Coetzee sobre Vargas Llosa
Si el Estado en situación desesperada sufre de paranoia, ¿no corre el escritor, en su papel de héroe de la resistencia que atiende implacablemente a la voz de su genio interior, un riesgo psíquico análogo? Considérese la siguiente muestra de arrogancia de Mario Vargas Llosa:
La insumisión congénita de la literatura es mucho más amplia de lo que creen quienes la consideran un simple instrumento para oponerse a gobiernos y estructuras sociales dominantes: ataca por igual a todo lo que significa dogma y exclusivismo lógico en la interpretación de la vida, es decir, tanto a la ortodoxia como a las heterodoxias ideológicas. Dicho de otro modo, es una contradicción viviente, sistemática e inevitable de todo lo que existe.
Me tomo la libertad de interpretar que esta declaración, que aparentemente se hace en nombre de la literatura, en realidad se hace en nombre de los escritores como grupo profesional e incluso vocacional, y tanto contra el burócrata-censor a sueldo del tirano como contra el enemigo del tirano, en este caso las maquinaciones revolucionarias para alistar al escritor en el gran ejército de la revolución. En su actitud hacia el escritor, dice Vargas Llosa, el tirano y el revolucionario son más parecidos que distintos. La oposición entre ambos es, desde el punto de vista del escritor, espuria, ilusoria o ambas cosas a la vez. La oposición del escritor, la única oposición, significa una “contradicción... sistemática” respecto a ellos y sus pretensiones totalizadoras.
La maniobra ejecutada en este texto por Vargas Llosa –a saber, desplazar su propia oposición a un terreno lógico situado un nivel por encima de la batalla política a ras de suelo– supone que el escritor ocupa una posición que simultáneamente se mantiene fuera de la política, rivaliza con la política y domina la política. Por su soberbia, esta pretensión resulta considerablemente marlowiana; por más que sea de manera involuntaria, sugiere que el riesgo que corre el escritor como héroe es el riesgo de la megalomanía.
J.M. COETZEE, Contra la censura, Debate, Barcelona, 2007, traducción de Ricard Martínez i Muntada, págs. 67 y 68