europa lúcida, fría y convertida en piedra, cuyo primer símbolo es la mujer de Lot, convertida en sal por curiosidad: a Europa también la ha estatuizado su larga y aguda curiosidad.
Don Octavio es hoy el anti / Artaud, el anti / peyote, el anti / tolteca, el anti / Duchamp, y ya no tiene entre nosotros una casa de Vidrio Verde ni se topa con hermosos desnudos bajando la escalera ni cuenta ya, por supuesto, entre los novios que desnudaban a la muchacha de Marcel Duchamp. Octavio Paz es un pulcro europeo apócrifo que pone el énfasis en la libertad reaganamericana, cobra en dólares una vez al año, o antes si hubiere peligro de muerte, y espera educadamente, apoyándose en un pie o en el otro, en la larga cola del Nobel. A otros grandes americanos les ha pasado. La sombra gótica y ominosa de Wall Street se proyecta demasiado fuerte y cercana sobre el sol manuscrito de Méjico. Incluso los maestros de Paz (que no le citan nunca, por cierto), como André Breton, acabaron / acabó cantando a la hermosa juventud americana que iba a la guerra, en los campus yanquis, porque el surrealismo no da para vivir y la vida, ay, dura más que la biografia. Pero, en cualquier caso, uno diría que Paz no tiene derecho a seguir invocando a los jóvenes dioses revolucionarios (frente al Imperio español) de su viejo Méjico, ni a los viejos maestros surrealistas de su joven Europa de los 20. Paz es hoy su Sor Juana Inés de la Cruz, una monja aristócrata, lúcida y lesbiana, un travestí a lo divino, como se llevaban entonces, un alguien que se ha metido en la clausura del liberalismo por no comprometerse con el siglo ni consigo mismo.
Así se le van cayendo a uno los viejos y jóvenes maestros, cuando los tiempos son de calma y el tráfico de influencias intelectuales corre de Este a Oeste, por no hablar del diálogo Norte / Sur, que a Paz, hoy, le da como un cierto asco. El sabe, por americano y por lúcido, lo que el liberalismo atómico de los yanquis está haciendo con su sub / América, y este es el discurso más urgente que reclama la prosa de Paz. Pero él sigue aplazándolo en virtud de sutiles matizaciones sobre el nombre de la rosa de piedra azteca. Noble melena de una sola onda, corbata discreta, sutil deflagración interior de un rostro que fuera pétreo y tan americano. Paz: un instalado.
FRANCISCO UMBRAL, Paz, El País, 22 de mayo de 1988 (AQUÍ)
Umbral sobre Vargas Llosa (2)
No vamos a caer ahora en historicismo, pero la Historia, por azarosa, juega a veces a la simetría: si a García Márquez le dieron el Nobel, a Vargas Llosa sólo se le puede compensar mediante la presidencia de su país. Suele entenderse que el escritor que se mete en política (como protagonista, no como testigo que etimológicamente es igual que mártir) se acaba como escritor. La sentencia me parece ruda y simple. Uno diría más bien que no es la política la que agota al escritor, sino que el escritor que se siente agotado se mete en política: se reafirma en otro terreno. La primera función de MVLL, La señorita de Tacna, era un engendro poslorquiano que sólo se redimía por los glúteos líricos y alvariños de Rosalía Dans. En cuanto a la segunda función de MVLL, remito al lector a nuestro crítico teatral de este periódico, maestro Haro Tecglen. Y, en cuanto a La guerra del fin del mundo, digo por mí mismo que es una mala versión realista y negativamente infinita de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, del gran cine brasileño. Y en cuanto a El hablador, vuelvo a remitir, al desocupado lector, a los jóvenes y cruentos críticos de este papel. Un gran escritor, en fin, emulsionado por la política, el poder o la ambición.
Hasta Madariaga, aquel retablo, advierte al escritor en general de los peligros de la política, aunque él cayera en todos. Vargas Llosa, Mario para los amigos, entre quienes no tengo el honor de contarme (no me fascinan los hombres morenos), empezó, como todo el boom, potenciado por la Historia y las historias, personalidad, vida y milagros de Fidel Castro, y ahora está en liberal proamericano. De la literatura española sólo le interesa Corín Tellado, y en su estudio sobre García Márquez sólo le encuentra al colombiano influencias nordeuropeas, ni una sola de España, en una obra escrita en español, y siendo tan visibles en GGM, Valle-Inclán y Gómez de la Serna. MVLL vivía en Barcelona, cuando entonces, porque Madrid era fascista. Tiempos, tiempos.
