Jiménez Losantos sobre Alberti

Aparte del gran poeta -breve y verdaderamente grande-, hay otro Alberti: el que ha sido hasta el final uno de los más abyectos propagandistas del totalitarismo comunista. En el Madrid de Koltsov y en el Budapest de Erno Gëro; en el Moscú de Stalin y del que viniese; antes y después de la caída del Muro. Su figura, como las de Aragón o Neruda, pertenece a los Coros y Danzas del Gulag. No sólo fueron babeantes juglares del mayor asesino de todos los tiempos. Lo peor es que nunca tuvieron la tentación o la necesidad de arrepentirse. Que el ahora recordado Batallón del Talento de Alberti y María Teresa León, o sea, los propagandistas del Quinto Regimiento del PCE, trajinaran en la checa de Bellas Artes, o que su columna A paseo en el incauto ABC figure entre las más repugnantes delaciones y apelaciones al asesinato publicadas en la Guerra es terrorífico. Pero es que peor que hasta su muerte Alberti hiciera la égloga del paredón, siempre que fuera rojo; es que un exiliado político aceptase complacido las condecoraciones de dictadores como Fidel Castro, que ha mandado al paredón, la cárcel o el exilio a tantos poetas. No se trata de quitar valor a su literatura por su posición política. Eso queda para la izquierda. Pero tampoco es admisible que Alberti quede como modelo de ciudadanía. Ser mejor poeta es difícil. Mejor ciudadano, cualquiera.


FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS, El otro Alberti, El Mundo, 8 de noviembre de 1999.