Neruda menciona en sus memorias que tanto él como Lorca tenían sus detractores en Buenos Aires, si bien no facilita nombres. Uno de ellos era el escritor Arturo Cambours Ocampo, que más adelante manifestaría la gran decepción que le había suscitado el famoso autor del Romancero Gitano y deBodas de sangre, obras que admiraba. Aquel día Lorca había hablado de sí mismo sin parar, como si la poesía española empezara y se acabara con él, y el teatro español también; y decía que Yerma (aún sin terminar) significaba el redescubrimiento de la tragedia griega. "No habíamos visto nunca tanta pedantería y soberbia; tanta inmodestia y vanidad juntas -escribe Cambours-. Estábamos frente a un estúpido engreído; frente a un gordito petulante y charlatán".
.
.
IAN GIBSON, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (II), Ediciones Folio, Barcelona, 2003, pág. 472
.