FRANCISCO UMBRAL, Mario, El País, 10 de abril de 1988. Todo el artículo AQUÍ
Tocqueville sobre Lamartine
No sé si he encontrado, en este mundo de ambiciones egoístas en cuyo seno he vivido, un espíritu más vacío que el suyo de pensamiento sobre el bien público. En ese medio he visto a una multitud de hombres trastornar al país para engrandecerse: es la perversidad corriente; pero él es el único, creo, que siempre me ha parecido dispuesto a desquiciar al mundo para distraerse.
Tampoco he conocido un espíritu menos sincero ni que mostrara por la verdad un desprecio tan grande. Cuando he dicho que la despreciaba me equivoco; no la honraba lo bastante para ocuparse de ella en manera alguna. Al hablar o escribir, se sale de la verdad o vuelve a entrar en ella sin el menor cuidado: le preocupa únicamente un determinado efecto que quiere producir en ese momento...
ALEXIS DE TOCQUEVILLE, Recuerdos, recogido por Michel Houellebecq en El mapa y el territorio, Anagrama, Barcelona, 2011, pág. 228, traducción de Jaime Zulaika.
Pla sobre Píndaro
Píndaro ha dejado cuarenta y cinco Odas Triunfales –que han sido clasificadas en Olímpicas, Píticas, Nemeas e Ístmicas– y algunos fragmentos. Se le considera un gran lírico. Es uno de los poetas más absoluta y decididamente aburridos de la literatura griega. A mí, al menos, se me cae de las manos. No lo puedo remediar. Pero está claro: yo no soy triunfalista. Exaltó, empleando los tópicos más gastados de la mitología y algunos episodios rutilantes –y siempre cobrando, según el testimonio de los coetáneos–, las brutalidades de los primarios de las olimpiadas. Homosexual desenfrenado, se emocionó a veces ante la fugacidad de la belleza adolescente. Viejísimo ya, escribió todavía una pequeña oda a un amiguito. Esto le salvó de la parafernalia plúmbea y deportiva. Yo daría la práctica totalidad de su obra por estos dos versos de la Tercera Pítica:
No creas, alma mía, en la vida eterna;
trata de agotar el campo de lo posible.
JOSEP PLA, Dietarios II: Notas para Silvia, Espasa Calpe, Madrid, 2002, págs. 199 y 200, traducción de Xavier Pericay
Vargas Llosa sobre Ribeyro
En los días de la estatización de la banca, la prensa aprista difundió, con mucho bombo, unas declaraciones furibundas de Julio Ramón Ribeyro, desde París, acusándome de identificarme «objetivamente con los sectores conservadores del Perú» y oponerme «a la irrupción irresistible de las clases populares». Ribeyro, escritor muy decoroso, hasta entonces amigo mío, había sido nombrado diplomático ante la Unesco por la dictadura de Velasco y fue mantenido en el puesto por todos los gobiernos sucesivos, dictaduras o democracias, a los que sirvió con docilidad, imparcialidad y discreción. Poco después, José Rosas-Ribeyro, un ultraizquierdista peruano de Francia, lo describía, en un artículo de Cambio, trotando por París con otros funcionarios del gobierno aprista en busca de firmas para un manifiesto en favor de Alan García y de la estatización de la banca que firmaron un grupo de «intelectuales peruanos» establecidos allí. ¿Qué había tornado al apolítico y escéptico Ribeyro en un intempestivo militante socialista? ¿Una conversión ideológica? El instinto de supervivencia diplomática. Así me lo hizo saber él mismo, en un mensaje que me envió en esos mismos días [y que a mí me hizo peor efecto que sus declaraciones], con su editora y amiga mía Patricia Pinilla: «Dile a Mario que no haga caso a las cosas que declaro contra él, pues sólo son coyunturales.»
MARIO VARGAS LLOSA, El pez en el agua, Alfaguara, Madrid, 2005, págs. 344 y 345.
Borges sobre Ortega
ANTONIO CARRIZO: En usted pareciera que lo que influye mucho es el estilo literario de Ortega.
JORGE LUIS BORGES: El estilo es espantoso, ¿eh?
