Carlos Barral, por ejemplo, no era un poeta... Barral estaba en el mundo editorial, era un hombre inteligente, pero quería ser precisamente lo que no podía; y no digamos Gil de Biedma: Gil de Biedma era inteligentísimo, hizo ensayos espléndidos sobre Eliot, y, sin embargo, dudo mucho que tenga un gran tamaño como poeta.
(...) Primero habrá que ver si existe la tal escuela de Barcelona, porque la tal Escuela no es ni más ni menos que unos muchachos que «chuparon rueda» de Ferrater. Unos muchachos, todo hay que decirlo, entre los cuales Gil de Biedma es un hombre que brilla, un personaje muy atractivo (más personaje que obra, claro) que ha hecho piezas muy inteligentes (que yo dudo que sean poemas de raza); y luego vienen otros, como Carlos Barral y José Agustín Goytisolo (el malogrado Costafreda quizá fuera el más poeta de todos ellos), que son flojos; lo cual no impide que sean hombres de familias importantes y tengan buena cabeza..., pero estamos hablando de una cosa muy específica: se tienen o no se tienen las cuerdas que dan ese sonido.
ANTONIO GAMONEDA, entrevistado por JOSÉ MANUEL LÓPEZ DE AVIADA, Analecta Malacitana, Nº 15, 30 de agosto de 1990.