Se puede hacer poesía yendo de la piedra al ángel y del ángel a la piedra, pero no quedarse siempre en el aire, como él hacía. Su marxismo es de la misma calidad irreal que su primer misticismo: carece de naturaleza, gente, agua, olores, sabores. Fue uno de los responsables de que los peores poetas españoles hayan sido los más encumbrados, y precisamente durante un régimen como el que tuvimos la desgracia de vivir cuando él se hizo famoso y se volvió de espaldas a los demás.
ÁNGEL CRESPO, Los trabajos del espíritu, Seix Barral, Barcelona, 1999, págs. 269 y 270.