ANTONIO CARRIZO: ¿Qué piensa usted de la inteligencia o de la capacidad de análisis de Ortega?
JORGE LUIS BORGES: Que era muy grande.
ANTONIO CARRIZO: Lo separa del estilo literario.
JORGE LUIS BORGES: Yo creo que sí. Él hubiera debido, digamos, alquilar un escritor. Para que escribiera por él; porque él no sabía hacerlo. Qué raro que siendo tan inteligente no se dio cuenta de eso. Insistía en escribir él directamente.
JORGE LUIS BORGES, Borges el memorioso: conversaciones de Jorge Luis Borges con Antonio Carrizo, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, 313 págs.
Javier Marías sobre Cela
Recuerdo que cuando José Luis Garci obtuvo el Oscar, un periódico nacional minimizó el hecho o incluso lo criticó. Estaba en su derecho, ya que ese diario no hace profesión de españolismo a ultranza ni cae de hinojos cada vez que un compatriota triunfa en el extranjero en cualquier campo, sino que tiende a ponderar la posible justicia y merecimiento de ese triunfo, independientemente de su nacionalidad. Y yo mismo, cuando nuestro actual premio Nobel recibió el premio Nobel que lo ha convertido en premio Nobel, declaré que me parecía la peor noticia posible para la literatura española, ya que suponía la entronización anacrónica de la novela más folklórica, castiza y rancia, contra cuya dictadura los escritores más jóvenes veníamos luchando hacía tiempo. El señor Premio no ha perdonado la osadía de esos novelistas jóvenes que ya no lo somos, necesitado como parece el buen hombre de perpetua unanimidad en la adulación, lo cual hace pensar que tampoco anda muy seguro de su valor. Pero yo no soy nada patriotero, ni siquiera patriótico, y me trae sin cuidado que quien gane algo sea español si a mí me parece una patata el sujeto en cuestión.
JAVIER MARÍAS, Protoespañoles y antiespañoles, El Semanal, 4 de agosto de 1996, recogido en Mano de sombra, Alfaguara, Madrid, 1997.
González-Ruano sobre Kafka
Anoche estuve releyendo los "Diarios" de Kafka. Muy poco sinceros, escasamente interesantes. Me parece un truco eso de que dejó dicho que se quemaran a su muerte. ¿Por qué no los quemó él? Demasiada literatura convencional. Demasiado intimismo recompuesto. Demasiada simulación judía.
CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO, Diario íntimo, Visor Libros, Madrid, 2004, pág. 808.
Sánchez Dragó sobre Grass
Soy un aguafiestas, pero qué le voy a hacer si Günter Grass no me gusta ni como escritor ni como persona...
Como escritor, me aburre. Como persona, me indigna que descargue la responsabilidad del nazismo sobre las espaldas inocentes de los alemanes que aún no habían nacido cuando Hitler cometió sus fechorías. La responsabilidad y culpabilidad no se transmiten por vía genética ni cromosomática. Señor Grass: peche usted, si así lo estima oportuno, con el remordimiento de su propia conciencia, pero no desvíe el peso de su pasado hacia los demás.
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ, Sentado alegre en la popa, Planeta, Barcelona, 2004, págs. 299 y 300.
Cioran sobre Nietzsche
A un estudiante que quería saber qué pensaba del autor de Zaratustra, le dije que había dejado de leerlo desde hacía tiempo. ¿Por qué?, me preguntó. Porque lo encuentro demasiado ingenuo...
Le reprocho sus arrebatos y hasta sus fervores. Demolió ídolos para reemplazarlos por otros. Un falso iconoclasta con visos de adolescente, y no sé qué virginidad, qué inocencia inherentes a su carrera de solitario. Sólo observó a los hombres desde lejos. Si los hubiese visto de cerca, nunca habría podido concebir ni ponderar al superhombre, visión extravagante, sino grotesca, quimera o antojo que sólo podía surgir en la mente de quien no tuvo tiempo de envejecer, de conocer el desasimiento, el largo hastío sereno.
Mucho más cercano encuentro a un Marco Aurelio. No vacilo entre el lirismo del frenesí y la prosa de la aceptación: encuentro mucho más consuelo, e incluso más esperanza, en un emperador fatigado que en un profeta fulgurante.
EMILE CIORAN, Del inconveniente de haber nacido, Taurus, Madrid, 1998, traducción de Esther Seligson.
