Crespo sobre Otero

Leo en el periódico que ha muerto Blas de Otero. El País se lamenta de que viviese olvidado y de que las nuevas generaciones no le hiciesen caso. Simplemente, le han pagado con la misma moneda que él solía prodigar entre los demás poetas: jamás se ocupó de nada ni de nadie, sino de sí mismo. Hizo una poesía generalmente mala, mal disfrazada de buena. Por ello es justo que el mismo periódico le compare con Cela y con Ridruejo.

Se puede hacer poesía yendo de la piedra al ángel y del ángel a la piedra, pero no quedarse siempre en el aire, como él hacía. Su marxismo es de la misma calidad irreal que su primer misticismo: carece de naturaleza, gente, agua, olores, sabores. Fue uno de los responsables de que los peores poetas españoles hayan sido los más encumbrados, y precisamente durante un régimen como el que tuvimos la desgracia de vivir cuando él se hizo famoso y se volvió de espaldas a los demás.

ÁNGEL CRESPO, Los trabajos del espíritu, Seix Barral, Barcelona, 1999, págs. 269 y 270.