Llamazares sobre Cela

Me preocupa más bien poco que el autor de La colmena me lea o no me lea. Uno no debe aspirar a tener más lectores que los que le corresponden por su sensibilidad y su inteligencia, y tengo la sospecha de que don Camilo y yo compartimos muy pocos intereses estéticos. Y por lo que respecta a lo de quedar o no, tampoco me preocupan demasiado sus creencias porque, entre otras cosas, y al contrario que él seguramente, uno no escribe para quedar, sino para soportar el tiempo. Y, por supuesto, lo que menos me preocupa son sus moralizaciones sobre la dignidad y la ética. La dignidad, como las procesiones -salvo las de Manila, claro-, es algo que va por dentro y que sólo cada uno de nosotros sabemos con certeza si tenemos. Y, en cualquier caso, no creo que sea el más indicado para denunciar en el ojo ajeno la paja de una ayuda o de una beca quien arrastra sobre el propio vigas tan onerosas como las de haber sido censor -de segunda o tercera categoría, pero censor-, escritor por encargo y a sueldo -para un dictador latinoamericano, por más señas- y, como fehacientemente nos demuestra el profesor Rodríguez Puértolas en su trabajo sobre la literatura fascista en España, aspirante a confidente de la policía franquista.

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JULIO LLAMAZARES, El Arzobispo de Manila, El País, 14 de noviembre de 1989. Todo el artículo AQUÍ.