Hierro sobre Parra
Por otra parte, el poeta José Hierro (Madrid, 1922) fue también galardonado ayer con el Premio Ojo Crítico especial a toda una vida. El jurado -formado por Eduardo Arroyo, Antón García Abril, Joaquín Benito de Lucas, Gonzalo Suárez, Javier González Ferrari, María Jesús Chao y Paz Ramos- estimó que la escritura de Hierro resume las principales etapas de la poesía española del siglo XX. Hierro declaró a Europa Press sobre el premio a Nicanor Parra que admira su integridad pero que sus antipoemas le gustan 'muy poco'. 'Eso de hacer poesía que no parezca poética no lo entiendo', dijo Hierro.
AGENCIA EFE, Nicanor Parra obtiene el X Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, El País, 12 de junio de 2001. Toda la noticia AQUÍ
Umbral sobre Sampedro
Don José Luis Sampedro, segundo por la izquierda, es un economista superado y un escritor aficionado. Es, ante todo, un hombre que tiene un problema con su barba: dejársela o no dejársela. Las crisis de barba son siempre crisis de personalidad. El que se la deja y no se la deja, el que se la pone y se la quita, como si fuera postiza, es que no está contento consigo mismo. En la foto, Sampedro aparece rasurado. Pero ha tenido épocas de larga barba ojival que, pese a sus esfuerzos, no conseguía recordar a Valle-Inclán: era como un fax de Valle, con un brazo de más y sin sentido en la prosa, o con una prosa sin sentido. Me ganó ampliamente el cuponazo de la Academia porque era el candidato de la Moncloa.
FRANCISCO UMBRAL, Crónica de esa guapa gente, Planeta, Barcelona, 1991, págs. 93 y 95.
Fernando Vallejo sobre los seis escritores colombianos que incumplieron su promesa de no volver a España mientras se exigiera visa a sus compatriotas
BERNARDO MARÍN: Usted y otros intelectuales firmaron una carta en la que se negaban a volver a España mientras se exigiera visa a sus compatriotas. Usted ha sido el único que se ha mantenido firme. ¿Se arrepiente de haberla firmado? ¿Reprocha algo a sus colegas?
FERNANDO VALLEJO: La carta a que aludes se publicó en EL PAÍS (AQUÍ) y la firmamos Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Darío Jaramillo, William Ospina, Héctor Abad y yo. Siete. De los cuales sólo yo mantuve la palabra empeñada. Los restantes la fueron violando uno a uno. Primero Mutis: a los pocos meses de que nos pusieran la visa, con la mayor desvergüenza fue a sacar el visado a la Embajada española en México y acto seguido viajó a España a embolsarse los cien mil dólares del premio Cervantes que le acababan de otorgar. Luego Darío Jaramillo, aduciendo que él no podía luchar solo contra toda la Unión Europea. ¿Y cuando firmó la carta sí podía, o es que entretanto se le estaban agotando las fuerzas al paladín? Después volvió Botero furtiva y miserablemente como un delincuente, a lo más vil, a una corrida de toros. Que a Colombia la defiendan los taurófilos es como que la defiendan los paramilitares, los de las FARC, los políticos, Juan Manuel Santos y demás hampones. Después volvió García Márquez con la mayor desfachatez, sin aludir siquiera al asunto. Se publicó entonces una foto suya en Barcelona con el presidente de la Generalitat catalana. ¡Se le había olvidado su promesa! Como antes se le había olvidado también la que hizo de no volver a escribir mientras estuviera en el poder Augusto Pinochet. Diecisiete años estuvo el golpista montado ahí, durante los cuales mi paisano siguió escribiendo libros como si tal. Y sigamos con la lista: volvió mi amigo William Ospina, gran escritor y hombre de alma grande a quien le perdono, y finalmente el que redactó la carta, de nombre Héctor Abad. Cuando Mutis volvió a España por la platica del Cervantes, Héctor escribió un artículo indignado en una revista colombiana diciendo que Mutis violaba su palabra con la tinta de su firma todavía fresca. Recientemente Héctor acabó también violando su palabra y aduciendo, ahora en un artículo de El Espectador de Bogotá, que no podía vivir sin España, donde estudiaban sus hijos. La tinta de su firma ya no estaba fresca como la de Mutis, pero en fin, tinta es tinta, seca o no, y el honor es el honor. ¡Pobre Colombia con estos defensores que le resultan cada tanto! En cuanto a mí, nunca la he defendido. No hago sino sacarle sus trapitos sucios, sus infamias, a la luz del sol.
BERNARDO MARÍN: Si finalmente se deja de exigir la visa a los colombianos. ¿Volverá a España?
FERNANDO VALLEJO: Yo a España ya no la quiero, y estoy feliz de verla quebrada, en bancarrota, con una deuda impagable de casi dos billones de dólares y un desempleo monstruoso. ¡Lo altaneros que estaban, gastándose la plata ajena! Se aprovecharon de lo lindo de la Unión Europea mientras nos cerraban la puerta a los colombianos. ¡Cuál madre patria! Ésa no es una patria. Ni para los españoles ni mucho menos para los colombianos. Bienvenidos euracas a Perú y Colombia. Pero no de gerentes de bancos: a lavar inodoros.
FERNANDO VALLEJO: “Yo a España ya no la quiero”, entrevista de Bernardo Marín para El País, 18 de agosto de 2013. Toda la entrevista AQUÍ.
De Rokha sobre Parra
Cuando Mario Ferrero concluyó el manuscrito de su ensayo Claves del estilo de Pablo de Rokha, en 1956, que dio origen al libro Pablo de Rokha, guerrillero de la poesía, le pasó el original al poeta para que le hiciera sus comentarios. Sin embargo, el texto ya estaba en imprenta, y las acotaciones no fueron incluidas.
Con una caligrafía grande, de trazos irregulares, que encabezaba: "amigo Don Ferreiro" (sic), Pablo de Rokha fue anotando sus observaciones. Gracias a ello se pueden leer los siguientes párrafos inéditos:
...Vallejo, gran poeta frustrado, se frustró precisamente porque se quedó "fuera de texto"; en toda su obra no creó un estilo latino-americano; no creó, no inventó, no reformó el estilo latino-americano; no fue un revolucionario del estilo, fue un reformista del estilo, y un reformista genial y frustrado del estilo, no alcanzó a identificar estilo con estilo. Neruda, su discípulo o plagiario es, apenas, una gran mierda que se debate en un pantano formal sin sentido; Huidobro dio bastante en el clavo pero como fue un poeta cosmopolita y no un poeta internacional, perdió los estribos y más que un poeta cosmopolita fue un gran snob cosmopolita; la Gabriela no va a alcanzar diez años de inmortalidad: tuvo partida de caballo y parada de burro.
...Compruébelo, amigo don Ferreiro. El continente americano ha producido dos estilos en la literatura: el de Walt Whitmn y el mío. Pero Walt Whitman recuerda, no imita el versículo de la Biblia y el gran barroco monumental mío no recuerda a nadie.
Las anotaciones de Pablo de Rokha repletan el manuscrito de Ferrero. En otro de sus capítulos, relativo a los estilos de algunos poetas chilenos, incorpora a Nicanor Parra. Allí, Pablo de Rokha acota de su puño y letra:
Amigo Ferrero: ¿Es posible referirse a Nicanor Parra, incluyéndolo entre los poetas? Yo estimo que no es posible. A mí me parece un mistificador idiota, absolutamente idiota y perverso.
FARIDE ZERÁN, La guerrilla literaria: Pablo de Rokha, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Random House Mondadori, DeBolsillo, Barcelona, 2011.
Che Guevara sobre Virgilio Piñera
Che Guevara está allí, de vuelta de un largo viaje a la URSS y Jean Daniel tiene la idea de un magnífico scoop: entrevistarle para L`Express sobre esta nueva y sin duda instructiva experiencia. Telefoneas al embajador "Papito Serguera" y os cita en la embajada la noche misma. Acudirás con puntualidad escarmentada, pero os hará esperar a su vez en una sala de muebles modestos y en una cuya mesa central, de patas bajas, rodeada de un sofá y dos butacas, destaca señera la edición barata de un libro: un volumen de obras teatrales de Virgilio Piñera. Apenas el Che y Serguera aparecen, antes de saludaros y acomodarse en el sofá, aquél repetirá tu ademán de coger el libro y, al punto, el ejemplar del desdichado Virgilio volará por los aires al otro extremo del salón, simultáneamente a la pregunta perentoria, ofuscada dirigida a los allí reunidos: ¿Quién coño lee aquí a ese maricón?
JUAN GOYTISOLO, En los reinos de Taifa, Seix Barral, Barcelona, 1986.
Azancot sobre Cela
Cela es un escritor de segunda o tercera categoría que ha conseguido un status que no merecía aprovechando las anómalas circunstancias políticas y culturales del país con una habilidad envidiable: totalmente desprovisto de ideas, de dotes novelísticas o cuentísticas, de capacidad para bucear en las profundidades del ser humano, se ha contentado en concentrar su actividad en los subalternos primores estilísticos.
LEOPOLDO AZANCOT, recogido por IAN GIBSON en Cela, el hombre que quiso ganar, Santillana, Madrid, 2003.
Gore Vidal sobre Truman Capote y viceversa
Estaba cantado que llegarían a chocar, y así sucedió, probablemente a comienzos de 1948, en el apartamento de Tennessee Williams. “Empezaron a criticarse mutuamente su trabajo”, diría Williams. “Gore dijo que Truman sacaba todos sus argumentos de Carson McCullers y de Eudora Welty. Y Truman repuso: “Pues puede que tú saques los tuyos del Daily News.” Y así empezó un enfrentamiento que nunca lograron superar. Truman no recordaba cómo iniciaron la discusión, pero sí que “fue muy, muy desagradable, fuese lo que fuera, y desde entonces Gore y yo no volvimos a ser amigos. Tennessee se limitó a sentarse de nuevo con una risa sofocada”.
Desde entonces, Truman y Gore mantuvieron un guerra declarada, y sus mutuos amigos no tardaron en entretenerse comentando los últimos partes de guerra. Cuando uno de ellos era elogiado por haber logrado tanto en tan poco tiempo, el otro (cuya identidad varía según quién cuente la historia) explotaba furioso: “Tendrá veintidós pero es como si tuviera un día” (un comentario que se hizo famoso por lo bobo). “La primera vez que vi a Gore le comenté el gran talento que tenía Truman”, contaba Glenwy Wescott, un escritor ya mayor que pretendía ser neutral. “¿Cómo puede decir que tiene talento alguien que a los veintitrés años sólo ha escrito un libro? Yo he escrito tres y sólo tengo veintidós.” E igualmente furioso se ponía Truman cuando oía citar el nombre de Gore. Pataleaba como Rumpelstilskin. “¡No tiene talento!”, exclamaba. “¡Nada, nada, nada!”.
Por más que la fomentase (“¿Has oído lo que ha hecho Gore ahora?”, le diría indignado a Phoebe Pierce), su enemistad tenía más de juego que de verdadera guerra para Truman, y para quienes conocían a ambos parecía claro que Truman se preocupaba menos de Gore que éste de él. Salvo para Gore, la razón era obvia para todo el mundo: Truman había vencido: el título de joven prodigio vigente en el mundo literario era suyo. Pese a su juventud era un escritor maduro con una voz peculiar y segura. Gore, a pesar de ser prolífico, aún estaba porfiando por lograr tanto un estilo como un tema y eran pocos los que se tomaban su obra realmente en serio. En privado, T. Williams lamentaba que la tercera novela de Gore The City and the Pillar, que alcanzó una cierta notoriedad por tratar el tema de la homosexualidad, no tuviera “ni una sola línea notable”, y Anaïs Nin, a quien Gore se sentía muy ligado, consideraba que su obra no tenía vida. “Hay acción, pero no hay sentimiento”, escribió ella en su diario. Los relatos de Truman, en cambio, la “hechizaron” y decía admirar “su capacidad de ensoñación, la sutileza de su estilo, su imaginación. Y, por encima de todo, su sensibilidad”.
Estas impresiones, que resonaban por dondequiera que fuese, conseguían que Gore se sintiera amargamente zaherido y no podía digerir la imagen de aquella menuda figura, puesta en un pedestal que consideraba suyo por propio derecho.
Durante su viaje a Europa con Tennessee en 1948 se pasó casi todo el tiempo hablando de Truman. “Está envenenado por ese horroroso espíritu competitivo y parece estar continuamente agobiado por los éxitos o los logros de otros escritores como Truman Capote”, le escribió Tennessee a un amigo. “Está sin duda obsesionado con el pobrecito Truman Capote. Es como si fuera desesperadamente en pos de un premio fabuloso.”
GERALD CLARKE, Truman Capote, Ediciones B, 2006, Barcelona, traducción de Víctor Pozanco, págs. 152 y 153.
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